domingo, 13 de marzo de 2016

Aventuras y Consejos



No era el mejor de todos. Para nada. Pero con el tiempo se convirtió en una leyenda.
En aquellos tiempos donde la Ciudad recién comenzaba a echar sus cimientos, y donde la humanidad estaba siendo buscada por todos lados para que llegaran a la Ciudad, aventurarse en tierras nuevas y desconocidas era todo un desafío, pero también era una oportunidad de hacerte de renombre, incluso de tesoros o de reliquias de las edades antiguas... Si es que volvías, claro.
Muchos eran los individuos que se aventuraban en las tierras inexploradas, pero pocos eran los que regresaban. La realidad no podía negarse. La humanidad había sido arrasada unos siglos atrás, y ahora sólo quedaban supervivientes de una guerra colosal y destructiva, donde la humanidad se quebró. Unos huyeron al espacio, buscando refugio en los planetas colonias más lejanos del sistema. Otros trataron de escapar a los planetas cercanos, pero otros, sin medios de hacer nada, sólo tuvieron que quedarse, y de mala forma aprender a sobrevivir y esconderse de los enemigos, que los cazaban en una guerra sin cuartel y sin prisioneros.
No había autoridades militares, ni gobierno, ni policía, ni comercio... Todo se estaba recién formando. Todo estaba naciendo de entre las cenizas del holocausto mundial. Sólo existía una élite de seres, que blandían la fuerza y la magia de la Luz, y que eran los encargados tanto de proteger a la Ciudad, como de proteger a sus habitantes, incluso buscarlos fuera de sus descomunales muros, para ponerlos bajo el cuidado y protectorado de La Vanguardia, como se hacían llamar. De hecho, eran ellos quienes habían levantado los muros de la ciudad, tiempo atrás, lo que sería una de sus mayores victorias en contra de los enemigos. Eran seres especiales, humanos especiales, pero servían a la Luz, no actuaban de mala forma, y aunque tenían diferencias de opiniones, o incluso de creencias, todos ayudaban y cumplían sus compromisos, y su idea de servir a la Ciudad.
Él era uno de estos humanos especiales. Trabajaba en solitario, como la mayoría de los sirvientes de La Vanguardia, aunque algunos se unían a algunas de las diferentes Facciones de la Ciudad, pero la mayoría incluso así, trabajaba solo. No todos estaban acostumbrados a la compañía. La cacería humana y siglos de huir, habían hecho a los humanos unos series aferrados a la supervivencia, pero de vida solitaria.
Sus aventuras en solitario fuera de la ciudad no le habían reportado mucho, había que ser claros. Pero la experiencia en el campo sí le servía, y con el tiempo se volvió en uno de los tipos que más salían fuera de la Ciudad. Con el tiempo adquirió más experiencia, y comenzó a ir más lejos. Incluso, viajó a los planetas cercanos, a probar suerte. A la Vanguardia eso le ayudaba mucho, iba agrandando sus bases de datos, sus cartografías, iba conociendo el estado de las antiguas ciudades humanas tanto en la Tierra como en los demás planetas, y aprovechaban ese conocimiento para que las futuras exploraciones fueran menos peligrosas, o al menos se supiera a qué se podrían enfrentar.
Se habían escuchado fuertes rumores sobre un nuevo sitio descubierto en Venus, y unos nuevos enemigos que rodeaban el lugar. Se decía que las construcciones podrían tener miles de años, mucho antes de que la humanidad casi fuera extinta. Pero todo debía corroborarse, pues se perdió mucha, o toda, la información durante los siglos oscuros. La Vanguardia necesitaba más informaciones, pero no querían que se volviera algo masivo. Si era verdad que un nuevo tipo de enemigos estaba casi en sus espaldas, la humanidad, la Ciudad, no podrían saberlo. Mucho ya tenían peleando con los antiguos enemigos, como para saber que además debían enfrentarse a unos nuevos, y encima desconocidos.
Llegó a sus oídos este descubrimiento que se mantenía en secreto. Pero no le llegó por la Vanguardia, como hubiese sido lo esperable, sino por un conducto mucho menos formal, y poco ortodoxo, aunque no por eso dejaba de ser serio. Los discípulos de los poderosos hechiceros y brujos de la Vanguardia siempre se mantenían guardando los secretos hasta que los liberaban lentamente dentro de los demás para que se fueran contagiando de a poco con la curiosidad. Así se informaban de misiones nuevas, de tesoros o de lugares interesantes de visitar. Fue así como esta información le llegó a uno de los protectores de la Ciudad, y él se las hizo llegar tanto a él, como a otro compañero. Se reunieron y conversaron largamente del tema. Irían en reconocimiento de un terreno medianamente desconocido, y a rastrear y reconocer a los nuevos enemigos descritos por otros aventureros. Y, muy probablemente, se enfrentarían a ellos, por lo tanto además de todas las precauciones del caso, debían ir armados hasta los dientes, literalmente. Sin embargo, la curiosidad los inundaba, y también la sed de gloria. Y si podían regresar con información valiosa, o incluso con datos certeros y fidedignos sobre los nuevos enemigos? Serían altamente valorados, y probablemente recompensados. Sus nombres perdurarían en la historia. Todo eso, ciertamente era tentador.
Finalmente se embarcaron los tres en aquella aventura, pero lo que allí sucedió es parte de otra historia. Sólo se sabe que él regresó. Nadie más. Su compañero terminó muriendo en aquella precaria incursión, y esa experiencia lo cambió todo.
Cuando volvió a la Ciudad, contó lo sucedido a la Vanguardia, Necesitaban estar preparados. Necesitaban estar alertas. El nuevo enemigo era demasiado poderoso. Más incluso que los alienígenas que los habían ido cazando y exterminando por siglos. Incluso, en aquel fatídico viaje, vieron hordas de nuevos enemigos masacrar a los viejos enemigos que también se encontraban allí. La Vanguardia no se tomó la noticia de buen ánimo, y prontamente comenzaron a urdir un plan para asaltar el lugar con lo mejor que podían tener, aunque en aquellos tiempos la verdad era bien escaso.
Él simplemente volvió a su hogar en la Ciudad, y allí permaneció por semanas, sin salir a ninguna parte. Lo sucedido en la aventura fatal había cambiado muchas circunstancias, tanto para la Ciudad como para la humanidad en general, pero principalmente para él.
Su compañero, antes de morir, divagaba pasajes de historias que nadie comprendía, y hablaba como si estuviese solo. Y esa fue su perdición, sentirse solo. Sin embargo, su luz se extinguió en aquella caverna y nunca más supo de él, ni de su terrible sentimiento de soledad. Nada más supo, y ni siquiera supo cómo salió de aquel laberinto. Sólo supo que pudo volver, y para prevenir a la Vanguardia, y para prevenirse a sí mismo de una muerte en soledad. Desde aquellos días, odiaba estar solo,
Desde ese día, aquel buscador de aventuras, aquel buscador de gloria y tesoros, sólo se enfocaba en no morir solo, como había muerto su compañero en la caverna. De a poco fue transformándose en una obsesión, y sus compañeros de la Vanguardia lo notaban, pero nada podían (o querían?) hacer por él.
Con el tiempo, y conversando un día con los científicos de investigación y desarrollo de armas, escuchó que habían encontrado, tiempo atrás, una especie de receptáculo de una inteligencia artificial, de la época anterior a la que llegaran los alienígenas, y que aún estaban estudiando aquel descubrimiento. Entonces se le ocurrió.... Qué pasaría si se construyera un arma con una inteligencia artificial insertada? Sería una solución a su problema, además de tener un arma única. Al día siguiente fue nuevamente a conversar con los armeros y científicos, proponiéndoles la idea como una especie de proyecto, para investigar aún más aquella inteligencia artificial encontrada. Los científicos primeramente se mostraron reacios a ello, pero con los días comenzaron a pensar que en realidad no era tan mala idea, ya que eso les facilitaba el estudio y comportamiento de la inteligencia artificial. Finalmente se decidieron a ayudar. Por el tamaño del receptáculo donde se encontraba la inteligencia artificial, era imposible hacer un arma pequeña, por lo que diseñaron una ametralladora de carga a mano de gran calibre, donde sin problemas pudieron insertar la fuente y todo el cablerío y el sistema que el arma y la inteligencia requerían
Finalmente, después de meses de desarrollo, construcción y pruebas, salió a la luz el arma definitiva. Una bella pieza amalgama de ingeniería arcaica y nueva, revestida de brillantes y hermosos colores, y sin duda de una apariencia amenazadora, llamada, según su propio dueño Excelente Consejo, en aquel tiempo donde las armas se nombraban por sus cualidades o por sus hazañas.
El increíble mecanismo de esta ametralladora habla de las maravillas tecnológicas antiguas, perdidas en el tiempo tras la invasión. La munición inteligente informa al arma sobre su trayectoria y un protocolo de microteletransportación materializa directamente los proyectiles fallidos en el cargador. Esto hacía a la ametralladora realmente potente, útil y destructiva.
Los ingenieros suelen rechazar la idea de que haya sistemas inteligentes que desarrollan personalidades y conciencia de una manera espontánea... Pero lo cierto es que la Excelente Consejo tiene personalidad, memoria e incluso una cierta insolencia. Puede que la verdad resida en la conexión de esta arma con su propietario, en su afán de no estar solo, padeciendo los males físicos y psíquicos de su compañero en la fallida incursión a la caverna en Venus... La verdad es que el arma, con el paso del tiempo, se convirtió en el brazo derecho fiel de su dueño, y adquirió toda la gracia del espíritu aventurero y también sus miedos y sus deseos de victoria y de renombre.
Tanto el hombre, como el arma, se unieron en una simbiosis nunca antes vista (excepto en otro tipo de armas, pero de un modo muy diferente). Ambos iban aprendiendo del otro. El hombre aprendía del arma, de su extraordinario mecanismo interno, de su peso, su cadencia, su potencia; y el arma iba aprendiendo del hombre, de su deseo de matar, de su deseo de sobrevivencia, de su personalidad, de sus miedos y de sus furias.
Ambos, arma y hombre, comenzaron a forjarse un camino que muchos otros miraron con asombro. Por donde iba aquel, su arma lo acompañaba, tanto ayudándolo, como aprendiendo. Su leyenda ya había comenzado. Hubo gente que decía que ambos eran uno sólo, que no se sabía dónde comenzaba el pensamiento del hombre, y dónde comenzaba el de la máquina asesina, y en cierta forma eso era verdad. La Inteligencia Artificial puesta en la Excelente Consejo, sin duda era una maravilla tecnológica de tiempos ya olvidados.
Arma y Hombre compartieron muchas aventuras más, pero nunca volvieron a aquella caverna del demonio. Nunca siquiera se acercaron a aquel lugar. La Vanguardia, por su parte, intentaba analizar datos de exploradores que enviaban sigilosamente a buscar información, añadiendo a los datos que ya tenían del lugar, y que pudieron conseguir en la Academia, hacía poco tiempo, en unos archivos ya olvidados a los que recientemente tuvieron acceso. Sin embargo, la leyenda de aquel hombre y su arma no se forjarían ni terminarían en aquel lugar, sino en uno muy diferente.
Se encontraba lejos de casa. Muy lejos, probablemente más lejos de lo que había estado nunca. Las tierras rojas y oxidadas del planeta rojo le habían dado la bienvenida hacía unos días. Su nueva misión incluía un acercamiento a la zona de exclusión hecha por un nuevo tipo de enemigo. Las personas del Arrecife habían advertido a la Vanguardia sobres éstos, aunque a la vista de los ojos de la Ciudad, había sido una advertencia tardía, aunque si sería una demora deliberada o simplemente un error, eso aún estaba en cuestionamiento. Eso aún estaba inundando su mente, pues no confiaba en las personas del Arrecife.  Algo se traían en sus manos, a su parecer, y su arma siempre había confirmado la idea.
Se encontraba revisando las antiguas construcciones humanas, pensando en que tan maravilloso lugar habría sido aquel, cuando un sonido llegó a sus oídos, un sonido que no había escuchado, y antes que pudiera reaccionar, un dolor en la pierna derecha inundó literalmente su ser...
"FSSTCHK....FSSTCHKK...:" se volvió a sentir en el aire aquel sonido, y sintió como el dolor le punzaba el brazo y el costado derecho del cuerpo... Antes que pudiera siquiera reaccionar, su arma, su compañera, se le soltó de las manos, sin la posibilidad de mantenerla sujeta, ya que el veneno de aquellos punzantes dardos inundaban su cuerpo, sin dejarle control sobre el mismo.
La Excelente Consejo, aquella arma formidable, cayó al suelo, mientras gritaba a su dueño que la recogiera, que la usara, que acribillara con sus balas inteligentes a quien le había hecho daño.
Sin embargo, su dueño no reaccionó, y a los segundos, una sombra se plantó frente a él, con un extraño cañón en su mano, negro, dentado, el arma más mortífera que se había visto, con ciertos brillos verdes relampagueantes...

