domingo, 2 de octubre de 2016

Historia de un Gigante (II)

La Guerra Sin Fin (Continuación)

— En defensa de Canal Norte —

Los vientos del sur disiparon el denso aire y alejaron el humo.
Poco a poco, los habitantes del pequeño asentamiento cubierto de nieve empezaron a salir de sus escondites.
Rezyl estudió sus rostros: todos parecían cansados pero iluminados por la esperanza.
La vida en las tierras salvajes era lo único que conocían. Sobrevivir. Luchar. Esconderse. Todos han oído historias de un lugar seguro, pero las historias de una vida mejor raramente eran ciertas.
Rezyl y sus acompañantes llevaban semanas rastreando a estos caídos. Si los hubieran encontrado antes, esta ciudad se hubiera salvado. El hecho de que hubiera supervivientes entre los escombros era ya una victoria, pero Rezyl
estaba cansado de victorias pequeñas, por importantes que fueran.
Esa noche, Rezyl y los demás dirigieron a un grupo de supervivientes en la larga travesía hacia la ciudad que crecía bajo el Viajero. Algunos se quedaron atrás, eligiendo quedarse en las tierras salvajes.
Rezyl admiró su determinación, pero nunca miró atrás. Sabía que la muerte que estos valientes pioneros habían evitado ese día acabaría encontrándolos igualmente. Algún día. De un modo u otro


El Hueso y el Susurro

Una voz en el interior de Rezyl le decía que no debería estar allí.
Una voz que hablaba desde lo más hondo.
La voz del miedo.
Se arrodilló, examinando el montón polvoriento a sus pies.
Las calaveras habían sido arrojadas sin ningún cuidado hace décadas, o quizá más.
Las puertas talladas en la roca eran arcanas... oscuras, góticas, extrañas... y grandes.
La fineza irregular y dentada del pasaje abovedado sugería una maestría que reafirmó sus malos presentimientos.
Rezyl había ido a Luna en busca de pesadillas. Después de su largo viaje, desde la vibrante Ciudad bajo el Viajero hasta los confines de la Tierra y más allá, se encontraba cara a cara con los vestigios de aquellas historias que nunca había creído.
Permaneció en pie, su gran estatura empequeñecía bajo esa enorme entrada.
Un nudo en el estómago le urgía a salir corriendo.
Pero, en lugar de eso, avanzó hacia las puertas, que llevaban incontables siglos selladas.
Después de unos pocos pasos, un sonido estridente y pesado cortó el aire.
Las grandes puertas empezaron a abrirse.
Una silueta que parecía flotar por encima del suelo emergió de las negras profundidades del umbral. Al verla, Rezyl se aferró a su fusil.
La silueta de la entrada era la de una mujer oscura y etérea, cubierta en harapos ceremoniales y ornamentada con huesos. Parecía bailar en el aire.
Rezyl y la mujer demonio mantuvieron sus posiciones, mirándose el uno al otro.
Sin previo aviso, la silenciosa intimidad del momento quedó interrumpida por un furioso reclamo que procedía del interior. El eco de ese sonido, denso y adolorido, retumbó en el valle y desapareció.
Después de un instante que pareció una eternidad, la figura retrocedió hacia la oscuridad.
Las puertas permanecieron abiertas de par en par, a modo de invitación o de desafío. No sabía a cuál de los dos se enfrentaba, pero tampoco le importaba.
El valiente titán avanzó.

— No creo que sea buena idea —, la preocupación de su Espectro era evidente.
— No creo que importe.
— Hemos venido. Hemos visto. Quizá lo mejor sea alertar a los demás. Reunir un ejército.
— Quizá.
— Sólo digo que... quizá no puedas enfrentarte solo a lo que sea que hayamos despertado aquí.
— Hemos despertado pesadillas —. La atención de Rezyl estaba puesta en la oscuridad más allá del umbral.
 — Se suponía que los de la colmena ya se habrían ido —. El Espectro reflexionó sobre las consecuencias de esta errónea suposición. — Llevan tanto tiempo en silencio....
— Ya no están en silencio.
— ¿Ese grito? ¿Esas puertas? Es mejor que los dejemos solos.
— No puedo hacer eso.

Rezyl continuó avanzando. Hacia lo oscuro. Hacia lo desconocido.

— Quédate aquí.
— ¿Perdona...?
— Guarda las distancias. No sabemos qué es esto... a qué nos dirigimos. No puedo arriesgarte.
— ¿Y si caes en un sitio al que no puedo llegar?.
— Si caigo... Si no vuelvo... Corre. Avisa al resto. Avísalos a todos... Hay cosas peores que los piratas.

