jueves, 21 de marzo de 2013

Estación de Nieblas

La Estación de Nieblas
La Estación de Nieblas no es otra que una visión menos "terrorífica" del Infierno.
Estamos acostumbrados a que el Infierno se nos plantea como un lugar horerendo, con ríos de sangre y miles de almas turturadas eternamente. La estación de nieblas es lo mismo, obvio, pero con un sentido diferente. Las cosas tienen un "porque", no son "sólo proque sí". Sigue siendo gobernada por un rey, que antes fue ángel, como la mayoría sabemos o leemos, más bien. Lucifer, la Estrella Matutina, sigue al "mando" del infierno. Pero es un Lucifer mucho más locuaz y pensativo, reflexivo y que constantemente se cuestiona su propio "trabajo". No es un demonio común y corriente, de esos ya abundan en su reino por miles. Es el Señor de su Reino, y lo es no por ser el ex líder de una revolución celestial, sino porque se ha ganado el derecho de ser el amo de tantos seres y criaturas.
Al menos esto es lo que nos plantea el creador Neil Gaiman, dentro de lo que sería el arco argumental Estación de Nieblas, dentro de la aclamada y excelente serie de cómics The Sandman, a la cual ya me he referido en otras ocaciones aunque no de una manera completa como espero hacerlo un día.
Lucifer a éstas alturas de la serie ya se comporta en aquella manera particular en que lo describe Gaiman, un ser inteligente, con carácter, y con ideas y cuestionamientos sobre el universo, Dios y si mismo, y su misión y lo vivido cuando fue ángel. Tuvo un encuentro con Morpheus en los primeros números de la serie, en un enfrentamiento épico tipo "juego de rol", donde salió mal parado, y terminó siendo humillado por Morpheus en su propio reino, algo que hizo que pensara aún más sobre si mismo y el mundo a su cargo.
Por acontecimientos del arco argumental, el Infierno pasa a manos de Dios, pero obviamente nod e forma directa, sino que es regido por dos ángeles bajo las órdenes directas del creador. La Estación de Nieblas se convierte en un lugar de redención, no en una tortura barata y sin sentido, ya no se acastiga sólo porque sí, porque hay que hacerlo, sino porque de debe conseguir mejorar a las almas tortuiradas, para que sean mejore "personas". Esto obviamente no le causa ninguna gracia a las almas allí presentes, ya que consideran que ésta visión más "civilizada" del Infierno no les sirve, no es lo que buscaban, ni lo que esperaban, ni mucho menos lo que debía ser, un lugar de castigo para los que hacían el mal, en aquella idea absurda de que si haces mal debes ser castigado por ello en el infierno, como justificando todo con eso.
Y el Diablo, qué decía de ello? Nada, poco le importaba. Prefería estar en una playa australiana contemplando la puesta de sol, o en un bar tocando el piano.
Antes de todo aquello, cuando Morpheus se preparaba para ir al Infierno (algo a lo que me referí en otra entrada hace poco), debe organizar algunas cosas en su propio reino, especialmente si aquel encuentro con Lucifer terminaba de mala manera, algo absolutamente esperable dado el último encuentro. Uno de aquellos preparativos, fue visitar a un amigo (uno de los pocos que se permitía), Hob Gadling, a quien le llevó de regalo una botella de vino de más de 100 años, y con la cual hicieron un brindos.
Un brindis interesantísimo, que siempre me ha gustado, y que lo transcribo acá, para que tomen el peso de lo que dice, y lo que dice entre líneas. Y para aquellos quienes leyeron la serie, sabrán muy bien qué significa.
Les dejo el brindis, apréndanselo, medítenlo, y pónganlo en práctica.

"Por los amigos ausentes,
los amores perdidos,
los viejos dioses
y la Estación de Nieblas.
Y porque cada uno de nosotros
de al Diablo su merecido..."


REK.