- Po... Por qu--é...
- Adiós - dijo la sombra, mientras levantaba su cañón apuntando a la cabeza del hombre.

Entonces, su arma, su compañera, que yacía a su lado, sólo atinó a decir  una cosa a su dueño, antes de sentir aquel lacerante sonido nuevamente...

- No estás solo.

REK.


jueves, 10 de marzo de 2016

NO-Verso Nº 6

NO-VERSO Nº 6
La Carta en el Espejo

Dos entes conversaban casi forzosamente en un lugar. La mayor de rostro pálido y abultado cuerpo, miraba a la otra de vez en cuando, como si sólo con ese hecho le indicara que le estaba prestando atención, aunque a ciencia cierta no era mucha la atención que le prestaba realmente. La más joven, de cabellos alborotados, extrañas vestimentas, y un singular globo en forma de pez flotando en su izquierda amarrado con un cordel, miraba entusiasta a su compañera, pero siempre se encontraba con una mirada fría, con ojos cansados y apagados, muy diferentes a los de ella, alegres y llamativos.
Se encontraban en un mundo lleno de ventanas, escaleras, y niebla, un mundo frío, lúgubre, que no evocaba ningún sentimiento de felicidad, por mínimo que fuera. Eran los dominios de la primera, la mayor de las dos, y la segunda, la joven, se sentía extraña en aquel lugar, pues era todo lo opuesto a lo que ella estaba acostumbrada: colores, a veces sin sentido, bullicio, formas sin ser formas, todo abstracto y sin razón.
Aquel mundo de los espejos les mostraba a ambas diferentes situaciones en cada uno de los espejos, que más bien parecían ventanas, como pantallas hacia otros mundos muy distantes, o quizás muy cercanos, quién lo sabría en realidad? En cada una una de aquellas ventanas mágicas, se vislumbraban realidades diferentes, personajes diferentes, incluso a veces animales. La más joven se preguntaba, por ejemplo, si los perros se mirarían a un espejo, y de ser así, qué pensarían de la imagen que verían? Sabrían que son ellos? Imaginarían que es otro animal distinto?...

- Pregúntaselo al tuyo - susurró la más vieja, que no era vieja, sino solamente mayor a la joven, aunque ambas eran lo suficientemente viejas como para saber que eran viejas las dos. Y mucho.
-  Eh? Oh, sí! Verdad que tengo uno, le preguntaré - respondió la joven sonriendo, sin reparar que su contraparte había respondido a algo que ella sólo estaba pensando, no diciendo. Mientras, su interlocutora seguía con la vista fija en una de las ventanas.

La más joven se preguntaba qué estaría viendo, y se acercó a ver. Pero, quizás, ella vería una cosa diferente, la verdad nunca había entendido cómo funcionaba el tema de las ventanitas mágicas, y la verdad sea dicha, nunca se lo había preguntado a su hermana, la mayor, ni a ninguna otra, ni siquiera cuando su hermana era su otra hermana, muchos eones en el pasado. Pocas veces se inmiscuía en los asuntos de su familia, prefería la soledad, aunque su existencia distaba mucho de ser solitaria.
Para evitarse problemas, y no sonar a que se metía en asuntos que no le incumbían, la más joven preguntó:

- Qué ves en la ventana?
- Un hombre, mediana edad. Ha escrito algo, se cuestiona sobre muchas cosas. Siento su corazón, lo presiento, pero también lo siento lejos. Es extraño.

La más joven se asomó discretamente por detrás, corroborando lo que la mayor decía. Asumía entonces que ambas estaban viendo lo mismo, lo que ya era en avance.

- No es así siempre en tu mundo? O sea, sabes? Yo creía que así era, que podías sentirlos, que podías sentir como se pasaban a tus dominios, como sentías el corazón de ellos.... De una forma muy diferente a como lo siente nuestra otra hermana, digo... Ya sabes... La... eme u e erre te ... e...

La mayor la miró, pero no respondió de inmediato. Miró de reojo, y volvió a concentrarse en la imagen en la ventana. Exhaló una bocanada de aire y recién respondió.

- Siento que también te pertenece. No es raro?
- Qué ves de ese hombre? - dijo la menor, pasando por alto lo dicho por su hermana.
- Lo observo, lo siento, está pasando por una situación desagradable, molesta probablemente. Se cuestiona muchas cosas. Y tiene una carta...
- Oh, me encantan las cartas a mi! pero más me gustan los sobres. A veces escribo cosas en ellos, sabes? Pero se me pierden y luego los busco, y los busco, y los busco, y nunca aparecen. Y luego olvido lo que escribí en ellos, y luego me olvido que los escribí alguna vez... Quizás nunca los escribí...- miró a la mayor y no hubo reacción ante su breve historia carteril, así que decidió volver al tema de la carta del hombre - Y qué dice la carta? La puedes ver? La puedo ver yo? Podemos saber lo que dice ?
- Claro...


Lo sabía. De algún modo, siempre lo supe. Sólo que mantenía la esperanza de que estuviera equivocado, que fuera mentira. Pero no lo era.
Hace muchos eones, me enteré en estas mismas fechas que mi pareja me estaba engañando. Lo sospechaba, y lo confirmé. Y no estaba equivocado. Después de una relación larguísima, después de una relación donde había puesto todos los huevos en la canasta de las apuestas de la vida, donde soñaba, pensaba, esperaba y quería un futuro juntos. Sin embargo, me enteré de la peor manera de que todo eso no ocurriría jamás. Hice algo que jamás había hecho, algo que había siempre predicado en no hacer. Y lo hice, y las consecuencias fueron devastadoras. Sin embargo, al hacerlo supe la verdad, y eso siempre da cierta tranquilidad. Tranquilidad de que hiciste las cosas bien. Que no eres tu el culpable de nada. Que puedes caminar por la calle tranquilo, sin que nadie nunca pueda apuntarte con el dedo y sacarte algo en cara. Ella claramente no puede decir lo mismo. Y tu, lamentablemente, tampoco.
Mi antiguo proyecto de vida se derrumbó frente a mis ojos en la pantalla de un computador. Fue mi manera de saber que nada de lo que soñé existiría, nada de lo que pensé seria realidad, y sin embargo, no me importaba ella, si no yo. Era mi futuro el que se desmoronaba frente a mis ojos, no el de ella. El de ella claramente me importaba un rábano, a esas alturas, claramente yo no iba a formar parte de el, por ende no me tenía que importar. Ni tampoco doler. Pero mentiría si  dijera que lo esperé, o que pensé que ese sería el final. 
Hoy es distinto. Asumí hace tiempo que era cosa de, justamente, tiempo, de que supiera la verdad, Pero nuevamente pierdo esperanzas, nuevamente pierdo los sueños, y hoy, más viejo, ya no me queda tiempo. Tiempo perdido, es lo único que me queda en todos estos años de vida. Tiempo perdido con personas que quizás en su momento pudieron valer la pena, pero que al final en la raya para la suma sólo fueron nada. 
Aquella vez anterior fue un proceso rápido, cosa de días, me enteré de la verdad una fecha donde todos celebran sus amores, mientras yo maldecía el mío. No lloré, me prometí no hacerlo, y no quería tampoco. El proceso fue rápido en todo sentido. Y no porque no amara, no porque fueran mentira mis sentimientos, sino que con la rapidez que supe todo, me sirvió para arrancar de cuajo todo lo que tenía en mi magullado corazón.  No digo que fuera fácil, o sencillo, sólo fue rápido, y con mucho menos dolor del que debía. La rabia ayudó? Probablemente. Nunca más supe de ella, ni a lo largo de los años me la he encontrado otra vez como para siquiera poder esquivarle la mirada, o para negarle el saludo, o para lo que fuera. Es mejor así, supongo.
Ahora es distinto. Ha sido un proceso largo donde me han mantenido drogado con mentiras, con falsedades, con una relación que no existe hace dos años, una relación que sé que no existe, pero que me negaba a creer o a asumir, y seguía pensando en que sí sería realidad, que sí serían realidad mis sueños, supuestamente nuestros sueños. Ahora, frente a los hechos, comprendo muchas cosas, o más bien me da la razón en lo que siempre pensaba y siempre callé, o evité decir, o nunca pensé en decir. Algunas veces lo insinué, pedí honestidad, pero me daban aspirinas, yo lo sabía, pero mantenía mi sueño. Como dije, era una droga. Y por experiencia, se que las drogas del corazón hacen daño en el futuro.
Por qué mantener la mentira por tanto tiempo? Todas esas veces que dijiste que me amabas, y no era cierto, qué sentías en realidad? A veces me pregunto estas cosas, pero se que jamás obtendré respuesta, y si la hubiera, no tengo certeza de que quisiera escucharlas. Ciertamente ya no tendrían ningún sentido, no?
Siempre he pensado, y lamentablemente la vida me lo ha demostrado, que las personas que más huevean a sus parejas de que los están engañando, que "quién es esa persona que te habla", que "esto y lo otro", que "porqué no te acuestas temprano", que "con quién estás", lo hacen no porque sea verdad, o porque haya algo realmente malo, sino que porque ellos mismos son capaces de hacer eso, y lo hacen, y por ello intentan culpar a la otra persona. Cuántas veces me dijiste cosas así, mientras estabas con el otro? Muchas, me imagino. Pero siempre lo niegan, claro está. Sin embargo, como dije, el tiempo me ha dado la razón. Y ahora, tú me la vuelves a dar, y quizás eso sera lo único que en realidad me diste de razón.