Su Espectro se detuvo. Rezyl se aferró a su fusil y se adentró en la oscuridad.

————

Pasaron horas. ¿Más? No había pasado el tiempo en ese lugar y no quedaba ningún rastro de esperanza... ni del propósito de conlleva la anhelación de un futuro mejor.
Entre esas sombras no había ningún mañana.
No había ni rastro de esperanza en el abismo.
Los pasos de Rezyl resonaron, solitarios, comedidos sin garantías de futuro. Si el mundo se acabara en ese momento, él se perdería para siempre. Sería el héroe olvidado que fue en busca de pesadillas.
Entonces, una presencia. Etérea pero arrolladora.
Rezyl se aferró de nuevo a su fusil.
Podía sentir a la bruja, pero no podía ubicarla en la oscuridad.
Rezyl disparó. Ráfagas cortas y rápidas para arrojar luz en la negrura del pasadizo.
La bruja demonio se escurría fuera del alcance de cada ráfaga de balas. Inalcanzable.
Rezyl siguió disparando, usando ráfagas cortas de luz para obtener ventaja.
La bruja soltó una carcajada y, de pronto, una nube negra envolvió a Rezyl.
El titán siguió disparando pero sus movimientos estaban restringidos. La nube lo tragó, aprisionándolo.
Podía oír cómo la bruja se movía y se reía con una risa estridente que cortaba sus pensamientos y su alma como una espada afilada.
Ese ser malvado empezó a hablar en una lengua que sonaba como una tortura. Rezyl se estremeció.
El dolor era insoportable.
La bruja se acercó al héroe, que se retorcía.
Mientras hablaba, sus violentas palabras empezaron a tomar forma. Esas sílabas de muerte poco a poco se convirtieron en una lengua humana.
La mujer demonio se acercó más y susurró, íntimamente.
Los oídos de Rezyl sangraban mientras ella hablaba.

"Soy el fin de todos los mañanas. Xyor, la Bendita. Xyor, la Prometida. Pertenezco a la tormenta que se avecina. Estas no son mis palabras, sino las de la profecía. Tu Luz un día se quebrará y se extinguirá. Ahora, solamente ofende... Y tú, querida, dulce y frágil flor... tú debes sufrir por profanar esta tierra sagrada".

La bruja quedó en silencio, su voz nauseabunda pronto quedó reemplazada por un parloteo hambriento, enloquecido, y el estrépito atronador de una avalancha.
Rezyl había venido en busca de los terrores que se ocultan más allá de la Luz.
Y los había encontrado.
O quizá...
... ellos lo habían encontrado a él.    

sábado, 1 de octubre de 2016

Historia de un Gigante (I)

Ante Estos Muros...

Rezyl Azzir era un hombre.
Con el tiempo los de su especie serían llamados titanes. Montañas de músculo y coraje y metal. Su collar estaba hecho de piel y dientes. Vestía su persona con ornamentos, chapas de oro con grabados, trofeos sobre sus hombros.
Esto fue antes de que la Ciudad fuera La Ciudad.
Esto fue antes de los muros. Todavía en la sombra del frágil gigante sobre nosotros, pero antes.
Llegaron los buscadores de la salvación: supervivientes; exhaustos vestigios de un pueblo al límite.
Esto fue antes de que la razón se arraigara. Antes de que el estudio se mezclara con la creencia.
La gente miraba hacia el gigante como se mira hacia Dios. Quizá todavía lo miran de esta forma.
Las facciones crecieron a partir de las masas oprimidas. Como mentes unidas para ofrecer consuelo y apoyo. Con el tiempo, estas lealtades empezaron a pedir lealtad. Las diferencias que solían informar (puntos de vista que al unirse ofrecían una mayor comprensión del todo) se convirtieron en puntos de conflicto. El santuario de dividió. La sombra de la Luz se hizo más grande. Este, el último oasis de la humanidad, poco a poco se diluyó en un espejismo.
Hombres y mujeres poderosos, los alzados, permanecieron leales a sus facciones. Protección. Sicarios. Una oportunidad malgastada.
La miseria se coló en este falso paraíso. Pero la esperanza persistió.
Al ver las grietas de esta sociedad aparecer bajo la carcasa fracturada del gigante, algunos de los alzados desafiaron la disolución de todo lo que podría ser. Querían dejar de ser instrumentos de la opresión. Querían ser más.
Así empezó una guerra innecesaria hecha con avaricia, ambición y... miedo. Todas ellas motivaciones necesarias. Y, en el caos de esta lucha, llegaron los carroñeros: alienígenas con apetitos. Un enemigo común.
Al final, los carroñeros fueron expulsados y las facciones cayeron. Perdieron poder, pero sus creencias sobrevivieron. Estos fueron los inicios de los guardianes, cuando podría haberse encontrado un propósito. La prosperidad estaba a nuestro alcance.
Rezyl fue un campeón de estas guerras. Un líder. Contra los piratas alienígenas él fue mucho más. Si el gigante no era un Dios, quizá Rezyl lo era.
Al formarse los primeros muros, construidos con sudor y sacrificios, Rezyl y los guardianes se enfrentaron a los alienígenas saqueadores una y otra vez. Llegaron más supervivientes. Más guerreros.
Las filas de los guardianes aumentaron.
La Ciudad creció.
La esperanza floreció. Para Rezyl era una moneda de cambio. La esperanza compró el mañana. El mañana compró el esfuerzo necesario para sobrevivir hoy.
Pero Rezyl terminó cansándose. Ciertas historias lo atormentaban cada noche. Viejas historias. De las que ya ni se cuentan. Historias encerradas tras labios sellados por miedo a los horrores que podrían invocar. Cuando el sol se ponía en el horizonte y la luna se alzaba, los pensamientos de Rezyl vagaban. ¿Cómo de seguro se está al estar a salvo? ¿Cuánto puede durar la lucha contra la Oscuridad?
De modo que, cada día, Rezyl luchaba y construía y protegía. Y cada día una ciudad crecía bajo el gigante. Pero cada noche pensaba en todas las cosas nunca dichas y miraba atentamente la luna.  