martes, 19 de marzo de 2013

La Cinta Negra

La Historia de la Cinta Negra se remonta a muchos, muchos años atrás. Años que a veces recuerdo más de lo que quisiera, especialmente en éstas páginas.
Después de sucesos que ya he comentado y descrito, y que demarcaron el futuro, un futuro por aquel momento incierto, decidí llevar una especie de "luto" por lo ocurrido, algo que me dijera a mi mismo lo que había pasado, y por qué había pasado. Y también, por qué no, para que el resto lo notara, aún sin saber detalles.
Qué podía ser? Ropa negra? Por lo general ya usaba, aunque no tanto como hoy. Gorro negro? También ya usaba por esos tiempos. Entonces qué? Debía ser algún tipo de símbolo, algo que no se notara tanto, pero que se viera; algo que no llamara demasiado la atención, pero que se supiera que existía. En casa busqué qué podría servirme, y después de mucho rastrojar, por diferentes partes y en diferentes cosas, al fin lo encontré. Una cinta de terciopelo negro, que mi mamá usaba para sus cosas de costura y esas vainas. La miré y sonreí, pensando que aquello era justamente lo que buscaba, e incluso cómo iba a usarla. Corté lo que pensé iba a necesitar, y la contemplé un rato, como diciéndole que de ahí en adelante dejaría de ser una cinta común y corriente, y se convertiría en un símbolo, un emblema de tiempos tristes y sin esperanza, para justamente forjar un futuro un poco más iluminado que aquellos días oscuros. Sin pensarlo mucho, hice una vuelta en mi antebrazo con ella, y le hice un nudo simple, dejando las dos tiras sobrantes colgando. Era visible, la verdad, y supongo que llamaba la atención, más de lo que yo quería, pero justamente era una cinta como esa el símbolo que buscaba. Y no iba a dejarlo por ese detalle.
Aún quedaba mucho tiempo de sol por delante en aquellos meses, por lo que al usar poleras o camisas manga corta, la cinta luciría más. A veces, cuando no la quería con las puntas largas, las enroscaba en lo que ya estaba atado a mi brazo, y la dejaba como una cinta circular y ya, sin puntas al viento. Con algo manga larga igual la usaba, pero enroscada como lo acabo de describir, aunque no se viera debajo de la ropa. Pero la llevaba conmigo igual.
Ok, sí, entiendan, era más chico, con pensamiento menos desarrollado que hoy en día, aunque igualmente más potente que muchos, pero era un cabro chico en ciertos aspectos, y asumí que debía hacer lo de la cinta, que me enseñaría a no cometer el mismo error otra vez. Desde cierto punto de vista funcionó, no lo he cometido de nuevo, pero al final cometes errores parecidos o con aristas diferentes; con diferentes personas me he equivocado igual o la he cagado igual, especialmente con las mujeres. Pero eso es otro cuento.
Desde que puse aquella cinta en mi brazo, las cosas empezaron a caminar diferente en mi vida. Probablemente porque pese a ser un símbolo de "luto", era algo que mi mente asimilaba como superación, no sólo de etapas, sino de mi "yo" interior, de mi mismo al fin de cuentas. No es que la cinta hiciera milagros, o tuviera poderes especiales, simplemente era la actitud y el pensamiento, diferentes a como eran antes de la decisión de usar un símbolo, los que hacían la diferencia.
Sin embargo, tarde o temprano aquel símbolo comenzó a llamar la atención. Primero de mi familia, que me tildaron de enfermo de la cabeza por usar una cinta negra en un brazo "como si estuviera de luto", decían. Después los amigos... Aunque en ese plano no había tanto problema, no poseía amigos. Pero algunos cercanos personajes sí lo notaron y probablemente también me tildaron de enfermo o con algún trastorno mental. Y un día, claro, se enteró aquella persona, la causante de todo el barullo emocional y amistoso que vivía por aquellos años, y que también era la indirecta, quizás, responsable de la Cinta Negra en mi brazo.
Según los archivos, se extrañó de aquello (también pensó que yo estaba mal de la cabeza, eso seguro). También se le debe haber producido una cierta dualidad de emociones, porque se halagaba de ser la causante de que alguien hiciera algo "en honor" o "en consecuencia" de algo hecho por ella, pero también estaba la posición de que lo que había hecho estaba rotundamente mal y por algo aquellas consecuencias. Lo habrá pensado así? Habrá sido cierto que lo analizó de esa forma como dijo? Quién sabe, y ya no importa a estas alturas, si fue así o no.
Cuando nos vimos en persona, frente a frente (como nos decíamos en cartas), me consultó sobre la cinta, luego de tocarla y acariciarla levemente, como tratando de extraer información de ella en vez de mi, como si aquella cinta fuese a traicionarme y decirle muchas verdades que yo no iba a decir. Le conté a grandes rasgos la idea, omitiendo algunos pensamientos muy personales, y que no iba a revelarle como dije, menos a ella justamente. Mi miró, miró la cinta, y puso cara de que no lo podía creer. Intentó persuadirme que no la usara más, que no iba a ser necesario, pero sonriendo le rebatí que la usaría por mucho tiempo más. Sonrió y no dijo nada más. Eso según los archivos, mi memoria es frágil en ciertos puntos, he de reconocerlo aunque no lo crean.
El tiempo siguió su curso, y la Cinta Negra siguió en mi brazo. No iba a cambiar sólo porque había pasado el tiempo. Ya la gente se había acostumbrado a ver aquella cinta en mi brazo. Incluso yo mismo ya me había habituado a ella, y me gustaba tenerla ahí en el brazo.
Llegó el día en que decidí hacer algo que me habían solicitado. Ella me había vuelto a pedir que me quitara la cinta, y yo volví a decir que no. Entonces fue cuando, en vista de mi negativa, me pidió que le regalara un trozo de aquella cinta. Qué significaba eso? Que ella quería también una parte de MI símbolo? Para qué? Por qué? Qué esperaba de ello? Sólo se limitó a decirme que quería ser parte de la cinta, o que yo compartiera los motivos con ella, ya que ella sabía que era la responsable, directa o indirecta, de la misma en mi brazo. Me tomó por sorpresa, lo reconozco; no esperaba algo así, menos de ella. Y le dije que lo pensaría, al menos. Y lo hice.
Por alguna razón volvimos a utilizar el medio de cartas para comunicarnos, en una especie de reminiscencia absurda de otros tiempos, mejores, más luminosos. Y dentro de eso, accedí a su petición. Corté un trozo de mi Cinta Negra, la puse dentro de un sobre con la carta, y se la entregué. Una parte de mi símbolo, de mis motivos, de mi historia, de mi existencia, ahora era parte de ella de forma física, tangible, ya no sólo en forma de recuerdo. Nunca entendí muy bien sus motivos, supongo que era efectivamente tener una porción de historia, de toda aquella historia absurda, que pudiera tocar de verdad, y ya no sólo evocar como recuerdo. Para qué? No lo se. Pero se la di, asumiendo y esperando que le daría un buen uso, o al menos no uno malo.
Se que la cinta duró en su poder un tiempo, después no supe nada más, ni de ella ni de la cinta. La tendrá aún? Recordará lo que significó? No creo. Las mujeres no piensan como uno, claro.
Y yo? La cinta está, guardada, en un lugar que ni siquiera yo mismo hoy puedo recordar donde, y probablemente mejor que así sea. Es un objeto que adquirió cierto poder, y no quiero desatar ese poder ni esas consecuencias. Mejor que el mundo, el universo, se mantenga como está.