Recuerdas cuando te decía que eras mi mundo, que eras mi proyecto a futuro? No es que ahora crea que te importara, claramente no, pero lo recuerdas? Pues de mi parte era verdad. Pero claro, quién va a querer compartir el futuro con un tipo feo, con algunas canas en el pelo, que incluso ya se nota que esta quedando medio pelado? Nadie, si le sumamos lo "gruñón"... Pero, pese a todo, los sentimientos eran de verdad. Eran. Ya no. Gracias a ti ya no existen, o pronto dejarán de existir. Sólo quería que recordaras las muchas veces que te dije esas cosas, y las mismas veces que tu me respondías que sí, que todo sería así. Já!. Mentiras, como siempre. Mentiras que no entiendo para qué. Cuál es la razón de mantener un tipo ilusionado por dos años? Por gusto? Porque podías? Porque simplemente no te importaba? Quién sabe. 
Cuando nos conocimos, tú sabías la historia que había vivido anteriormente, donde me habían abandonado sin explicaciones, donde me engañaron siempre, pues siempre fui sólo un segundo plato, yo sin saberlo, aunque muchos lo decían y a veces me lo decían.  Y aún sabiendo ésto, haces lo mismo, las dos veces. Qué piensas de ello? Probablemente no pienses nada, pues debes estar feliz, en tus vacaciones, unas vacaciones que nunca me dijiste que existían, pero que ahora entiendo por qué no lo hiciste. Qué pensarás al leer esto? Nada tampoco, ni siquiera quiero una respuesta. Las verdades ya las sé. Sé que me fallaste, se que me decepcionaste, sé que me engañaste, que me mentiste. Quien va a querer saber nada más así? Yo al menos no. Ya mucho te rogué, te busqué, por un mundo que no existía, y que ahora me doy cuenta de eso. De la peor manera, de una manera triste, he de decirlo, pero mejor saberlo, aunque hubiese sido mejor saberlo de ti. Pero no te dio la valentía...
Recuerdas cuando me decías, injustamente, que no creías que yo fuera capaz de amar, por las cosas que habías leído de mis propios textos? Me decías que yo no creía en el amor, por ende no podía amar. Lo recuerdas? Recuerdas que yo te respondía que aquello era injusto, pues eran textos, no una forma real de sentimiento? Qué pasa ahora? Cómo voy a creer en el amor, en tú amor, después de lo que me has demostrado? Lamentablemente, hoy o mañana, el Destino siempre nos termina dando la razón. Y las cosas comienzan a conjugarse y a entenderse.
Ahora es cuando las cosas cuadran, cuando las cosas calzan como se deben. Por eso no venías, por eso evitabas las cosas que hacías antes, por eso siempre evitabas el tema. Porque simplemente no podías, pero mantenías la farsa. Cómo explicarle a la otra persona que venías? No podías. Por eso no me agregaste en la red, porque no podías arriesgarte a que yo viera cosas, o que escribiera algo incomodo y ese "alguien" se enterara de una realidad que le es negada, la desconoce.  Por eso ahora desapareciste, porque era lo más fácil, arrancar, disfrutar tu descanso no conmigo, sino con otra persona porque no podías estar dándole explicaciones, y a mi me las negaste...
Pero no seguiré en ello... No tiene sentido... La verdad siempre sale a la luz, aunque uno tenga que buscarla dentro de la oscuridad. Ahora qué espero? Nada... Sólo relajarme, y como dijo Lucifer, quizás me siente en la arena de una playa a ver la puesta del sol, a contemplar lo maravillosas que son, quizás toque el piano en un pub, o quizás simplemente me ponga a escribir, y a olvidar...


- Jajajaja - rió de buena gana la más joven- aunque me da pena, me da un poquitito de risa, no?... No??
- Su corazón debería estar desgarrado, debería ser mío... Pero no.
- No es de ninguna de ustedes, queridas -  una voz ácida se escuchó de pronto tras las hermanas que contemplaban a aquel hombre de la ventanita
- Hermana/o, saludos -  dijo la mayor de las otras dos, con el ceño fruncido.
- Saludos, hermana gemela. Saludos, niña - dijo dirigiéndose a la más joven, y esta rehuyó la mirada - Pasó por todos los estados... Desesperación, locura, amor, desamor... Pero ya no pertenece a ninguna.
- Y entonces? - inquirió la menor.
- Con el Pródigo...
- Con "él"? - preguntó la mediana, con los ojos muy abiertos, asombrada.
- Y qué hace? - dijo la joven.
- Ahora? Simplemente destruye lo poco que le queda, para plantar cara al mañana...

Los tres personajes se quedaron en silencio, hasta que se apartaron de aquella ventanita mágica, y dejaron de observar a aquel hombre, quien se ponía de pié para iniciar su nuevo rumbo de vida...

REK.



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sábado, 27 de febrero de 2016

NO-Verso Nº 5

NO-VERSO Nº 5

La Ausencia de las Herramientas

Un joven estaba sentado sobre un banco de cemento y ladrillos, en una pequeña plaza, donde habían juegos infantiles, adyacente a una carretera. Era un caluroso día de verano, y la alta temperatura no había dado tregua a los habitantes de la ciudad.
Los autos pasaban raudos por aquella carretera, mientras algunos niños jugaban entre los fierros de aquellos juegos infantiles, los que estaban a la sombra de los añosos árboles, claro. Los que quedaban al sol, no los ocupaba nadie. El joven no prestaba atención a lo que sucedía a su alrededor. Estaba bajo la sombra de uno de los grandes árboles, en aquel banco de material duro, pero que le pareció cómodo como cualquier otro. La verdad, el lugar era lo menos importante para él. Lo realmente importante estaba en su mente, y en su corazón.
No lo estaba pasando bien, eso estaba claro. Estaba sumergido en sus pensamientos, con la mirada perdida, sin ver nada, ningún punto, ningún árbol, ningún niño jugando, absolutamente nada. Nadie le prestaba atención tampoco. Los niños estaban preocupados de sus juegos, y las mamás de los niños estaban preocupados por sus hijos. Nadie miraba a aquel joven cabizbajo.
Ropa negra y gris, polera blanca, pelo un poco largo, con algunas canas, un papal en la mano, y un tatuaje en una de sus manos. Nada del otro mundo, probablemente como existan miles como él.
De vez en cuando alzaba la mirada, pero sin mirar algo, pero como mirando un punto fijo, como que si en su mente viera algo. Serían sus recuerdos? Serían sus vivencias las que recordaba mirando así? Nadie se fijaba en él, como para preguntárselo, y si alguien se hubiese fijado, probablemente no le hubiese importado en lo más mínimo. Quién podría preocuparse por el? Sólo él, quizás.... o no?
Pasó el tiempo. Cuánto? No supo. Pudieron ser minutos, o pudieron ser horas. La verdad no lo sabía. Sólo notó el paso del tiempo cuando el calor disminuyó un poco, cuando las sombras se alargaron en el suelo caliente de la plaza, y cuando los niños abandonaros sus juegos, ante los llamados de sus madres que los llamaban a distintos menesteres y debían volver a sus hogares. Se quedó solo, pues, aunque eso en realidad no le importaba. El mundo exterior le importaba poco siendo honestos.
Estaba tan sumergido en su mundo abstracto creado por sus recuerdos, que no se dio cuenta cuando alguien se le acercó y lo saludó.

- Hola!... Hola?...
- Eh?... Hola...

Aquel saludo no fue ni remotamente amigable, ni mucho menos cordial. Su interlocutora así lo notó, pero no le dio importancia y siguió con su sonrisa en el rostro, de lo más jovial.

- Cómo estás?
- Quiero estás solo...
- Eso se nota, sabes? Pero aún así, podrías ser amable y responderme. No cuesta nada, ser amable. - sonrió la mujer al decirlo.
- Ahm... Tienes razón, disculpa - dijo el joven, quien recién enderezó la vista para ver quién le hablaba y se quedó sorprendido de ver que se trataba de una mujer joven, con cabellos alborotados, algo pálida, vestida de negro y con una polera de algún grupo de rock.
- Terminó la inspección? - coqueteó la muchacha.
- EH?? No, no... Nada que ver, lo siento. Hola! Qué tal estás?
- Ves? No cuesta nada ser amable. De hecho, cuesta lo mismo que ser desagradable, pero tiene mejores beneficios... Y sí, estoy. Gracias.

 El joven se volvió a sentar, aunque ya lo habían sacado de sus pensamientos, tampoco es que desconociera lo simpática de la joven que se encontraba con él. Y aunque su mundo ahora era otro, al menos, quizás, le serviría distraerse un poco con una conversación llena de absurdos y sin intenciones.

- Eso espero, aunque igual no conseguirías nada - dijo la joven, sonriendo, mientras el joven la miraba boquiabierto - Oh, me descubriste. Sí, leo la mente... No, mentira, bobo!
- Já... Ya me parecía... Aunque...
- Nada de aunque. Qué haces?
- Pienso.
- Más bien recuerdas.
- Lo mismo.
- No.
- No?
- No.
- Ok.