La Guerra Sin Fin


— La emboscada de Eksori —

Presionó la planta del pie en la tierra reseca y agrietada por el sol. Bajo su planta, el cuello del vándalo se partió dejando escapar un silbido de éter.
Rezyl dio la vuelta. Tres escorias se abalanzaron. Su capitán alzó la hoja de choque y profirió un grito de guerra para infundir coraje.
El cañón de Rezyl escupió fuego. Los tres escorias cayeron.
Para el capitán, Rezyl era un trofeo que le ganaría el respeto de sus hermanos Demonios.
Para Rezyl, el capitán era ya un recuerdo del pasado. Mientras el éter emanaba del cuerpo roto del pirata con cada puñetazo, Rezyl pensó en las inciertas, pero inevitables, batallas por venir.
Así eran las cosas: el conflicto era algo tan habitual como respirar.

— Encuentro en el Valle de Tescán —

Un queche con extrañas marcas volaba bajo entre dos cimas. Una visión inusual. Los buques insignia de los caídos no suelen permanecer tan cerca de la superficie, normalmente prefieren mantenerse en constante movimiento, como tiburones a la caza.
Los esquifes hacían círculos bajo el queche mientras sus tripulaciones se preparaban para el saqueo.
Rezyl apuntó su lanzacohetes. Sonó un clic metálico y un rastro de humo se precipitó hacia el esquife.
Rápidamente, le siguieron dos cohetes más.
El primer esquife recibió dos impactos, se sacudió y se retiró hacia el queche.
El tercer cohete impactó en la popa de un esquife que giraba para encarar a sus atacantes.
Rezyl miró hacia atrás.

— Adelante.
— No puedes vencer a un queche tú solo —, rio Hassa.
— La nave no es mi objetivo —, Rezyl tenía un plan. Hassa odiaba los planes de Rezyl, en parte por envidia pero también con preocupación.
— Aleja a los esquifes —, continuó él. — Nos veremos en...
— No nos veremos si estás muerto —, Tover devolvió el disparo.

Rezyl sonrió bajo su yelmo, "adelante".
Hassa y Tover saltaron sobre sus Colibríes y desaparecieron en la espesura del bosque. A cubierto, Rezyl observó cómo los esquifes los perseguían.
Abajo, los caídos habían adoptado una posición defensiva. El cohete los cogió desprevenidos pero ahora estaban preparados. Eran muchos más de los que podía contar.
Rezyl descendió a toda prisa por la pendiente, corriendo en zigzag entre la maleza y los pinos, directo hacia los caídos apiñados en la falda de la montaña. Junto a él, su Espectro.

— Necesito que te quedes atrás.
— Pero...
— Confía en mí.
— Siempre confío en ti".
— ¿Cuánto tardas en reanimarme?"
— ¿Crees que vas a morir? No creo que sea la mejor..."
— ¿Cuánto tardas?"
— Poco".
— Prepárate".
— ¿Para?"
— Ya lo verás".