REK.

lunes, 18 de marzo de 2013

Visita al Infierno

Morpheus

(Extraído de mi Flog. Publicado originalmente el 23/05/2008. Editado y extendido el 17-18/03/2013)

"We do what we must, Lucien. Sometimes we can choose the path we follow. Sometimes our choices are made for us. And sometimes we have no choice at all."

“Hacemos lo que debemos, Lucien. A veces elegimos nuestro camino. A veces lo eligen por nosotros. Y a veces no tenemos elección."

La imagen corresponde a Morpheus, vistiendo su casco de batalla, hecho con el cráneo y la columna de un viejo dios derrotado por él. Se prepara para ir al Infierno a luchar por recuperar a Nada, su eterno amor. Un amor que él mismo condenó a ese mundo de castigo, de sangre y de hedor a muerte.
La frase la dice Morpheus (Sandman) a su fiel bibliotecario Lucien, refiriéndose a que, aunque no quiera, debe ir al Infierno a recuperar el alma de su amada Nada. Y sabe que ese viaje puede ser el último, ya que en una anterior visita humilló al señor de ese reino delante de todos los que allí habitan. Algo que el señor del Inframundo no olvida. Todo ésto dentro del arco argumental Estación de Nieblas, de The Sandman
Esta es una frase que se me ha venido a la mente siempre, y que siempre cobra una validez y una fuerza inusitada, un sentido obvio. La verdad es que a veces no tenemos más alternativas, y debemos hacer lo que debemos hacer, querámoslo o no. Gaiman lo dejó plasmado magistralmente en aquella frase de Morpheus, y que de paso es la escencia misma de la existencia de Morpheus durante toda la serie. Todas sus acciones se validan para él por la responsabilidad de su cargo, su ideal, su misión, y por la premisa de que las cosas se deben hacer aunque no queramos. Luchamos por lo que queremos, y eso es lo que hago siempre, aunque no siempre esa lucha rinde los frutos esperados. Pero es mejor haber luchado, que no haberlo hecho, asumo. Aunque estemos a veces en la disyuntiva interna de si lo hacemos o no. Como la clásica frase de Hamlet, "Ser o No Ser...", pienso "lo hago, o no lo hago", por ejemplo.Cuántas veces hemos actuado guiados por nuestros deseos, más que por la razón, pero visto de cierta forma también era lo que debíamos o queríamos hacer, aunque es claro que "querer" no es lo mismo que "deber". Hacemos lo que debemos por ser quienes somos. Si no lo hiciésemos, no seríamos nosotros mismos.
Muchas veces recorrí caminos son rumbo, y terminé perdido en algún jardín de esos como laberintos, muchas veces hice malas elecciones, aunque hayan sido las que en aquel momento debía tomar. Otras muchas han sido buenas elecciones, y que me han dado satisfacciones y buenos tiempos. Hay incluso decisiones buenas pero que trajeron malos tiempos, todo por un futuro mejor que aquel presenta ya pasado. No todo va a ser fácil en la vida, menos tomar decisiones complejas, esas que traen oleaje en el futuro.
Morpheus llegó al Infierno, asumiendo su futuro, el futuro que su decisión le traería. Pero las cosas no salieron como él las planeaba, y finalmente recuperó a su viejo amor, a Nada, del Inframundo, y aunque no se quedaron juntos, porque eso fue justamente lo que tampoco pasó eones atrás, tampoco hubo más daño del ya producido, y Nada siguió su nueva vida, literalmente. Aunque eso produjo muchos acontecimientos más, la mayoría inesperados. Tal cual la vida real.
Todo su viaje y sus consecuencias son derivaciones de aquella frase, de su sentido de deber y de responsabilidad. De enfrentar las cosas aunque sean malas, aunque se sepa que son difíciles. Siempre será mejor que agachar la cabeza y esconderse entre la multitud, a la vista de todos pero que nadie note que estás ahí. Como a veces digo, la frente en alto, el corazón contento, y pecho a las balas no más!
Decisiones, acciones, soluciones... Nuestra esencia.
Ahora me pregunto: Podría yo hacer lo de Morpheus, e ir hasta el Infierno a buscar un amor? He hecho cosas, pero no a tal extremo. Y ciertamente lo dudo. Nada hay más valioso que la vida misma, incluso que el amor. Además, el amor es cosa de libros. Pero si debiese hacerlo, lo haría, quizás. Y he mandado varios amores allí...
Hacemos lo que debemos.. A veces elegimos nuestro camino. A veces lo eligen por nosotros. Y a veces no tenemos elección...