Guardaron silencio los dos. Hasta que la joven caminó unos pasos por aquel caminito de grava. Entonces él dijo:

- Te vas?
- Claro, qué quieres que me quede? tengo cosas que hacer, y si no me vas a tomar en cuenta, pues prefiero seguir con ello, no crees?
- Te vuelvo a pedir disculpas, estoy en otro mundo la verdad. Siento no haberte prestado atención. Aunque es raro, nunca pasan estas cosas.
- Claro que no.
- Entonces?
- Si pasaran sabrías como comportarte y como prestar atención.
- Tienes razón- respondió el joven, mientras sonreía.
- Ey, te saqué una sonrisa... Es algo, no?
- Sí, gracias.

Entablaron una pequeña conversación, hablando del clima, de las fechas, de cosas que la verdad no tenían importancia. Sin embargo, se notaba a leguas que los pensamientos y recuerdos de él estaban muy fuertes en aquella tarde, por lo que ella se decidió a indagar sobre eso. Mal que mal, a eso había ido... Sin embargo él rehuía el tema, aludiendo a que era algo personal, que a ella ni siquiera la conocía como para estarle contando cosas.... Sin embargo, la chica se mostraba tan simpática, y en realidad desinteresada, que al final conversaron sobre lo que tenía al joven tan hundido en si mismo
Fue una conversación intensa, sincera, desde lo más profundo del alma del joven, aunque no esperaba que fuera así, la misma personalidad de la mujer lo envolvía y lo animaba a seguir hablando, de su vida, de su decepción, de su pena, de su rabia. De todo lo que le pasaba en aquellos momentos complicados. Ella lo escuchaba, de vez en cuando lo miraba a los ojos cuando relataba sus cosas, con una sinceridad inusitada. Sentía la tristeza y la ira de aquel ser, pero acaso ambos sentimientos no son lo mismo, expresados de diferente forma? Ella lo sabía, pero lo sabría él? Probablemente no.

- Qué piensas hacer?
- Hacer? Nada.
- No piensas luchar?
- No. Ya luché mucho. Y mira dónde me ha traído esa lucha.
- Si te rindes...
- No me rendí. Me cansé de las mentiras.
- Soy buena escuchando, sabes?
- Te conozco? - dijo el joven, como si recién le prestara real atención a la muchacha.
- En cierta forma sí. Yo los conozco a todos.
- Eres la...
- Ah- Ah- Ah-... No lo digas.
- Vienes por mi?
- Quieres dejar este mundo?
- No.
- Muy bien. Sabes? Siempre hay algo por lo que vale la pena vivir. Siempre el mundo nos ofrece una oportunidad de sorprendernos, de volver a sentir, de saber que por algo estamos en él, algo que vale la pena. A veces nos sentimos tan ínfimos en el vasto universo, pero también somos importantes, cada cual en su papel.
- Para ti es fácil decir eso...
- Para ti también debería serlo. Alguien ya lo dijo... "morir no es forma de ganarse la vida, muchacho"... Y por cierto. No venía por ti... Sólo pasaba por este parquecito, y te vi, y pensé que podrías necesitar contar cosas, y para ello necesitabas alguien que te escuchara. Y como te he dicho, soy muy buena escuchando.
- Gracias...
- Cómo sabías que yo....?
- Hay historias... Hay leyendas... Sólo algunos saben o les interesan, otros simplemente no les importa. Aunque no eres como la representan generalmente...
- Te refieres a la guadaña y la capucha cubriendo los huesos con piel? - rió de buenas ganas - He estado delgada, pero nunca tanto!! - El Ankh que ella llevaba colgado al cuello, brilló levemente.


Ella le preguntó más detalles sobre eso, y volvieron nuevamente a conversar.
Él estaba seguro que todo era un sueño. No podría ser de otra forma. Pero, presintiendo aquello, se dispuso a tratar de sacarle el máximo provecho a aquel sueño extraño, aunque muy real en su cabeza.
Conversaron de otras cosas, volvieron a tocar el tema de sus pensamientos actuales. Ella lo escuchaba. realmente era buena escuchando. Tenía las palabras precisas para todo. Tan sabia era? Era una muchacha apenas, ero claramente él sabía que en realidad era mucho más que eso. Aunque qué podría saber ella acerca de problemas cotidianos? Supuso que mucho, quizás no era los primeros problemas que escuchaba, ni serían los últimos. Sin embargo le intrigaba el motivo de por qué se había acercado a él, siendo quien era. Pero prefirió guardar sus preguntas para después. Por mientras, pensando que todo era un simple sueño, prefirió seguir las conversaciones.

- Qué le encuentras a este mundo? Crees que haya algo por lo que valga la pena vivir?
- Oh sí! Muchísimas cosas! Has probado los helados, por ejemplo? Son una delicia!
- Helados?? - preguntó extrañado.
- Sí, helados. Son una maravilla. Si no los has probado, deberías hacerlo, menso.
- Sé lo que es un helado. Los he probado. Pero son simples helados, no son ninguna maravilla. Helados, nada más.
- Es ahí donde te equivocas, ves? Por más simple que sea, un helado es algo para disfrutar, para compartir también, para saborear, para ver lo bueno de la vida en algo tan simple como un helado. Es algo que se olvida con facilidad, pero cuando por alguna razón no puedes tener eso, lo extrañas.
- De eso se trata justamente. Y no es con el helado.
- Es un ejemplo, bobo. Pero antes pensabas así. No puedes dejar de hacerlo por... digamos... "un problemita".

Ella tenía razón. Como en todo lo que le había dicho aquel atardecer en la plaza. No podía echar abajo su mundo, el que le quedaba al menos, sus ideales, sus pensamientos, sus convicciones, por un nuevo traspié en su vida. Debía intentar ser positivo dentro de su problema, tratar de ver algo bueno del mundo y aferrarse a eso para salir adelante, quizás. Nadie dijo que iba a ser fácil, pero ella lo hacía parecer como si fuera así. Había que hacer algo, nada sacaba con estar pensando en algo, en una persona, en un mundo, en un universo, que ya no iba a existir. Para qué? Sólo torturarse. Mejor era enfocar las fuerzas en salir adelante, fuera como fuera. Pasar la tormenta y que saliera luego el sol. Mal que mal, siempre era así, no? Al menos, debía ser así. Era cosa de paciencia, era cosa de tiempo, era cosa de seguir viviendo. Era cosa de vivir.
Conversaron otro poco, más que nada ya cerrando el tema, y conversando levemente de cualquier otro tema. El tiempo pasaba inexorablemente, y aquel sueño, asumiendo que eso era, se iba a extinguir prontamente, por lo que y era cosa de tiempo antes que desapareciera de su mente, y prefirió despedirse, aunque fuera en sueños, de su extraña compañía.
Las cosas estaban mejor en su cabeza. No había olvidado el problema, sólo se había enfocado en el mañana, no en el hoy. Había tomado las riendas de su vida, y en vez de lamentarse más, haría lo que siempre debió hacer, lo que siempre debió saber que debía hacer: vivir.
Ella notó el papel que él llevaba, y antes de despedirse, le preguntó por él:

- Y qué harás con eso?
- No lo sé. Nada?
- Eso lo decides tu. Ya sabes, tu vida es tuya. Vívela como mejor te plazca.
- Gracias- Espero volver a verte...
- Claro que sí. Tarde o temprano, al final los veo a todos....

Y se alejó por la calle, hasta que desapareció en una de las esquinas del sur.


REK.


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miércoles, 20 de enero de 2016

NO-Verso Nº 4

NO-VERSO Nº4


Olethros

Una vieja leyenda no muy conocida, sabida apenas por un puñado de entidades, y cuya verdad siempre ha estado en cuestionamiento, pues hay cosas en las que mejor no inmiscuirse, dice que dentro de una familia muy particular, hay uno de ellos llamado "el hermano pródigo".
La razón de tan curioso título, por así decirlo, es su abandono del núcleo familiar (aunque aquellos hermanos nunca han sido lo que una familia dicta ser, seamos claros), y abandonó sus responsabilidades para siempre, argumentando que su función, su trabajo, perfectamente se hacía sólo, no necesitaba que nadie lo dirigiera ni lo orientara.
SI hay algo que el mundo me ha enseñado, a través de los años, es que las cosas siempre siguen su curso, para bien o para mal, y que cada cual es responsable de ello, nos guste o no.  Esto, más o menos, vendría a avalar la idea anterior, de que nadie necesita estar pendiente de ciertas cosas, pues fluyen en el tiempo, se cumplen a cabalidad, no dependiendo de nadie, al parecer.
Por qué la gente se empeña en destruir las cosas? No lo sé. Está en su naturaleza, quizás. Pero siempre lo hacen. Personas que después (o antes), se quejan justamente de lo que en el futuro ellos mismos(as) hacen. O personas que piden algo que tampoco son capaces de dar, o que no están interesados en dar.
Una tarde, caminando por una poco concurrida calle, casi solitaria, me encontré con un tipo alto, contextura fuerte, apariencia un tanto descuidada, cabello largo rojizo con una cola mal atada en la nuca. Me preguntó la hora y se la dije. Miró al cielo y me dijo algo sobre el sol y la temperatura, a lo cual asentí con un movimiento de cabeza. No recuerdo cómo, probablemente haya sido lo menos importante de la jornada, pero terminamos hablando con este tipo, un largo rato, y me dijo muchas cosas que cobrarían sentido para mi tanto por hechos ya ocurridos, como por hechos que aún debían ocurrir. Me dijo que a veces se sentía ínfimo en el vasto cosmos, pero que de igual modo prefería seguir con su existencia, por buena o mala que fuera (incluso entonces me pareció raro que no ocupara la palabra "vivir" o algún derivado, pero no le presté mayor atención a ello).

- Nuestras existencias se definen por una cadena de eventos, importantes todos, que se van entrelazando, y que van acompañadas de diversos cambios, a nivel físico, mental, sentimental, etc. Y esa es la clave de todo, amigo mío, los cambios. Los cambios son parte de la vida, como la muerte, y hay que aceptarlos. Todo muta, todo cambia, y hay que afrontar esa ineludible realidad. Los cambios, por definición simple, son una destrucción de algo, para que otro "algo nuevo" exista. Nada permanece eterno, inmóvil en el tiempo y en el espacio. Todo cambia, se destruye. Y eso es así, y será así, por la vida que tenga este universo.