El Espectro de Rezyl se quedó atrás mientras el guardián se acercaba al valle.
Los caídos abrieron fuego primero.
Rezyl saltó de su Colibrí al mismo tiempo que su fusil escupía plomo hacia los piratas atrincherados.
Empezaron a caer proyectiles de arco de los caídos sobre Rezyl. Los escorias, ansiosos, se precipitaron hacia su propia muerte mientras Rezyl avanzaba.
Una gran explosión agujereó el suelo a unos pocos centímetros del titán. El queche apuntaba sus cañones hacia Rezyl.
Otra explosión impactó a su izquierda y lo hizo tambalear. Una tercera explotó directamente en su camino...
... y Rezyl cayó.
Desde la arboleda, su Espectro observaba mientras los caídos celebraban orgullosos y el esquife se alejaba del queche.
La muchedumbre alrededor del cuerpo de Rezyl se dispersó y la imponente figura de su kell se adelantó para admirar su trofeo.
El alboroto de alegría pronto dejó paso a un zumbido casi inaudible. El kell agarró el cuerpo maltrecho de Rezyl por el cuello y lo levantó.
Un coro de vítores se alzó entre la tripulación y se hizo más fuerte cuando el kell alzó a Rezyl para que todos lo vieran.
El Espectro de Rezyl avanzó a través de la multitud. No le gustaba el plan de Rezyl, pero ahora lo entendía.
Distraídos por el triunfo de su kell, no notaron la presencia del Espectro hasta que un rayo de luz cubrió el cuerpo de Rezyl.
El tono de las voces cambió repentinamente, los vítores se convirtieron en alaridos de furia.
La mirada del kell cayó sobre el Espectro y el rayo de luz se apagó.
El círculo empezó a colapsarse. Los caídos se abalanzaron.
El kell se movió para arrojar a el cuerpo a un lado, pero sus mandíbulas encontraron el frío acero del cañón de Rezyl. De inmediato, un destello rojo.
Un chorro de éter emanó con furia y el kell soltó a Rezyl. Rezyl cayó al suelo y descargó otras cinco rondas en el torso del líder de los caídos. El monstruo cayó.
Frenéticos, los miembros de la tripulación lo rodearon como una inundación.
El Espectro de Rezyl se elevó, desesperado, "¡Ahora! ¡Ahora! ¡Ahora!"
Con un solo movimiento, Rezyl se incorporó, puños apretados, y se elevó como una tormenta de arco, dejando caer todo su poder sobre el pecho del kell. La onda de choque del ataque de Rezyl cayó como un meteorito, destrozando
el cuerpo del kell y de todos los caídos dentro del radio de su Puño del Caos.
Los caídos restantes se tambalearon aturdidos.
Rezyl arrancó su Colibrí.

Su Espectro voló junto a él,

— ¿Nos vamos?
— Antes de que ese queche nos alcance.

Rezyl pisó el acelerador mientras la tripulación de los caídos abría fuego.

— ¿Qué tal si nunca repetimos eso? —, dijo su Espectro.

No era necesario que Rezyl respondiera. Si la guerra es una constante, "nunca" no es más que una quimera...

lunes, 26 de septiembre de 2016

Algo Sobre La Felicidad

"Cuando eres feliz se nota en tu mirada, en tu forma de hablar, en como sonríes sin ninguna razón aparente, en como te ríes sola como loca al recordar buenos momentos... para mi no existe la felicidad absoluta, si no, qué sentido tendría seguir viviendo? Son solo momentos en los cuales te sientes plena, con el corazón latiendo a toda velocidad, y una sonrisa inconsciente en la cara... habrá muchos q cuestionen tus razones de sonreír, q juzguen tu felicidad; incluso tu mismo en algún momento difícil, al llegar a pensar q cometiste muchos errores, pero eso es la vida! Madurar y darse cuenta q aunque puedes decir "nunca debí hacerlo" o "me lo merezco" nunca podrás borrar esa sensación, esa sonrisa natural q surgió en ese momento en q fuiste "FELIZ". Te encontrarás con esas personas con las q al solo compartir unos momentos te hacen feliz, ese hombre q con solo pensar en él sonríes como una pequeña niña, ese q ves y sientes q amas con todas tus ganas... También esta ese amigo al q tratas de "mi corazón" para arriba, q te escucha sin juzgar y comparte tus alegrías, que SIEMPRE esta ahí... Esa amiga con la q ríes, aquella con la q hablas de hombres, sexo y ropa y pueden demorar horas criticando otra mujer con la excusa de "lo mismo harán con uno"... La vida te hace tan feliz como tu quieras, nada es eterno, así q si estas en uno de esos "momentos felices" disfrútalo! No durará mucho, y trabaja y esfuérzate por mantener cerca a las personas q te traen esos momentos de "ser feliz" con naturalidad y sin esfuerzos... y si estás en un mal momento, ponle optimismo! Buena vibra a las dificultades, como dije antes, nada dura para siempre, y ya pronto acabara! solo aleja a aquellas personas q te juzgan te ponen triste y dificultan tu felicidad..."