REK.

viernes, 15 de marzo de 2013

La Hoja y la Carta

Es muy cierto aquel dicho o comentario, que dice que cuando buscas algo encuentras cualquier cosa menos eso. Precisamente eso me pasó hace unos días.
Buscaba una hoja perteneciente a un cuaderno de antaño, amarillento y con la tinta incluso a veces corrida con el tiempo. Es un cuaderno donde tengo escrito algo hace años, y que quería revisar y modificar para actualizar y "envejecer" de acuerdo a la mentalidad actual, y justamente la hoja que buscaba pertenecía al principio de aquel cuaderno. Se había desprendido con el paso de los años, de las lecturas, de los tironeos y arrastres en los muebles o cajones. Y cuando sucedió aquel desgarro, tuve la precaución de tomar esa hoja y guardarla, pero como muchas veces pasa, no lograba recordar dónde. Llevaba tiempo buscándola, en cajones, en cajas, en otros cuadernos con otros escritos... pero no aparecía por ninguna parte. Hasta que un día, buscando aquella hoja, encontré una carta.
Las cartas, como he dicho anteriormente, son un tesoro ya perdido en estos tiempos, son papeles que expresaban muchas cosas, cuando eran personales. Aquella espera nerviosa y ansiosa de una respuesta, y la escritura rápida de una respuesta a esa respuesta, y así hasta nadie sabía cuando. He expresado con anterioridad mi gusto por aquel sistema de comunicación, mucho mejor que los actuales, al menos  para quienes gustamos de las letras y de las personas que las escriben.
Encontré esa carta junto a otras cartas, pero por alguna razón me llamó la atención abrir ese sobre, para ver la carta, su contenido, probablemente porque no tenía remitente, sino simplemente mi nombre en el anverso del sobre, con una letra que vagamente recordé. Miré el sobre, y me fijé que estuviese abierto (algo casi absurdo, pero... Hacía tantos años que...). Y lo estaba... Miré dentro y había una hoja simple, con unas lineas escritas apresuradamente, se notaba por el trazo de las letras, y que cierta y efectivamente iban dirigidas a mi.
No era una carta como tal, así como lo dictaban las "leyes carteriles"; era una hoja escrita con un mensaje más bien simple, corto en extensión, y por lo escrito se deducía que fue por efectos del día aquel en que fue escrita, un día sin determinar de un año también sin determinar. Probablemente mediados o fines de algún año comprendido entre 1995 y 1998, quién sabe en realidad.
La carta comenzaba con una alusión al Destino, aquel cabrón que, según entiendo de la misma y de mis recuerdos, siempre jugaba  en contra nuestra y nos impedía intentar algo que el tiempo terminó por demostrar que era absurdo. Quien escribió la carta me comentaba su intención de vernos igual, y estaba ahí escrita aquella frase que ahora que la leo nuevamente después de eones, recuerdo que siempre la tuve en mi mente, siempre presente... "... Pero no sufras, yo te prometí que lucharía contra el destino y mi cansancio...". Una lucha que ahora sabemos no pudo (y probablemente no quiso), ganar. No deja de ser gracioso leer eso ahora, mil años después, sabiendo lo que pasó, las consecuencias, lo que significó todo ese tiempo. No deja de tener un tono de sarcasmo esa sonrisita que se me asomó cuando volví a leer ese papel. Y tampoco deja de ser irónico, haberlo encontrado en fechas casi coincidentes con ciertas fechas antiguas, fechas que alguna vez significaron algo, y que hoy no significan nada.
La breve carta continúa con el nuevo horario para la cita que no había podido realizarse, en un lugar "mágico", como dice la misiva, que hoy ya no existe, y no es que para mi no exista, sino que de verdad ya no existe. En el reverso de la hoja, la despedida, y aquellas palabras que había olvidado: "With love... XXXX"... Qué diablos quería decir con "with love..."? Hoy después de eones, cuando la leí nuevamente, me pareció más una carta de una mina hacia su pareja, que de una amiga a su amigo, por ciertos trazos en las líneas, ciertas palabras, y ese "with love..." ahora me hace ver las cosas con una vuelta de tuerca que sólo podría hacerlo cuando ya pasaran años desde los hechos. Amor? De qué? Amigos? Pareja? Amantes? Hoy claro no me importa, pero al leer esas líneas, me lo he preguntado. Se lo habrá preguntado ella con los años? Imposible saberlo.
Es un claro ejemplo del actuar errático e inconsecuente de las mujeres. Dicen una cosa, pero hacen otra. Nunca luchó, nunca hizo nada, simplemente se sentó a esperar como Penélope, pero sin tejer nada, a que yo hiciera todo, más de lo que como humanoide había hecho ya. Meten la mula sabiamente, y los hombres, como yo en esos tiempos, se la compramos. Hoy no compro eso, se como son las cosas, como es el universo, como son los humanos, como son las mujeres.
No recuerdo que pasó en aquella junta, ni siquiera recuerdo si nos juntamos o no. Pero al final da lo mismo, el resultado ya está y desde años. Ya no tiene sentido preguntarse cosas, analizar mucho ni poco, ni nada por el estilo. Aunque, como dije, de igual forma me pregunté un par de cosas, pero las dejé pronto.
Tomé aquel papel y lo guardé en su sobre, y lo dejé donde estaba, continuando mi búsqueda de aquella hoja perdida de mi cuaderno. Revisé y revisé y no logré dar con ella. Dónde diablos estaba aquella hoja?
Sin embargo, aquel encuentro con ese papel añoso ya había surtido cierto efecto en mi mente, y los recuerdos se asomaban y llegaban como un torrente incontrolable, y me senté unos momentos a pensar y a recordar...
Sabrá ella que tengo esa (y otras), carta(s)? Sabrá que a veces, como ese día, y pese a todo, la recuerdo un poco? Me recordará ella? Tendrá mis cartas aún (una vez me las mostró, todas)...?
La hoja que buscaba, finalmente la encontré, en el lugar más absurdamente obvio de todos... Dónde escondes un libro? En una librería... Dónde escondes una hoja de cuaderno? Junto a muchas otras hojas de cuaderno...
Y aquella carta que encontré sin buscarla, la guardé nuevamente y quizás en cuantos años no la veré de nuevo. Y con la hoja encontrada en mis manos, al fin pude seguir mi historia...