Sus palabras, como dije, cobran mucho sentido, incluso hoy. No se por qué me las dijo, pero tenía razón. La gente, para bien o para mal, siempre termina destruyendo, y eso produce los cambios.
Nos despedimos, lo vi doblar una esquina, y nunca más he sabido de él, o lo he visto siquiera,
No se.
A veces pienso que todo sería más simple si las personas realmente dijeran las cosas como las sienten, como las piensan. Si actuaran de acuerdo a sus principios, a sus ideas, acorde a sus pensamientos, todo sería mucho mejor.
Una vez me hicieron esperar muchos años, con promesas de amor eterno, de convivencia juntos, de felicidad, de compartir... Hasta que llegó el momento de hablar de hijos. Nunca más supe de ella.
Una mierda, claramente. Podría decir otros apelativos, pero en esta sociedad de mierda se te condena a ti por decir las cosas, y no condenan a quien las comete. Manga de cínicos.
Viví años esperando concretar una relación que iba a tener un fin incierto pero decisivo. Perdí opciones de conocer otras personas, por mantenerme firme, fiel, enamorado y por querer vivir con aquella mujer, la que me pagó como te pagan todas. Con NADA. NO me arrepiento, pero tampoco es que me guste recordar el tiempo que perdí (si, lo perdí, porque pese a todo lo vivido, sólo me quedé con recuerdos, no con algo concreto). Y tampoco es que a estas alturas ya me sobre el tiempo, hay que decirlo.
Por eso me gustaría que las cosas fueran diferentes, fueran sinceras, para saber si estoy bien, para saber que voy bien, para saber que estamos bien, para saber que vamos bien.
No quiero quedarme a mitad de camino solo, caminando al horizonte con un sol rojo murendo en la distancia.
Pero la gente se empeña en destruir. Lo que me da pie a pensar que aquel personaje que encontré en aquella calle de aquel día, y aquel ser de la leyenda, tenían razón. Pues sin un mando, sin un control, la gente, el mundo, se destruye de igual manera.

REK.

viernes, 6 de noviembre de 2015

NO-Verso Nº 3

NO-VERSO Nº3

 
El Territorio del Corazón

El amor viene de la pasión, y la pasión viene del deseo, y el Deseo siempre es cruel.
O, al menos, así reza la leyenda.
Hubo un tiempo en que él creía en el amor, en la amistad, en los sentimientos. Pero era tiempo pasado. El mundo, la vida, las personas, le habían demostrado que tales cosas no eran más que ideas que se inventaba la gente para justificar acciones, para evitar acciones, o vaya a saber uno para qué propósitos siniestros. Sin embargo, llegaría una época en que sin pensarlo, y sin quererlo, volvería a creer en muchas de esas cosas nuevamente. Para bien, o, quizás, para mal.
Si hubiese sabido en qué iba a terminar todo, es muy probable que hubiese preferido seguir sin creer, seguir sin sentir nada de aquello que volvió a sentir. Si hubiese venido alguien en una máquina del tiempo a advertirle, quizás le hubiese hecho caso. Pero nadie vino a decirle nada, ni del futuro, ni de otro mundo. Tan solo tuvo que vivir las cosas en secuencia, en vivencia, en experiencia, como todo el resto de los humanos mortales. Y había que aceptarlo, simplemente no quedaba de otra.
En un mundo de fantasía, sólo pueden existir historias de fantasía. Sin embargo, esta es, fue, o será, una historia real.
Ella era una mujer experimentada, en muchos ámbitos y en muchas cosas, pero seguía siendo una mujer, si es que se logra entender a lo que me refiero.
Él era un tipo más inmaduro, pero de simple no tenía nada. Extraña combinación, probablemente, pero con una actitud un tanto magnética, que podías odiar o amar, pero indiferente jamás te dejaría.
Ella tenía un genio de los mil demonios, irascible, irritable fácilmente, y era de las mujeres que simplemente se aprovechaban de eso para aplicar el clásico y repetido cliché de "si no te gusta, te vas", como si el resto del mundo estuviese obligado a aceptar su genio de mierda sin chistar.
Él, pese a que tampoco tenía un genio amable y cándido, era de las personas que aún mantenía un control sobre aquellas emociones, pues sabía a ciencia cierta lo que una de sus iras podía provocar. Trataba de mantenerse más calmado, tranquilo, para aplicar aquello de que "no hagas lo que no te gusta que te hagan", aunque como cualquier persona con dos dedos de frente sabe, eso es una soberana mentira.
En el mundo de las improbabilidades, ellos rompieron la regla y se conocieron. Más no fue con el ánimo de nada, simplemente conversar, intercambiar ideas, y blablabla. Ella pertenecía a una cofradía de mujeres, muy amigas, muy cercanas, que incluso se conocían en persona. Él era de otro mundo, con menos gente, pero también tenía sus conocidos en el ambiente, como se dice. Ninguno era ajeno a las cosas que en aquel mundo sucedían, buenas y malas, alegres o tristes. Sabían bien cómo funcionaba, y lo que podían esperar y lo que no. Y que a veces también traía sorpresas.
Comenzaron a conversar. Él a cortejarla, ella a ser cortejada. Y a ambos les gustaba ese escenario, les acomodaba, les hacía sonreír, sentir bien. La verdad sea dicha , quien más interés tenía en "algo más" era él. Ella simplemente se dejaba querer, y aunque algo de sentimiento le ponía a la cosa, no es que fuera algo muy primordial, o un mayor interés. Pese a ello, siguieron aquel juego de verdad, y terminaron entablando una relación de mucha cercanía, de demostrarse cariño, de quererse, aún sin conocerce como tal.
No pasó mucho tiempo en que él comenzara a insinuarle que se conocieran en persona, pero ella en un principio, si bien no rechazaba la idea, abogaba por esperar un tiempo más, pues lo encontraba "prematuro". Él aceptó eso en las primeras semanas, pero ya pasado más tiempo si bien no era una obligación, comenzó a cuestionarse el "por qué". Entonces ella, para evitar problemas, le dijo que cuando ya fuera algo concreto, con una fecha definida, lo conversaran. Y así fue. Y así fue como él llegó a sus tierras,, pues no vivían en la misma zona, y por fin se vieron frente a frente. Él estaba ansioso, ella nerviosa. Se besaron, y salieron a recorrer un poco la ciudad. Comenzaron su relación de aquella extraña forma, y su relación, y todo lo demás, siempre fue extraño, con circunstancias extrañas, secretos guardados, que si bien cuando se saben dejan de ser secretos, lo eran en un tiempo, y un largo etcétera.
Luego de conocerse, comenzaron los problemas. Y fueron subiendo de intensidad a medida que pasaba el tiempo, como cuando anuncian un huracán que va a llegar a alguna costa del mundo y avisan que va a ser trágico. En el primer momento, en los primeros momentos, el se sentía feliz, estaba con la persona que quería. Ella, simplemente seguía tal cual, dejándose querer.
Los primeros inconvenientes empezaron por dos motivos que se amarraron convirtiéndode en uno solo: la idea de él de hacer pública la relación, tratándola con palabras más "cariñosas", y la negativa de ella  sobre el tema, argumentando que si todo el mundo sabía, no faltarían los envidiosos, y envidiosas, que allí proliferaban, de hecho, y que se las arreglarían para poner obstáculos entre ellos, para que su relación no perdurase.
Sin embargo, no serían precisamente las demás personas las que serían finalmente las responsables del final de todo. Pero no nos adelantemos a los hechos.
El curso de los acontecimientos ya estaba fijado, pero nadie podía saberlo. Excepto quizás ella. Él comenzó a encontrar sospechoso que ella se negara siempre a hacer más pública la relación, aunque algunas personas lo sabían, y además ella comenzó a alejarse lentamente de él, siempre escudándose en su  mal genio y en sus reiterados enojos sin motivos. Él comenzó a descolocarse cada vez más con este tema, al punto que se cuestionó los por qué, algo que mejor no hubiese hecho. Conversando con alguien de su confianza, en aquellos tiempos, le dijo algo que él ya sospechaba, tanto por la actitud de ella, como por cosas que había visto tanto presencialmente como "escondido" por ahí: ella tenía otra relación de antes. Esto lo dejó pensativo, y aunque muchas piezas encajaban con esa información trató de no hacer problemas por ello. Se guardó su tristeza para sí, y su decepción, pues no dijo nada más a nadie.
Ella, sin saber que él ya sabía la verdad, aunque no se la hubiese dicho ella, notó un leve alejamiento de su parte, lo cual, obviamente, tomó a su favor, para alejarse finalmente ella de él. Muy conveniente.
Pasaron dos semanas en que no hubo ningún tipo de comunicación. No hubo conversaciones, mensajes, correos, nada, absolutamente nada. Ambos interpretaron que el otro no estaba realmente interesado, y no se dieron a conocer. Eso obviamente ella sabía que no era así, pues tenía más que claro que el interés de él era real y era fuerte, pero dadas las circunstancias de su vida, prefería y le convenía seguir esa línea. Él por su parte prefirió esperar a que ella apareciera, y nunca lo hizo. Eso le dejó las cosas más que claras, por si antes ya no lo eran. Y decidió entonces intentar buscarla, a toda costa. No quería perderla, quería mantenerla, retenerla, incluso "ganarla", como si fuera una especie de premio, aunque no tan burdo como tal pensamiento. Más bien suponía, sentía, que su amor era más puro y se merecía una oportunidad. Nada más absurdo y alejado de la realidad, pero lo aprendería con los años.
Todo lo que intentó no le resultó, simplemente no hubo respuesta de ella. Hasta que un día, pasado un tiempo, supo que ella venía a su ciudad, seguramente a juntarse con su pareja. Él lo supo atando cabos, y le mandó un correo, el cual ella contestó que si bien las cosas habían cambiado (más bien muerto), ella ahora estaba dispuesta a conversar con él, para aclarar todo lo que pasaba, pero que en ese preciso momento no podía porque tenía "otros compromisos". Él ya sabía cuáles eran, pero no insistió.
Se juntó aquel mismo día con una amiga, en una cita que bestaba concertada hacía tiempo, y durante la conversación no podía sacarse de la cabeza lo que estaba pasando, lo que estaba sucediendo, quizás a corta distancia incluso de él, y ésto lo notó su amiga, quien empezó a sentirse incómoda. Finalmente tomó valor, y se decidió a hablar claramente con ella, a quien le dijo todo lo que pasaba realmente en su cabeza y en su corazón, lo que sufría y se molestaba consigo mismo por no aceptar la realidad. Esta amiga, si bien se había juntado con él por un leve interés que tenía sobre él, terminó siendo casi su paño de lágrimas, lo que le bastó para perder todo interés, obviamente. Sin embargo, le dio el único consejo posible: olvidarla.
Sin embargo, aquel era un consejo más fácil de dar, que de recibir y aceptar y hacer, en definitiva.
Se transformó en una obsesión, el saber de ella, de la forma que fuera, el pensarla, el soñarla, el querer tenerla... Hasta que se dio cuenta que era una droga, que le hacía mal. Y fue entonces cuando sacudió su cabeza, sacudió su corazón, su imbécil corazón, y se la arrancó de cuajo, como quien quita la mala hierba de los jardines. Fue algo violento, pero era necesario. Y aunque el proceso fue paulatino, costoso, doloroso, terminó por ya no sufrir por ella, por no pensar en ella, y se dedicó a tratar de pasarlo bien, con sus amistades en todos los ámbitos que tenía amigos.... Amigos, aquella palabra tan vilipendiada, pero que en ciertos aspectos cobra un significado importante. Sirvieron a su propósito, lo ayudaron a que no pensara en ella. Y finalmente se sanó de todo eso, muchos meses después.
Fue justamente en aquellos tiempos, cuando ella volvió.
Por qué? Nadie lo sabe. Razones pueden ser muchas, o ninguna también. Sin embargo, era la más poderosa de las razones por las cuales una mujer podría haber hecho eso: ego. Sí, ego. Cuando ya pasó el tiempo, cuando ya las aguas se habían aquietado, cuando ya los cielos eran claros y celestes nuevamente, él volvió a ser el de antes, con sus amistades, sus conversaciones, sus bromas, y todo lo que él siempre había sido. Y ella, simplemente había vuelto a ser la gruñona malhumorada que todos catalogaban de "sociable" y que aún teniendo pareja, no conseguía tener ni la felicidad que buscaba, ni ahora la atención o el interés del que la amó y persiguió con insistencia. Y ese era el punto. Ahí radicaba todo. Como toda mujer, como todo el ego de mujer, necesitaba la atención de alguien, que alguien se sintiera interesado en ella, aunque ella no le diera ni la más mínima pelota.
Sin embargo, cuando ella volvió, no encontró lo que buscaba. Él, ya sanado de sus heridas de la última batalla, no le dio importancia, es más, en aquel entonces tenía una compañera de juegos (por decirlo de una forma, pues sólo era leseo de ambiente, jamás hubo nada entre ellos, ella era una niña mucho más chica), con la cual muchas personas juraban que eran pareja, y eso, obviamente, a ella (más bien a su ego), no le gustó.
Él no le tomó asunto la verdad, ya estaba claramente sanado de todo aquello, y su regreso, y sus intenciones, la verdad lo tenían sin cuidado. Especialmente ayudado por su pequeña amiga, quien sabiendo la historia, no dejaba que la "mala", como la llamaba ella, se acercara mucho, o no pasaba día que no le tiraba alguna indirecta o algo. Él se reía, esa pequeña lo divertía mucho. Ella comenzó a irritarse, hasta el punto que recurrió a hablarle directamente a él, de forma privada y sin rodeos... No habló de volver, pero sí dejó en claro que iba a marcar su territorio.... Él rió, y sólo le respondió:

- Recuerdas cuando hace meses te dije que eras mi perdición, y que mientras no dejara de amarte seguirías siéndolo, pero que llegaría un día en que ya no lo serías?
- Qué tiene eso que ver?
- Pues ya no eres mi perdición, puedes hacer lo que gustes.

Y dicho esto, volvió a conversar con su pequeña amiga. Y ella, a comerse su rabia, por ser ignorada por alguien que suponía podría alimentar su ego femenino, su necesidad de sentirse deseada, mirada, admirada, querida... Y pese a su enojo, pese a su rabia, siguió volviendo a aquel lugar, en espera de que un día él se fijara en ella, sólo ya por un capricho, como quien no deja algo tranquilo hasta que lo consigue sólo por el hecho de conseguirlo, o de demostrarse, o demostrar a los demás, que pudo conseguirlo. Sin embargo, todos sus intentos fueron en vano. Lisa y llanamente, no le daban pelota, como ella lo había hecho con él, tiempo atrás, pero de una forma peor y mucho más cruel.
Sus caminos se separaron, nunca más supieron el uno del otro. Y así, quizás, debió ser siempre.
Los caminos del corazón son extraños, insondables, muchos los recorren, muchos terminan su viaje acompañados, muchos terminan solos, muchos siguen los caminos sin terminar nunca de recorrerlos, muchos son felices, otros no tanto. Pero los caminos del corazón son peligrosos, y muchas veces pasamos del deseo al amor tan fácil, que nos confundimos... Y entre la confusión, y la sanación, son los territorios del deseo y del corazón. Y, a veces, es mejor no arriesgarse a recorrerlos.

REK.

jueves, 22 de octubre de 2015

NO-Verso Nº 2

NO-VERSO Nº2

La Historia Dormida en la Biblioteca.

Hay una historia que jamás ha sido contada.
Una historia que yace dormida en algún libro, y aquel libro yace dormido en alguno de los estantes, y el estante se encuentra en alguna de las muchas alas de la enorme Biblioteca de los Sueños. Y mal que mal, es allí donde debería estar una historia dormida, no?
Y como toda biblioteca, es administrada, vigilada, y llevada hasta en sus más mínimos detalles por un bibliotecario. Este bibliotecario -aunque a él le gusta darse a conocer como "administrador del lugar"- tenía ojos simpáticos, pero que demostraban muchos años de experiencia. Cuántos? No logras descifrarlo, quizás son números lejanos a tu comprensión. O quizás simplemente no puedes. Reglas? Siempre las hay.
El bibliotecario, alto y delgado como un lápiz, envuelto en un formal traje negro y gris, te recibe amablemente en sus estancias. Miras y te impresionas del tamaño del lugar. Parece interminable (y de hecho lo es). No entiendes qué haces ahí, pero tu anfitrión te mira, mira sus libros, y de pronto saca uno de un estante cercano. Se acerca y te lo entrega, al tiempo que te dice:

- Acá está. "La Historia Dormida en la Biblioteca y que Seguramente Seguirá Allí Muchos Años Más"...Si me permite, no es un título muy pegajoso, digamos... Ni mucho menos original, menos para un libro que justamente está acá. Pero sabe? Tiene su estilo- y sonrió.