Qué podría decir sobre lo expuesto más arriba? Que no es mío, claramente. Que es de una mujer, claramente también. Que no es nada mío. Lo encontré por ahí, urgueteando en el mundo de la realidad que no es tal (alguna realidad lo es?), y me pareció bueno compartirlo... Aunque de eso hayan pasado probablemente años (si, años).
Soy feliz? Compleja pregunta, y con compleja respuesta. 
Comparto lo que dice aquella mujer, aquella amiga, amante, enemiga y desconocida. La felicidad son momentos, pasajeros, intermitentes, y que hay que aprovecharlos de la mejor forma posible. 
Porque después vienen los tiempos como mi tiempo, ahora, hoy, ayer, mañana... Donde no hay felicidad. Sólo un "vivir". Aunque, pensándolo bien, quizás por el sólo hecho de vivir ya debería estar "feliz". Pero no. Uno sabe que la felicidad, aunque a veces simple, es mucho más que eso. Aunque, también es así, uno sabe que el vivir ya es una felicidad, pues te da las opciones de tener otras clases de felicidad. Compañía, un regalo, una sorpresa...
Yo hace mucho que deje la felicidad de lado... O la felicidad me dejó de lado a mi... Vaya... La cosa es que, pensando  he tenido mis momentos felices... Felicidad ñoña, al llegar del extranjero una simple caja con una simple figura adentro: Oerba Die Vanille, la chica tierna y angelical de Final Fantasy XIII... O la felicidad parental, cuando tu sobrina te dice que te ama y te hace cariño, sin ella saber que tuviste un día de mierda en la pega... O felicidad de orgullo, como cuando alguien lee algo que has escrito, y te confiesa que se emociona al hacerlo, aún sin siquiera conocerte en persona... Felicidad de a momentos, eso es lo que aquella chica quería expresar y eso hizo, y eso es lo que hay que tener en cuenta, como muy bien lo dice ella...
Pese a que hace mucho no soy feliz, he tenido mis momentos de felicidad, y los agradezco a la vida, así como también doy gracias a las cosas malas de mi vida, que, cuando ya han pasado, cuando las aguas se han aquietado, uedo pensarlas y darme cuenta de que son las cosas que  me han formado, las cosas que me hacen ser quien hoy soy. para bien... O mal...

Felicidad... Esquiva, pero posible.
Qué harías por conseguirla? Qué estarías dispuesto a ofrecer por ella?
La felicidad a veces también requiere sacrificios, de eso no hay duda. A veces también requiere tiempo. Incluso, a veces requiere de otra persona... Pero al final, la felicidad está en ti. Nada más que en ti, y en lo que hagas. 

REK

domingo, 25 de septiembre de 2016

Las Palabras Ardientes


"Hace un tiempo conocí una verdad que cambió mi vida en muchos aspectos, no fue el mejor momento de mi vida, pero con el tiempo una nueva realidad dejó esos malos momentos atrás. Desde ese entonces hasta hoy soy una convencida de que la verdad puede ser alegre o amarga, pero nunca es bueno ocultarla, negarla, decirla a medias o disfrazarla. Creo que siempre será mejor una verdad que duela una vez a una mentira que duela siempre.
Es más fácil decir la verdad que sostener una mentira.
La verdad son los hechos, no su explicación."


Que sabias palabras. Que madurez para expresarlas.
Son tus propias palabras.
Sin embargo, ahora te deben arder como el Infierno mismo.
O probablemente no. Si tienes Hielo en el corazón....
Por eso, nunca hay que mear contra el viento, querida.
Y no tengo rabia, no tengo pena, no siento nada.
Y, quizás, eso sea peor aún. Terminaste con todo lo poco bueno que quedaba de mi, que ya ni siquiera siento nada ante este tipo de situaciones.
Tus  palabras te condenan, pues tus hechos, como tu dijiste, son la verdad, y no las explicaciones.
No las necesito, tampoco. No las quiero. Podría pedirlas, pero para qué? Para darte una nueva victoria?
No.
Las cosas ya están, la suerte ya está echada, y cada cual por su vereda.
Y si en algún momento nos encontramos, cosa que dudo, será como que no te he encontrado.
Podría destilar rabia, dolor, o pena... Pero sólo destilo Soledad, la que siempre, de una u otra forma, me acompaña...



viernes, 25 de marzo de 2016

Rosas y Pistolas Parte 5

Entonces...