REK.

miércoles, 13 de marzo de 2013

La Historia del Oso Sin Cabeza

El Oso Sin Cabeza
Eran tiempos de guerra y de paz, de compañeros y enemigos.
Estábamos enfrascados en una tensa relación política, militar y hasta religiosa, que todos sabíamos iba a terminar con un conflicto mundial con ataques a diestra y siniestra, perpetrados por miles y miles de soldados de diferentes bandos, peleando por defender ciudades, o peleando por atacar ciudades. Eran los tiempos de tensos climas de paz y  negociaciones, y terribles y duras batallas. Dentro de éste clima, durante ese proceso, nace la Historia del Oso Sin Cabeza.Y para contar su historia, tengo que remontarme a éstos tiempos más antiguos, tiempos de guerra.
Era una época donde ya existían tecnologías más que suficientes para realizar juegos "en línea", para compartir experiencias con otros jugadores a través del  ancho mundo, y muchos de éstos juegos ya proliferaban por la red desde hacía años. Uno de ellos, emulaba (o intentaba emular), burdamente al famoso juego de estrategia militar e histórico Age of Empires, donde debías desarrollar una civilización partiendo con un aldeano, y obviamente hacer aliados y enfrentar enemigos mientras desarrollabas tu maquinaria bélica y hacías crecer a tu sociedad. Este juego de Internet que intentaba tomar la idea de AOE, era de una ciudad con sus habitantes, soldados, construcciones, y debías hacer crecer tu población civil y militar lo suficiente para atacar y defenderte. Podías conquistar otras ciudades enemigas, y hacerte con sus recursos, y otros también podían atacarte a ti y debías defenderte. Jugué aquel juego en solitario por un tiempo, hasta que por cosas del destino me uní a un grupo de vecinos que ya me estaban echando el ojo para joderme la vida. Eso me salvó no sólo de ser destruido por ellos, sino de contar con apoyo para expandir mis propios territorios en favor mío y en favor de la Alianza a la cual pertenecía. La mayoría era jugadores españoles, pero también habían muchos latinos como yo, lo cual significaba una ventaja en temas estratégicos. Por qué? Porque mientras nosotros dormíamos, los españoles podrían ver nuestras cuentas en caso de ser necesario, y cuando ellos dormían, podríamos nosotros los latinos ver las de ellos. Con esa configuración nacida de la diferencia horaria, se realizaron muchas defensas y ataques coordinados que de otro modo no hubiesen sido posibles. Pasé muchas horas de noche defendiendo y atacando desde mi propio juego como del de los compañeros españoles, u otros de la Alianza en general, y debo decir que fue interesante la experiencia pero para una vez y nada más. A veces era agotador y estresante.
Bien, con ésto claro, y dejando claro también que aquel juego era disputado tanto por hombres como por mujeres, es tiempo de decir de dónde salió el Oso Sin Cabeza.
Una de aquellas mujeres, y que ejercía labores diplomáticas dentro de la alianza, aparte de ser una buena jugadora y además activa, poseía en el foro de la Alianza una imagen como avatar de un oso amarillo con unas grandes tijeras en la mano, con la cual se cortó su cabeza, la que está en el suelo a un costado de su cuerpo, lo cual siempre me pareció interesante y siempre hacía alusión a ello en los comentarios del foro. Compartimos mucho con ella, fotos, vivencias, historias; nos hicimos bastante amigos durante el tiempo que duró el juego, y más allá de él, cuando todo se había terminado en una cruenta masacre mundial. Ella fue quien me dijo que el Oso Sin Cabeza era así por la razón más obvia de todas: no quería pensar huevadas, y no quería sentimientos en su cabeza (los sentimientos son cosa del "corazón", pero todos sabemos que "ese corazón" es simplemente nuestra mente).
Eso me sacudió como concepto, y claramente está en lo cierto. Qué mejor manera de no pensar idioteces, que no tener cabeza? Solicité simbólicamente su venia para ocupar su imagen alguna vez, y ella sonriendo aceptó. Fue una gran amiga a la distancia, he de decirlo.
La historia del Oso Sin Cabeza continúa después, un par de años adelante en el tiempo, cuando ya no tenía contacto con aquella rubia valenciana, y cuando el Oso requirió ser invocado nuevamente. Se convirtió en el avatar de mi MSN por mucho tiempo, mucho más del que debío ser, pero también era divertido tener aquella imagen ahí.
El Oso Sin Cabeza representa el autoconvencimiento de la no-necesidad de sentimientos, de renegar de la condición de ser pensante y sensible, al menos en lo que a pensamientos relacionados con sentimientos se refiere. El Oso Sin Cabeza sigue siendo un ser racional, inteligente, superior, pero sin las trabas que los sentimientos significan. Es un estado avanzando de la mente donde sólo te dedicas a lo realmente importante, y dejas de lado tanto lo que te hace daño, lo que te hace sufrir, como lo que te hace perder tiempo/espacio/mente en cosas banales.
Muchas veces he usado el símbolo del Oso Sin Cabeza, en una referencia clara a mi estado mental, tal cual el Oso. Aquel Oso que se cortó la cabeza con las tijeras para no sufrir, para no sentir, y eso incluye no sólo no sentir amor, o pena, sino también para no sentir odio o rencor, algo que no todos logran entender ni valorar, de cierta forma.
Las veces que he usado el emblema del Oso Sin Cabeza, ha sido por buenas razones. Además, es una imagen divertida desde cierto punto de vista, lo cual es bastante lúdico a mi parecer, ya que simboliza bastantes cosas, eso sin incluir las cosas que la gente al verlo imagina o cree.
Aún recuerdo con alegría los tiempos con mi amiga valenciana, quien me ha permitido usar aquella imagen a través de los tiempos... Lo que se volvió de Historia a Leyenda...
La Historia Del Oso Sin Cabeza, aquel amarillento personaje que se arrebató la cabeza a la altura del cuello, y que cercenó sus sentimientos por su propio bien, y por el bien de otros...