Miras el libro, una extraña encuadernación, tapas duras de color azul como los paquetes de las velas, con letras rojas indicando el título que se notaba demasiado extenso para un libro. Al mismo tiempo razonas internamente, o lo intentas, del por qué te trajeron ese libro. Y entonces piensas que debe ser un sueño...
Entonces abres las primeras páginas del libro...
Se comenta en los bajos mundos, desde hace muchos miles de años, que los sueños son los que pueden darle forma al mundo. Y esto, en cierta forma, es verdad. Qué sería de una persona sin sueños? Hubiese llegado Colón a las Américas sin el sueño de viajar a las Indias Occidentales? Hubiéramos llegado a conocer lanzaderas espaciales, si los hermanos Wright no hubiesen tenido el sueño de volar?
Dicho esto, la historia comienza como todas las historias, con un lugar, y un erase una vez...
Érase una vez una ciudad bulliciosa, intranquila, de gente que pululaba de un lugar a otro, de autos tocando sus bocinas, buses transportando gente a sus casas, a sus trabajos, a sus lugares de estudio. Pero dentro de toda ésta alteración mental que producía ésta ciudad, él estaba tranquilo, y para él eran tiempos tranquilos. Sin embargo, se avecinaban aguas menos quietas en el futuro próximo. Es parte de la naturaleza, que la calma llegue antes que la tormenta, y después de ella.
Él era joven, por aquellos años, idealista, soñador. Ella unos años mayor, con más vida recorrida, y eso se notaba claramente. Se conocieron en el trabajo, un lugar extraño como para conocer gente, especialmente un lugar donde sólo un hombre era el "macho alfa" que tenía todo el séquito de mujeres supuestamente a sus ordenes y bajo sus brazos. Sin embargo, Ella nunca fue de ese grupo, y se apartó rápidamente cuando quisieron incluirla en aquella nefasta lista interminable de conquistas, por llamarlo de alguna forma decente.
Por alguna razón inverosímil, Ella y Él se terminaron conociendo en aquel ir y venir de gente, de personas, de jefes, de empleados, de clientes y de reuniones. Un par de conversaciones, un par de sonrisas a escondidas, y decidieron juntarse en otro lugar, donde podían estar más tranquilos, sin los ojos observadores de todo ese montón de viejas cahuineras, ni de jefes molestosos que insistían en que la norma "no involucrarse con compañeros de trabajo" debía cumplirse, haciendo la vista gorda de todas las "conquistas" que el jefe llevaba a cuestas. Era una parte simple y dura de aquel llamado con justa razón, un trabajo de mierda.
Una tarde soleada, se juntaron en un parque de aquella ciudad. A su alrededor corrían niños jugando, padres, madres, hermanos comentando cosas, parejas caminando tomados de la mano, prometiéndose amores eternos que con toda seguridad serían más que efímeros, la bulliciosa locomoción colectiva, pero nada de eso los interrumpía a Él y a Ella. Estaban cómodamente conversando a la sombra de uno de los añosos árboles del parque, capeando el calor, disfrutando de la compañía del otro.y
Fue algo rápido, pero formalizaron la relación en aquel momento, y es que tampoco había que esperar más. Ambos eran adultos, no le debían explicaciones a nadie, así que por qué no? Y se hicieron pareja, bajo la sombra de los añosos árboles.
Su relación comenzó así, y así se mantuvo en el tiempo. Comenzó bajo el alero de aquellos árboles, y se mantuvo en silencio por las restricciones laborales impuestas. Aunque se sabía que aquello no duraría para siempre. Ocurrió la primera vez que pasaron la noche juntos (habían pasado tardes o mañanas juntos, pero no una noche durmiendo bajo el mismo techo), y al día siguiente se fueron juntos al trabajo. Eran compañeros. Nada tenía de malo llegar juntos. Pero lo tuvo. Y lo sabían. Pero no les importaba, en realidad. A quién le hubiese importado?. Pasó lo que tenía que pasar, bajo la tutela de un tipo déspota y "patrón de fundo", y Él fue despedido (obvio, Ella no, Ella era la "carne" a comer, no Él). Pese a la injusticia, y el problema de acoso que aquello involucraba, no se hicieron problemas. Mal que mal, Él la tenía a Ella, no la tenía nadie más, hiciera lo que hiciera, pasara lo que pasara.
Hubo gente que probablemente pensó (planeó), que al separarlos en el trabajo, se terminarían irremediablemente separando en su vida normal. Y no era absurdo pensarlo, de hecho. Vivían en sectores extremos y distantes de la ciudad, no podrían verse todos los días como antes, lo que en cualquier caso iría disminuyendo el amor hasta hacerlo desaparecer completamente, ante la falta de apego, de verse, de tocarse... Pero no fue así, y seguramente fue un balde de agua fría que cayó sobre unos cuantos personajillos de ese vil trabajo (uno en particular), algo que a él no le importaba en lo más mínimo. Aunque claro, en su más interno pensamiento, una efímera y virtual sonrisa aparecía cuando recordaba el tema.
A veces Él la iba a buscar al trabajo, su antiguo trabajo también. La esperaba en una esquina, donde antes conversaba con su grupo de amigos del trabajo en los horarios de colación. La esperaba un rato, hasta que comenzaban a salir las demás mujeres de la sección donde ella trabajaba. Salían cuchicheando y comentando sus trabajos, su día laboral, sus cosas de mujeres - cosas supérfluas, sin trasfondo, inertes -, y al verlo a Él parado en aquella esquina, sabiendo que iba a buscarla a Ella, se acercaban aún más y se decían cosas por lo bajo, seguro copuchando sobre su presencia y sobre su relación, y a veces reían, otras veces sólo pareciera que lo notaban y ya.  Cuando pasaban cerca de Él, lo saludaban, sonreían de manera maliciosa, y seguían su camino. Él las saludaba caballerosamente (a algunas, a otras las ignoraba), y se reía internamente de lo que tan simple visita provocaba. Sin embargo, lo que más risa le daba, y lo demostraba siempre que podía, era la reacción de aquel ogro sicótico y acosador disfrazado de jefe, aquel patrón de fundo que no pudo soportar que una de sus "ovejitas" no quisiera ser parte de su rebaño y se fuera con otro. A veces aparecía aquel siniestro personaje a la salida del trabajo, sobretodo cuando alguna de las viejas copuchentas le iba a decir que Él estaba afuera. ÉL lo ignoraba, pero de reojo miraba y sabía que lo observaban. Al final Ella salía, y sonriendo feliz de la vida salía casi corriendo y lo abrazaba y lo besaba. El otro, el maldito ogro, se entraba refunfuñando, o comentando imbecilidades a sus seguidores tan tontos como él.
Ellos, simplemente, se iban juntos
Nada fue como se dice, color de rosa, ciertamente. Hubieron altos y bajos, aunque nunca una pelea mayor, s´polo simples discusiones sobre la forma de ver la vida. Algo lógico, eran hombre y mujer, no eran exactamente de la misma edad, habían tenido en sus vidas realidades diferentes,  etc. No tenían por qué pensar lo mismo, de hecho. Sin embargo su relación se volvía día a día más sólida. Hasta que llegó el momento en que decidieron vivir juntos. No era algo menor, especialmente para Él, que debía abandonar su casa, pues Ella seguía donde siempre, pues se habían agenciado un terreno cedido por los padres de Ella, y allí construirían su humilde casa en la pradera. Y así fue, con el tiempo se construyó, se amobló, y se ordenó. La Casa Nueva de Tito Fernández sonando de fondo, mientras ambos sonreían felices...
Pasaron el tiempo, las estaciones, los meses y los días, y un día pasó lo que nadie esperó que pasara: el antiguo trabajo de ambos, dónde ya sólo trabajaba Ella, se terminó. Sin ahondar en los detalles, simplemente se terminó. La última vez que Ella vio a ese tipo aprovechador, fue en la final donde iban a pagarles sus finiquitos de trabajo, en una Notaría, Se quiso hacer el simpático, y abusando nuevamente de su puesto y su cargo, aunque ya de eso no quedaba nada, quiso pasar de los primeros, saltándose la fila establecida. Entonces Ella lo increpó, y tratándolo como a cualquier persona, le dijo que hiciera la fila como cualquier pelagato de la empresa, que los puestos, rangos y cargos, ya no existían y él simplemente era "un hueón más". Los ojos del tipejo, otrora patrón del fundo, se abrieron desmesuradamente, y la rabia le carcomió el ser, pero Ella estaba en lo correcto, y se tuvo que comer todas sus posibles respuestas. La risa burlona de Ella, y de algunas compañeras "opositoras al régimen", no se hizo esperar. Y fue la última vez que se supo de él. Esperamos sinceramente que pague sus aprovechamientos.
Ambos tenían otros trabajos, como cualquier pareja, y se veían en las mañanas, en las noches, y los fines de semana trataban de aprovecharlos al máximo. Estaban en casa, salían a dar una vuelta por los verdes campos que rodeaban los barrios donde vivían, iban al supermercado a pasar el día mientras hacían las compras necesarias, jugaban con los hermanos de Ella, en fin. Siempre había algo que hacer en aquella casita, o fuera de ella. Alimentaban su relación con pequeñas cosas, tratando de no caer en rutinas, aunque siempre eso es inevitable. Hay rutinas absolutamente necesarias, o inevitabbles, y así es la vida, no se puede cambiar todo en este mundo. Hay reglas. Siempre.
Pasaron los años, y su relación seguía inmutable en el tiempo. Se amaban, y querían estar juntos para siempre. Lo clásico de las parejas jóvenes, que a veces ven con ojos soñadores este mundo, un mundo por lo general más complicado y más cabrón que los propios sueños nos puedan enseñar.
Una de las viejas reglas, es que nada es eterno. Acaso algo lo es? Como dice alguien por ahí - en otro escrito, quizás en la misma biblioteca esté ese ejemplar - nada va a durar más allá de ésta versión del universo. Es una de las viejas reglas. No puedes hacer nada. El universo está sustentado por ellas. Más allá de las leyes físicas, gravitacionales, y la termodinámica, están las reglas. No existe nada sin ellas. EL mundo, una estrella, una árbol, tú, yo....
Un día, un mal día, Él llegó de su trabajo. Aún era de día, estaba claro. Había sol, de hecho hacía calor aquel día. No encontró a nadie en casa, lo cual no era novedad, pues Ella salía más tarde del trabajo. Dejó la mesa preparada para tomar once, y se fue a comprar el pan. Se demoró un poco, ya que fue a una amasandería más lejana pero que vendía mejor pan que los clásicos negocios cercanos. Volvió y Ella ya estaba en casa. La saludó cariñosamente y con una sonrisa, pero notó algo raro en ella, algo no habitual. La sintió como distante. Trató de no darle importancia, quizá sólo era cansancio, por lo que fue a dejar el pan a la mesa, y a poner el hervidor nuevamente para calentar el agua y servir la once. Cuando estuvo todo dispuesto, ella le dijo que tenían que hablar -esa maldita, maldita frase-.La cabeza de Él se llenó de miles de opciones en tan sólo una fracción de segundos. Miles de ideas se le cruzaron por la mente, desde las más posibles, a escenarios casi catastróficos o apocalípticos, desde simples problemas de convivencia fácilmente solucionables, hasta problemas de dinero que quizás no eran tan simples de resolver. Un caleidoscopio de ideas, en apenas una fracción  de tiempo. Asintió con la cabeza, en silencio. No atinó a nada más.
Dando el clásico rodeo de palabras bonitas y tratando de no herir suceptibilidades, Ella dijo en síntesis, y en definitiva, que su relación se acababa, así como hiciera años había empezado. Él, por su lado, sólo se mantuvo en silencio, la dejó hablar, la dejó que se expresara, a ver si dentro del conglomerado de palabras que le decían, había alguna frase que cobrara sentido a todo lo que estaba escuchando. Pues, para Él, nada lo tenía.
Se quedó impávido, sin reacción. Ella completó su exposición con un par de frases más, pero que para Él no significaban nada, ni siquiera las escuchó. Ella guardó silencio, y Él sólo atinó, pese a todo lo que le habían dicho, a preguntar "por qué?". Nuevamente Ella empezó con la palabrería clásica, y él la interrumpió, pidiéndole las razones claras y precisas, las cuales sin embargo, no llegaron. Él se quedó nuevamente en silencio, sintiendo como su pecho se apretaba, como sus sentimientos de pronto no valían nada - y no sería ni la primera ni la última vez que sentiría lo mismo . sintió que todo lo que había hecho, dicho, demostrado, no había servido absolutamente de nada.
Después de un rato, y de tratar de encontrar una respuesta satisfactoria, que no llegó, se decidió a lo que jamás había pensado que tenía que hacer: irse. Se dio la vuelta, fue a la pieza, sacó sus documentos, plata y llaves de la casa, y se paró frente a ella, quien lo miraba en silencio, con los ojos llorosos, pero no lo detuvo. Sólo le dijo que lamentaba la situación pero que las razones ya estaban. ël, en silencio, se despidió de ella a la distancia, y cerró la puerta tras de sí. Lo inundaron muchos sentimientos, pena, rabia, ira, tristeza, incomprensión, pero sobre todo desgano. Como quien termina un partido de football extenuado de tanto esfuerzo. Su cuerpo hasta olvidó que no había comido nada. Dejó, por unos cuantos kilómetros, de sentir.
El camino a casa fue de análisis, de más sentimientos encontrados, de más tristeza. Llegó a casa en silencio, no dijo nada a nadie, y nadie le preguntó nada tampoco, todos suponían, o sospechaban, que algo había pasado.
Estaba tan cansado, cansado de todo, que pese a todo, se durmió temprano, y así fue mejor todo. Todo siempre es mejor, después de un buen descanso. Analizar más? Ya no valía la pena, simplemente había que vivir, o sobrevivir, nadie moría de amor, pese a que un libro indicara hace muchos años que un niño perdió los estribos y murió por ello. Qué tontería!
Se verían una vez más, pero fue sólo un protocolo. De ahí, a la eternidad sin saber nada más.

Terminas el libro, lo cierras, lo apartas de ti, y se lo devuelves a tan singular bibliotecario, quien te mira sonriendo yacercándose a ti, te dice en voz baja, como comentándote un secreto...

- Quizás, en realidad, lo único eterno sea eso...

REK.

domingo, 4 de octubre de 2015

NO-Verso Nº 1

NO-VERSO Nº 1

Un capuchón, un libro y una cadena.