Palamón era cenizas.
Yo solo era un muchacho con la cara manchada de hollín, mocos y pena.
Asumía que Jaren, mi amigo, nuestro guardián, el salvador de Palamón, siempre nos protegería, que siempre podría salvarnos...
Pero fui un necio.
Jaren y los demás, que solo eran unos pocos, pero aun así nuestros mejores y más endurecidos cazadores, se habían marchado hace tres soles. Buscaban caídos, después de que los bandidos armaran jaleo.
El desconocido, el otro, llegó al día siguiente.
Hablaba poco. Se alojó en una habitación. Aceptó nuestra hospitalidad.
A mí me intrigaba, igual que Jaren la primera vez que llegó.
Pero el desconocido era frío. Distante. Lo han dañado, pensé.
Pero yo no tenía miedo. Todavía no.
Solo era un niño, pero sabía que los monstruos de nuestro mundo podían mostrarse como humanos, aunque no lo fueran. Eran algo alienígena. De cuatro brazos y salvajes.
El desconocido era educado, pero solemne.
Me pareció un hombre triste y roto, y lo era. Pero por aquel entonces, no comprendía cómo eso podía hacer a alguien peligroso.
Al igual que con Jaren, mi padre intentó que no me acercara al desconocido.
Pero no importaba.
Cuando la silueta se acercó, sentí miedo.
La oscura figura era imponente. Miraba a mi interior. A través de mí.
Él sonrió. Mis rodillas flaquearon. Todo estaba perdido.
Entonces, se dio la vuelta y se fue.
Dejó a un muchacho aterrorizado y con el corazón roto, sin ni siquiera inmutarse.
He estado persiguiendo la sombra de ese desconocido desde entonces.



Ahora...

El sol estaba en lo alto. Nosotros de pie, en silencio.
Pasaron segundos que parecieron horas.
Tenía un aspecto distinto.
Ahora parecía ingrávido, y soportaba sin esfuerzo una existencia que aplastaría a un hombre atribulado por la conciencia.
Mi mirada permaneció fija mientras sentía un calor alzarse en mi interior.
El otro habló...

"Cuánto tiempo".

Yo no respondí.

"La espada del pistolero... su cañón. Eso fue un regalo".

Mantuve mi silencio mientras mi pulgar acariciaba el martillo perfectamente ajustado en mi cadera.

"Una ofrenda de mi parte... para ti".El calor aumentó, centrado en mi pecho.

Me sentí cobarde el día que Jaren Ward murió, y durante muchos ciclos después.
Pero aquí, solo sentía el fuego de mi Luz.
El otro indagó...

"¿Nada que decir?".

Dejó las palabras flotando en el aire.

"He estado esperándote. Esperando este día".

Su intento de conversación resultaba vulgar, si tenemos en cuenta todo lo que había pasado.

"Muchas veces pensé que habrías flaqueado. Que te habrías rendido...".

Todo lo que había perdido, todos los que habían sufrido, pasaron rápidamente por mi mente, imágenes entrecortadas con una oscura silueta que caminaba hacia el asustado, débil y cobarde muchacho.
El fuego ardía en mí.
El otro continuó...

"Pero aquí estás. Este es el auténtico final...".

Justo cuando su lengua se deslizaba entre las sílabas, la mano de mi arma se movió como por voluntad propia.
Reflejo y propósito mezclados con ira, claridad y una abrumadora necesidad de justo eso... de un final.
A la vez que mi movimiento, mi fuego interior se focalizó a través de mi hombro, y bajó por mi brazo hasta mi dedo, que apretó el gatillo del cañón de mi tercer padre.
Dos disparos. Dos balas engullidas por un furioso resplandor.
El otro cayó.
Caminé hasta su cadáver. Nunca levantó su Espino maldito, el arma dentada con la enfermedad purulenta.
Miré al hombre muerto que había causado tanta muerte.
Mi arma aún estaba envuelta en las llamas danzantes de mi Luz.
Me embargó la tristeza.
Pensé en mis tiempos mozos. En Palamón. En Jaren.
Apunté el cañón a la cabeza del hombre muerto y le rendí un homenaje final a mi mentor, mi salvador, mi padre y mi amigo...

"El tuyo... No el mío".

Apreté el gatillo y dejé que el cañón de Jaren, que ahora era mío, dijera la atronadora última palabra...



FIN... ?

jueves, 24 de marzo de 2016

Rosas y Pistolas Parte 4

Tras de sí...