REK.

domingo, 10 de marzo de 2013

El Jardín del Sol Rojo

(Extraído de mi Flog. Publicado originalmente el 30/05/2008. Extendido posteriormente el 10/03/2013).

"Si caminas por el jardín de Destino, tendrás que elegir, no una, ni dos, sino muchas veces.
Los caminos se bifurcan y dividen. A cada paso que das en el jardín de Destino, debes elegir; y cada elección determina futuros caminos.
Sin embargo, al final de una vida de caminar, puedes mirar atrás y ver un solo sendero tras de ti; o mirar adelante y ver sólo oscuridad.
A veces sueñas sobre los senderos de Destino, y especulas inútilmente.
Sueñas sobre los caminos que seguiste y los que no seguiste...
Los senderos divergen, se ramifican, se reconectan; algunos dicen que ni Destino mismo sabe en verdad a dónde os llevará cada sendero, cada curva, cada recoveco.
Pero aunque Destino lo supiera, no lo diría.
Destino guarda sus secretos.
El Jardín de Destino. Si lo vieras, lo reconocerías. Vagarías por él hasta que mueras.
O más allá.
Pues los senderos son largos, y ni la muerte les pone fin.
Destino, de los Eternos, es el único que entiende la peculiar geografía del jardín, distinta del tiempo y el espacio, donde el potencial se convierte en hecho.
Destino lo sabe. El libro que lleva es una guía del jardín y de los detalles del futuro-pasado.
Destino no sigue un sendero propio. No decide, no elige ninguna ramificación; su camino está trazado, definido y dibujado desde el principio del tiempo al fin de todo."