Era un lugar extraño, parecido a un jardín, pero a buenas y a primeras se notaba mucho más grande que eso, mucho más vasto, casi infinito.
Había innumerables caminos y bifurcaciones y senderos y ramificaciones, que a veces llevaban nuevamente al camino principal, pero que otras veces se desviaban y no se sabía dónde llegaban. Y en éste lugar tan peculiar, había una especie de castillo, una ciudadela, enorme, que era fácilmente distinguible desde lo lejos. Dentro de ella, personajes como fantasmas atendían en sus necesidades a tres seres - porque no se sabía si eran personas como tal, o algo diferente -, llevándoles cosas de beber o comer.
 Uno de éstos personajes vestía un antiguo traje gris, como una sotana larga que llegaba hasta sus tobillos. Su cabeza estaba metida dentro de un capuchón pegado a la ropa, y del mismo color que las ropas, y siempre estaba en sombras su rostro, que no podía distinguirse. En una de sus manos llevaba un gran y - al parecer - pesado libro, el que estaba atado a su muñeca por una cadena y unos grilletes, que cada vez que movía la mano u hojeaba aquel libro, sonaban las cadenas en un leve chinchín. Su aspecto general era como la de un viejo monje sacado de alguna polvorienta y antiquísima abadía, ubicada vaya saber dónde.
 Las otras dos personas eran ancianos, hombre y mujer, y estaban sentados frente al personaje de la capucha, con expresión atenta en sus ojos, como si fuesen a escuchar algo muy importante, quizás lo más importante de sus vidas. Ambos se miraban de vez en cuando, sin saber a ciencia cierta el por qué estaban allí, y quizás buscando esa respuesta en el otro, aunque era una respuesta que no tenían ninguno de los dos. Todo lo que sabían era que estaban allí, sentados en una mesa frente a un ser parecido a un monje, en una ciudadela grisácea en un jardín interminable lleno de caminos. Tampoco sabían quién era el tipo del libro, que desprendía un leve olor a biblioteca por las noches, a polvo y a "tiempo". Tampoco sabían qué lugar era aquel, salvo que parecía jardín, y tampoco sabían dónde estaba ese lugar. Sólo recordaban estar allí, y ni siquiera ellos se conocían entre si. Se miraban sin saber quién era el otro. Por extraño que pareciera, estas circunstancias no los perturbaban, como si todas esas respuestas no fueran importantes, o al menos no tan importantes como lo que el de la capucha les iba a decir. Pero cómo sabían eso? Tampoco les importaba en lo absoluto. Sólo lo sabían, y ya.
 Cuando los dos invitados estuvieron listos, servidos y satisfechos, y los sirvientes como fantasmas se retiraron del salón, flotando por el aire como humo llevado por el viento, el ser vestido de gris abrió su libro - el cuero y el papel sonaban de una manera singular al ser movidos por los delgados dedos del extraño anfitrión -, y comenzó a hablar firmemente. Su voz se sintió como el raspar mutuo de las hojas y de las cubiertas de los libros por las noches, cuando las bibliotecas están cerradas y vacías, y los libros comienzan a leerse unos a otros.

- Fue hace tiempo, mucho tiempo. Se conocieron en un verano, aunque en efecto se habían visto antes, pero no se prestaron atención. Cuando se conocieron, ambos supieron casi al instante que algo fuerte, algo poderoso, algo importante iba a salir de aquella primera visita de él a la casa de ella. Y así fue, después de todo, pues en poco tiempo ella y él se convirtieron en grandes amigos. Lo pasaban bien. Y eso se notaba.

 Mientras escuchaban, ambos ancianos trataron de ver el rostro de aquel extraño ser., algún rasgo, algo que les permitiera asociarlo a "alguien", una persona, un ser humano. Pero era imposible. Las sombras siempre lo impedían. Quizás ni siquiera había un rostro que mirar, y sólo existía una profunda oscuridad. No podían determinarlo. El ser del capuchón observaba mientras relataba, y sabía, percibía, las sensaciones que provocaba en aquelos dos oyentes de su historia, sabía de sus dudas y de sus intenciones. Pero el de la capucha se mantenía inmutable, sin demostrar nada, ni siquiera en la voz, que era lo único que aquellos seres podían captar de él, a excepción de sus ropas y sus manos. Su rostro seguía en la sombra del entorno y de la capucha, a salvo de cualquier ojo escudriñador. Y así, prosiguió su relato:


- Su amistad siguió creciendo con el tiempo. Compartían tardes, noches, mañanas. Salían, caminaban, reían y jugaban. Todo parecía ir cada vez mejor. Pero su amistad no era la única, y eso había que tenerlo en cuenta. Habían dos personas más, dos hombres, que pertenecían a este grupo de amigos. A pesar de todo, se llevaban bien entre todos, y compartían también entre todos. Pero dicen que nada es Eterno, y un mal día llegó algo que hizo cambiar radicalmente aquellas amistades, a aquellas personas, y no pudieron evitarlo, como si el mismo Destino estuviese en su contra y lo hubiese querido así.

Los dos ancianos se sintieron extraños al oir nombrar al Destino en aquel relato. Ambos creían, a esos años de sus vidas, que el destino como tal sí existía, que había una fuerza invisible y poderosa que guiaba los hilos de las vidas de la gente y que los hacían vivir las vidas que vivían, aunque siempre conservando de preferencia los aires de libertad o de libre albedrío. Sin embargo siempre lo habían pensado o imaginado como una idea, un alma, incluso hasta un espíritu, algo inmaterial y sin forma. Pero ahora se preguntaban si el Destino podría ser un ser, una persona, quizás con la apariencia de un viejo monje como el que tenían en frente, con sus manos huesudas recorriendo las hojas de aquel libro encadenado a su muñeca.

- Cuando empezaban a conocerse mejor, ella repentinamente tuvo que hacer un viaje, un largo viaje. Iba fuera de su país natal, lejos de su gente cercana, quizás por casi un año. Como era de esperar, a ninguno de los tres hombres que eran sus amigos les cayó bien, ni mucho menos les hizo gracia, la noticia de aquel viaje, especialmente a él. El viaje llegó sin tiempo a nada, y tuvieron por obligación, o por aquel destino, dejar de verse.

 La anciana se sintió de pronto un poco incómoda, aunque sólo fue un instante. Miró a su improvisado compañero pero no hubo reacción en él, por lo que volvió a escuchar las palabras rasposas de aquel extraño.

- La carta fue el nuevo y único método de comunicación que les quedó, y ayudó a afianzar la amistad entre El y Ella. Durante aquel tiempo, y por aquel medio arcaico de comunicación, fueron bastante sinceros el uno con el otro pese a la distancia, lo que vino a corroborar lo que ya se sabía: se querían. Pero entonces quiso el caprichoso destino que ella, por ciertas circunstancias que no vienen al caso, volviera a su país antes de lo planeado lo que obviamente alegró a todo el mundo. Pero El, y cumpliéndose lo que siempre había pensado en esta ausencia de ella, sentía que no estaba del todo preparado para volver a estar con ella frente a frente, pues se había acostumbrado a las cartas, donde hay más libertad en escribir, y muchas veces esos escritos llevan más sentimientos de los que podrías decir o manifestar cara a cara, pues no temes lo que te dirán o te responderán viéndote a los ojos.

 La mujer escuchaba atentamente el relato, y se interesaba cada vez más en el mismo. Por eso ya no se preguntaba quién era aquel personaje, ni tampoco quién era el anciano a su lado. Simplemente se limitaba a seguir la historia.

- Pero las cosas, como siempre es así, no fueron del todo bien. Pequeñas pero continuas discusiones entre ellos, la presencia de los demás, y otras cosas, hicieron que la amistad decayera un poco. Además, y siguiendo el curso más obvio de los acontecimientos, los tres hombres del "club" se habían alejado bastante entre ellos, cada cual por sus propias razones,  a pesar de decirse y creerse amigos eran demasiadas las cosas que los distanciaban y contraponían. Además uno de ellos, el más conflictivo, estaba interesado en Ella de otra manera, por lo que le molestaba en demasía estar con Ella y con los otros dos amigos. Es así como, aprovechando una acción de Él, y sus dichos (aunque tergiversados), Ella discutiera y se enojara con Él, al cabo de que en un par de semanas, la amistad se quebrantó del todo, terminando abruptamente. Él y Ella se separaron y no volvieron a verse.

 El anciano había estado pensando, y estaba casi convencido de que conocía aquella historia. También reparó en que el ser vestido como viejo monje, leía aquella historia desde el gran libro encadenado a su muñeca, lo que lo hizo pensar si entonces habían otras historias escritas en aquel añoso libro, y también pensó en cómo habían llegado ahí a ese volumen.
 La anciana también había empezado a recordar o reconocer aquella historia, y también se hacía las mismas preguntas que su anciano compañero, sólo que no compartía sus pensamientos con él puesto que ni siquiera lo conocía.
 Ambos ancianos tenían dudas, se hacían ideas, pero se mantenían en silencio, en espera de que aquel ser de voz rasposa continuara su relato.

- Pero no fue mucho el tiempo que estuvieron separados, la verdad sea dicha. Pasados unos meses, ella lo fue a buscar. El reencuentro no fue emotivo ni nada por el estilo, más bien se sintió algo bastante frío e impersonal. Él estaba dolido, y se notaba, aunque hacía esfuerzos porque aquello no interfiriera en el reencuentro. Y Ella estaba más distante, producto también de lo mismo. Sin embargo conversaron, y aunque no ahondaron mucho en el tema que los había separado, les sirvió a ambos como un puntapié inicial a una nueva etapa de su truncada amistad. Sería complejo, pero aceptaron el desafío, y quedaron en tratar de volver a retomar lo que habían perdido. Y lo lograron, en parte, y sólo por un tiempo, ya que al paso de los meses, todo iba volviendo a la "normalidad", a aquella fastidiosa normalidad donde Ella volvió actuar de la misma manera, y donde Él terminó por fastidiarse. A fin de año, se decidió (por segunda vez), a darle un final definitivo a todo. Pero no sería así. Pasaron muchos, muchos años, y nunca más se vieron. Pero llegó un día en que se encontraron frente a frente, y ni siquiera lo sabían.

Los ancianos sintieron algo extraño, ambos al unisono. Sintieron que aquel ser los estaba mirando, fijamente, pero no podían determinar cómo era ésto posible, pues ni siquiera podían verle el rostro, mucho menos los ojos. Aún así sentían que los estaba mirando, y se sintieron incómodos.
Aquel personaje como monje de pronto enderezó más su cabeza dentro de su capuchón, y  cerró su libro, dejando de leer. Dio media vuelta y se retiró del salón sin decir una palabra, ni siquiera sus pies parecían emitir sonido alguno. Sólo se escuchaba el tintineo de su cadena, hasta que se perdió tras una puerta ancha.
 Entonces, cuando quedaron solos, el anciano y la anciana se miraron sin saber qué hacer. No sabían ni cómo habían llegado a tal lugar, y por lo mismo no sabían cómo irse, ni siquiera sabían dónde estaban. Se preocuparon y se notaba en sus rostros. Fue entonces que por primera vez durante todo aquel tiempo se miraron y se encontraron.
Y se reconocieron...

REK.