- Cuánta Oscuridad
- Te impresiona?
- En absoluto
- Cada persona es un mundo
- Su Luz palidece
- Su Luz ha desaparecido
- Eres una infección
- Yo soy el que purificará
- Eres un monstruo
- Ja Un viejo amigo mío pensaba lo mismo de mí. Tenía razón y, si nos hubiéramos conocido antes, tú también la tendrías
- Te atreves a defender todo lo que has hecho? A decir que no es otra cosa que monstruoso?
- No más que lo que hace un huracán
- Te consideras una fuerza de la naturaleza?
- Soy todo lo que es correcto. Quizá no lo veas, por ignorancia ciega o por no mirar lo suficiente, pero yo soy todo lo que es bueno
- Acabas de asesinar a un buen hombre
- Él disparó primero
- Pero tú estás de pie
- Supongo que falló
- Él nunca fallaba
- Siempre hay una primera vez

[silencio]

- Su cañón? Una buena arma
- Gastado, pero limpio. Un martillo elegante
- Era su premio
- Supongo que puso demasiada fe en el acero equivocado
- En eso pones tú la fe? En el acero?
- Ya hace un tiempo que no. Mi acero es solo una extensión. Mi fe está en la sombra
- Entonces mi Luz es una afrenta a todo lo que tú eres. Soy tu mayor enemigo
- Uno de tantos
- Vas a matarme?
- A ti no. Ahora no
- La sombra conoce la piedad
- La sombra no conoce tal cosa
- Entonces, qué?
- Al otro
- Qué otro?
- El tutelado del muerto
- El muchacho? Lo matarás a él también?
- Si hay que llegar a eso ya veremos
- No te dejaré matar al niño
- Ya ha pasado bastante tiempo, creo que ya es un hombre
- No puedes matarlo
- Todavía no
- No te dejaré
- Es gracioso que creas que puedes impedírmelo

[silencio]

- Toma

[silencio]

- Cógela
- Por qué?
- Dale al aprendiz la "espada" de su maestro. Es un regalo
- No lo vas a matar
- Tienes miedo de su Luz?
- Él...
- ...es especial
- Sí...
- Lo sé
- Intentas tentarlo. Alimentar su ira
- El arma es solo un recuerdo, nada más
- Dices ser un recipiente, la cáscara vacía de lo que una vez fue un hombre, pero mientes. El hombre sigue ahí
- Yo ya no soy un hombre. Ahora solo soy, y siempre seré, Dredgen Yor
- "El abismo eterno"?
- Así que no todos los idiomas muertos están olvidados
- Escóndete tras los títulos que quieras, no deja de ser una fachada. Ninguna fuerza de la naturaleza jugaría a esos juegos
- Juegos?
- El cañón. Deseas tentar al muchacho. Incitarlo y alimentar su furia. Esa es tu intención. Son las acciones de un hombre monstruoso, demente o lo que sea. Eso es todo lo que eres
- Y qué aporta tu conclusión, por equivocada que sea?
- Que solo es posible sobrevivir a un huracán, no detenerlo. Ni redirigirlo. Una fuerza de la naturaleza carece de intención y no le importa nada, pero un hombre...
- ...Sí?
- ...Un hombre no es así

[silencio]

- Un hombre puede ser asesinado

[silencio]

- Así... que hay...
- Qué hay?
- ...Una brizna de esperanza...

miércoles, 23 de marzo de 2016

Rosas y Pistolas Parte 3

La muerte que siguió...