La verdad aún tengo dudas de que todo está destinado en nosotros. Pero tiene cierta lógica pensar que sí. Uno fácilmente puede decir “"le doblaré la mano al destino”", y haces otra cosa, lo contrario a lo que tenías “predestinado”, creyendo que así le doblas la mano. Pero, quién no te dice que hacerlo, era tu destino? Que "doblarle la mano al destino", era precisamente tu destino?
Hay situaciones que a lo largo de mi vida he comprobado que sólo pueden ser obras del Destino, o de un futuro prederminado, o como quieran llamarlo. A veces llego creer ciegamente que sí somos seres que nos movemos por donde debemos, no por donde queremos. Pero que creemos que es nuestra voluntad.
Una vez yo tenía amigos (sí, alguna vez los tuve, y varios, y amigas también), y dentro de ese grupo, había dos personas, un hombre y una mujer. Amigos desde antes de yo conocerlos, siempre bien, siempre riendo, siempre amigos. Nunca pasó nada entre ellos, nunca se miraron de otra forma que no fuera una mirada de amigos. Pero un día sucedió lo que todos suponíamos que un día pasaría. Se cumplió ese “destino” que todos los demás amigos sospechábamos: se hicieron pareja. Lo que no sabíamos es que eso desencadenaría una serie de eventos que terminarían por disolver el grupo de amistad.
Por la misma época, un poco después, tuve lo que se denominan “"sueños premonitorios"”. Una noche soñé que conocía a una mujer, una chica (debo haber rondado los 19 o 20 años). Soñé con ella, y soñé que por extrañas circunstancias, que no recordé y que no recuerdo (y que no quiero recordar tampoco), se convertía en una de las personas más importantes para mí. Me desperté extrañado, pero sabiendo (suponiendo), que el “destino” me tenía reservado algo. Y a los dos días, conocí una chica, cuyo nombre no escribiré, pero que sí se convirtió en alguien muy importante, al menos durante un periodo de tiempo. Supongo entonces que ese ere mi destino. Conocerla, aprender de ella, y al final terminar casi odiándola. Lástima que se dejó llevar por malos comentarios, y por personas que hasta el día de hoy, sé que la palabra “amigo” les queda como poncho. Pero el Destino se encargó de darme un gustito, un par de años después, y saborear ese dulzor de lo que llamamos venganza. Cada cual forja su propio destino, y es uno quien decide al final qué cosas te sucederán (ESE es nuestro destino).
Una de las cosas que siempre pienso, y digo, es que siempre hay que medir las consecuencias de los actos que realizamos, y también, los que NO realizamos. Todo produce efectos, todo tiene repercusiones. Todo es importante. Cuando ya han pasado meses, o años, de que te suceden cosas, te das cuenta que, de cierta forma, hay “chispas” precursoras de todo eso, cosas que en su momento no tuvieron importancia alguna, pero que vistas hacia atrás desde un futuro, notas que son importantes puntos de inflexión en tu vida. Cómo el ir por una calle u otra, puede marcar que conozcas a alguien o no, que te atropellen o no, que compres tal cosa o no. Por algo el Jardín de Destino, tiene infinitos senderos, recovecos, y bifurcaciones. Son las decisiones que todos debemos tomar (o creemos que tomamos libremente). Y, como dice el principio de este escrito, puedes mirar atrás y ver todo el pasado que tuviste, en una sola línea, de las muchas y miles que tuviste para elegir. Y si miras hacia delante, como tu futuro aún no lo vives, no puedes ver nada. (quizás tu futuro está escrito, pero no tienes acceso a él. Otros dicen que es porque tú debes hacerte tu futuro).
Muchas veces quiséramos evitar destinos sabidos, o sospechados, y lamentablemente no podemos, no tenemos el poder para ello. Muchas veces esos designios son producto de decisiones anteriores, y solamente ahí vemos que o estábamos en lo cierto en nuestra decidión, o la erramos completamente. Lo hecho no puede deshacerse, o al menos cuesta demasiado, y rara vez es posible.
Recuerdo aquella frase del Doc Brown en Volver al Futuro III: "el futuro es el que tu mismo te formes"... Y claro, es el que me formo con las decisiones que he tomado a través del largo camino recorrido, pero... Ya está escrito que así fuera... O no? Y si no existe ningún destino, ni nada y realmente vamos como dice la canción "haciendo camino al andar", y todo se va creando y formando a medida que avanzamos y nada más... Pero sería mucho "caos" si así fuera, a mi parecer...
Cuántas veces hemos pensado romperle la mano al destino, y simplemente hemos cumplido cada uno de sus designios al pie de la letra? Muchas, creo yo. Pero en cerita forma es bueno para el alma humanoide tener esa sensación de libertad, a la vez que de sentir un camino determinado. Ambas opciones pueden coexistir dentro del cerebro humano aunque claramente sean contradictorias una con la otra. Pero no es así de complejo el pensamiento y los sentimientos? 
Yo aún espero que mi Destino sea bueno, y espero que sea junto a alguien a quien quiero y me quiera. Hasta ahora, no ha sido una gran y destacada vida la que he llevado, pero es la que vivo, y me gusta vivirla. Pero podría ser mejor, y sólo depende del destino, y claro, de mis propias decisiones y determinaciones.

REK.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Y hablando de elecciones...

Sufragios
En mis tiempos de escolar, hace eones, vivimos en mi curso un proceso eleccionario muy particular.
Cabe señalar que aquel curso fue muy especial. Era el 2º medio de mi liceo, de aquellos con letra y número, no con nombres gringos ni nada por el estilo, y era un curso que tenía una particularidad: de los 40 y algo de alumnos en total, éramos como 12 hombres, el resto todas mujeres. Eso causó un sin número de problemas durante todo aquel año, pero también trajo agradables sorpresas. Ninguna pareja, hay que dejarlo claro, la mayoría eran bastante alejadas de la mano de Dios, y en aquella época los desarrollos no eran como los de hoy. Pero nos las arreglamos, eso sí.
El ordenamiento de sillas y mesas incluso fue por género. Como éramos menos, nos pusimos todos en una sola fila, mientras que las otras tres filas eran de mujeres, bulliciosas y alborotadas mujeres. Eso más que una anécdota, fue un hecho que trajo bastantes consecuencias. Incluso sentarnos y ordenándonos así, nos sirvió para jugar tranquilamente al póker y al ocho loco (versión del UNO, pero con naipe inglés), lo que nos reportó horas de entretenimiento casi sano, porque aunque no pudiéramos apostar plata, se apostaba igual, otras cosas.
Todo comenzó a principios de año, cuando mientras nos conocíamos y compartíamos con los compañeros, debíamos elegir la clásica directiva del curso; presidente, secretario, tesorero, y todas esas mierdas cívicas en un colegio, que al final sólo servían para perder horas de clases y que el tesorero se arrancara con la plata. Como era de suponerse, eso dio inicio a la guerra de sexos que vendría posteriormente. Lógicamente las mujeres presentaron su candidata, y los hombres presentamos nuestro candidato, con la obvia inclinación de las mujeres por la candidata femenina, aunque igual hubo algunas que votaron por el candidato nuestro. Sin embargo el resultado fue obvio, y la candidata de las mujeres ganó por una amplia mayoría, relegando a nuestro candidato a los votos de los hombres y de un par de mujeres simpatizantes. Las mujeres disfrutaron su triunfo, nos lo enrostraron, y aplaudieron a su candidata electa, junto a toda su directiva, mientras nosotros, aunque hirviendo en rabia por dentro, sólo nos hicimos a un lado y dejamos que disfrutaran su momento.
 Debido a ésto, y en un acto unánime y que no fue deliberado, sino más bien espontáneo, los hombres del curso, decidimos marginarnos de todo proceso político, social, cultural y económico del curso, relegando las responsabilidades del mandato y de las administraciones a las mujeres, ya que ellas habían elegido a su candidata. Ésto no le gustó a las mujeres, pero tampoco le gustó a nuestra profesora jefe de aquellos años, pero como dijo el conejo, mala cuea y se cambió de casa. Nuestra decisión era final, y no la volvimos atrás durante todo aquel año. No participamos en ninguno de los Consejos de Curso, clásicos de día lunes, durante todo el año, simplemente nos dedicábamos a conversar o a jugar póker. No juntamos plata, como siempre se hace, para ningún paseo ni fiesta ni nada. No participamos de las decisiones de las mujeres, ya que ellas no nos gobernaban, y nosotros no estábamos ni ahí con ellas tampoco.
La verdad fue una convivencia extraña la de ese año, por el simple hecho de que las mujeres ejercieran su superioridad numérica para elegir a su candidata, pero como en todo en esta vida, las cosas pueden cambiar de un momento a otro, y llegó el día en que las mujeres se cansaron de sus representantes, cuestionaron sus métodos, sus decisiones, y en especial cuestionaron la forma en la que las mandaban a ellas mismas, iniciando una especie de golpe de estado contra sus propias elegidas, en los últimos meses de aquel año. Nosotros obserbávamos con distancia, pero con alegría. No participamos en los procesos femeninos que llevaron al derrocamiento de aquella directiva, ni tampoco en la elección de la nueva. Simplemente nos sentamos tranquilamente en las puertas de nuestras casas, a ver pasar el cadáver de nuestras enemigas, expulsadas por sus propias congéneres. Aquello nos llenó no de alegría, sino de risa y de burla. Era satisfactorio para nosotros ver cómo el gobierno femenino se desmoronaba, y aunque elegirían obviamente a otro grupo de mujeres como directiva, podíamos ser espectadores de aquel hecho que significaba que nuestras ideas de principio de año, que nuestro candidato, probablemente hubiese hecho mejor las cosas.
Como lo teníamos claro, las mujeres eligieron otra directiva femenina, y aunque a quien eligieron como presidenta fue a mi propia señora (sí, en aquel tiempo estaba "matrimoniado"), y nos caía bien a casi todos, seguimos en nuestra decisión de no participar con ellas en nada, lo que mantuvimos hasta el último día de clases.
La ex presidenta era mirada con desprecio no sólo por nosotros, sino por todas las demás mujeres, ya que su pésima administración había dejado en claro que habían cometido un error al elegirla  y eso significaba, directa o indirectamente, que las mujeres no servían para cargos como ese, lo que nos daba la razón a nosotros. Eso debió darles duro en su ego feminista, y nos alegramos de ello.
No hubo fiestas aquel fin de año, no hubo paseos, sólo una convivencia a fin de año en donde nos comimos casi todos los completos y nos fuimos.
Aquel año terminó, y aunque ya pasó hace muchos años, se me vino a la memoria en estos días de procesos eleccionarios por el mundo.

REK.