Era la cuarta noche de la séptima luna.
 Nueve ascensos desde la última señal.
 No habíamos perdido del todo el rastro, pero casi.
 Nos habíamos refugiado en un barranco por orden de Jaren.
 La densa espesura al borde del precipicio nos protegía del viento y del frío, y la corriente de agua amortiguaba nuestras conversaciones.
 Habíamos visto dos esquifes volando bajo sobre el valle.
 Que nosotros supiéramos, no era territorio de los caídos, pero tales suposiciones eran peligrosas.
 Por entonces quedábamos seis.
 Tres menos que hace dos lunas, pero aun así uno más que cuando les dimos la espalda por primera vez a las cenizas de Palamón.
 Durante la noche nos turnamos para hacer guardia.
 Tratábamos de movernos lo mínimo y nos comunicábamos mediante sencillos gestos con las manos.
 Podíamos defendernos en combate, pero solo los muertos ansiaban luchar. Esta dolorosa verdad se oponía bruscamente a nuestras razones para estar tan lejos de cualquier cosa parecida a la civilización, así como a nuestra propia seguridad.
 Los esquifes habían asustado a Kressler y Nada, y a decir verdad, también a mí. Pero echando la vista  atrás, creo que solo buscábamos una excusa para volver por donde habíamos venido.
 No porque quisiéramos regresar, sino porque parecía nuestra única esperanza real, y creo que todos éramos conscientes de ello.
 Más adelante nos aguardaba lo desconocido. Seguíamos un rastro, pero después de un tiempo, sentíamos que nos topábamos una y otra vez con un callejón sin salida.
 Jaren jamás titubeó. Ni una sola vez.
 O al menos no nos dimos cuenta.
 Su empuje y su convicción nos animaban a seguir adelante.
 Y, por muy duro que parezca, fue su muerte lo que avivó mi llama. Una llama que casi se había extinguido en esa fría noche.
 Parecía confiado de estar cerca.
 Más que confiado, parecía seguro.
 Nadie más sentía lo mismo. Nuestra confianza y cualquier dosis de entusiasmo que hubiéramos podido tener habían desaparecido en el momento en que Brevin, Trenn y Mel fueron abatidos a tiros.
 El Espectro de Jaren jamás nos dirigía la palabra. Simplemente se quedaba allí, alerta, analizando. No a nosotros, sino más bien el momento. Cualquier momento.
 Nunca tuve la sensación de que nos considerara inferiores. Simplemente era cauteloso, precavido.
 Sabíamos que podía hablar. Los habíamos oído en algunas ocasiones. Tan solo unas pocas palabras. Ninguno hablábamos de ello.
 De vez en cuando, lo sorprendía mirándome fijamente, pero siempre supuse que me prestaba atención debido al vínculo que yo tenía con Jaren. Para mí, Jaren era como un padre. Por entonces no sabía por qué me había elegido como su protegido. Pero después de tantas pérdidas, agradecía su actitud protectora. Sin embargo, al echar la vista atrás y recordar cómo mantenía las distancias con el resto, debería haberme dado cuenta o al menos haber sospechado que había algo más.
 Esa noche todos nos despertamos más tarde que la noche anterior.
 El estallido de un disparo resonó en la espesura. Y después más.
 Los disparos sonaban lejos, pero lo bastante cerca como para acelerarnos el pulso.
 Un sonido familiar. "La Última Palabra", el arma de Jaren. Su mejor amiga.
Después otro. Un único disparo, un eco inconfundible restallando en la noche. Bajo, cortante.
 Un disparo, oscuro y diabólico, seguido de silencio.
 Nos agazapamos silenciosamente. Escuchando. Esperando.
 Jaren se había ido solo.
 Quizá estábamos más cerca de lo que habíamos imaginado.
 Demasiado cerca.
 Había partido para enfrentarse a solas a la muerte.
 No podía admitirlo —al menos no en ese momento— pero creía que nos estaba
protegiendo.
 Después de llegar tan lejos, después de años recorriendo un camino plagado de sufrimientos y fuego, quizá no soportara la idea de ver morir a más "críos", como solía llamarnos.
 Los ecos se apagaron y permanecimos inmóviles. No tenía sentido ir en esa dirección ni apresurarse a ciegas.
 Lo hecho, hecho está.
 La cadencia de los disparos contaba una historia que ninguno queríamos oír.
 No había sido la "Última Palabra". En alguna parte del mundo, lo bastante cerca como para ignorarlo pero al mismo tiempo lo bastante lejos para que pareciera un sueño, Jaren Ward yacía muerto o agonizante, y no había nada que pudiéramos hacer al respecto.
 Las horas transcurrieron como una eternidad.
 Seguimos en nuestra posición, pero a medida que el sol se elevaba, los demás comenzaron a irse. Sin Jaren, no había nada que nos mantuviera juntos. Ninguna fuerza impulsora. La venganza había dejado de ser una motivación. El miedo y el anhelo de ver un nuevo amanecer abrieron una brecha entre el deber y el deseo.
 A mediodía me encontraba a solas. No podía irme. Jamás lo haría.
 O encontraba a Jaren y lo ponía a salvo, o los otros me encontraban a mí y ponían fin a mi existencia.
 La muerte acechaba.
 De pronto noté un movimiento veloz. Mis músculos se tensaron y me aferré a la empuñadura de mi arma.
 Después llegó la confirmación de la terrible verdad que ya había aceptado. El Espectro de Jaren permanecía de pie a pocos pasos de mí.
 Exhalé y me desplomé hacia delante. Aún en pie, pero descompuesto.
La diminuta Luz me observó con una curiosa inclinación de su eje y después proyectó un haz de luz sobre mi cuerpo, escaneándome como ya hiciera la primera vez que nos conocimos.
 Alcé la vista y miré directamente a su único ojo brillante.


 Entonces habló...