"Cuando eres feliz se nota en tu mirada, en tu forma de hablar, en como
sonríes sin ninguna razón aparente, en como te ríes sola como loca al
recordar buenos momentos... para mi no existe la felicidad absoluta, si
no, qué sentido tendría seguir viviendo? Son solo momentos en los cuales
te sientes plena, con el corazón latiendo a toda velocidad, y una
sonrisa inconsciente en la cara... habrá muchos q cuestionen tus razones
de sonreír, q juzguen tu felicidad; incluso tu mismo en algún
momento difícil, al llegar a pensar q cometiste muchos errores, pero
eso es la vida! Madurar y darse cuenta q aunque puedes decir "nunca debí
hacerlo" o "me lo merezco" nunca podrás borrar esa sensación, esa
sonrisa natural q surgió en ese momento en q fuiste "FELIZ". Te
encontrarás con esas personas con las q al solo compartir unos momentos
te hacen feliz, ese hombre q con solo pensar en él sonríes como una
pequeña niña, ese q ves y sientes q amas con todas tus ganas... También
esta ese amigo al q tratas de "mi corazón" para arriba, q te escucha sin
juzgar y comparte tus alegrías, que SIEMPRE esta ahí... Esa amiga con
la q ríes, aquella con la q hablas de hombres, sexo y ropa y pueden
demorar horas criticando otra mujer con la excusa de "lo mismo harán con
uno"... La vida te hace tan feliz como tu quieras, nada es eterno, así q
si estas en uno de esos "momentos felices" disfrútalo! No durará mucho,
y trabaja y esfuérzate por mantener cerca a las personas q te traen
esos momentos de "ser feliz" con naturalidad y sin esfuerzos... y si
estás en un mal momento, ponle optimismo! Buena vibra a las
dificultades, como dije antes, nada dura para siempre, y ya pronto
acabara! solo aleja a aquellas personas q te juzgan te ponen triste y
dificultan tu felicidad..."
Qué podría decir sobre lo expuesto más arriba? Que no es mío, claramente. Que es de una mujer, claramente también. Que no es nada mío. Lo encontré por ahí, urgueteando en el mundo de la realidad que no es tal (alguna realidad lo es?), y me pareció bueno compartirlo... Aunque de eso hayan pasado probablemente años (si, años).
Soy feliz? Compleja pregunta, y con compleja respuesta.
Comparto lo que dice aquella mujer, aquella amiga, amante, enemiga y desconocida. La felicidad son momentos, pasajeros, intermitentes, y que hay que aprovecharlos de la mejor forma posible.
Porque después vienen los tiempos como mi tiempo, ahora, hoy, ayer, mañana... Donde no hay felicidad. Sólo un "vivir". Aunque, pensándolo bien, quizás por el sólo hecho de vivir ya debería estar "feliz". Pero no. Uno sabe que la felicidad, aunque a veces simple, es mucho más que eso. Aunque, también es así, uno sabe que el vivir ya es una felicidad, pues te da las opciones de tener otras clases de felicidad. Compañía, un regalo, una sorpresa...
Yo hace mucho que deje la felicidad de lado... O la felicidad me dejó de lado a mi... Vaya... La cosa es que, pensando he tenido mis momentos felices... Felicidad ñoña, al llegar del extranjero una simple caja con una simple figura adentro: Oerba Die Vanille, la chica tierna y angelical de Final Fantasy XIII... O la felicidad parental, cuando tu sobrina te dice que te ama y te hace cariño, sin ella saber que tuviste un día de mierda en la pega... O felicidad de orgullo, como cuando alguien lee algo que has escrito, y te confiesa que se emociona al hacerlo, aún sin siquiera conocerte en persona... Felicidad de a momentos, eso es lo que aquella chica quería expresar y eso hizo, y eso es lo que hay que tener en cuenta, como muy bien lo dice ella...
Pese a que hace mucho no soy feliz, he tenido mis momentos de felicidad, y los agradezco a la vida, así como también doy gracias a las cosas malas de mi vida, que, cuando ya han pasado, cuando las aguas se han aquietado, uedo pensarlas y darme cuenta de que son las cosas que me han formado, las cosas que me hacen ser quien hoy soy. para bien... O mal...
Felicidad... Esquiva, pero posible.
Qué harías por conseguirla? Qué estarías dispuesto a ofrecer por ella?
La felicidad a veces también requiere sacrificios, de eso no hay duda. A veces también requiere tiempo. Incluso, a veces requiere de otra persona... Pero al final, la felicidad está en ti. Nada más que en ti, y en lo que hagas.
REK
Un mundo onírico, donde nos involucramos con nuestros propios pensamientos...
Un mundo de Fábulas. Un mundo de Reflejos.
lunes, 26 de septiembre de 2016
domingo, 25 de septiembre de 2016
Las Palabras Ardientes
"Hace un tiempo conocí una verdad que cambió mi vida en muchos aspectos, no fue el mejor momento de mi vida, pero con el tiempo una nueva realidad dejó esos malos momentos atrás. Desde ese entonces hasta hoy soy una convencida de que la verdad puede ser alegre o amarga, pero nunca es bueno ocultarla, negarla, decirla a medias o disfrazarla. Creo que siempre será mejor una verdad que duela una vez a una mentira que duela siempre.
Es más fácil decir la verdad que sostener una mentira.
La verdad son los hechos, no su explicación."
Que sabias palabras. Que madurez para expresarlas.
Son tus propias palabras.
Sin embargo, ahora te deben arder como el Infierno mismo.
O probablemente no. Si tienes Hielo en el corazón....
Por eso, nunca hay que mear contra el viento, querida.
Y no tengo rabia, no tengo pena, no siento nada.
Y, quizás, eso sea peor aún. Terminaste con todo lo poco bueno que quedaba de mi, que ya ni siquiera siento nada ante este tipo de situaciones.
Tus palabras te condenan, pues tus hechos, como tu dijiste, son la verdad, y no las explicaciones.
No las necesito, tampoco. No las quiero. Podría pedirlas, pero para qué? Para darte una nueva victoria?
No.
Las cosas ya están, la suerte ya está echada, y cada cual por su vereda.
Y si en algún momento nos encontramos, cosa que dudo, será como que no te he encontrado.
Podría destilar rabia, dolor, o pena... Pero sólo destilo Soledad, la que siempre, de una u otra forma, me acompaña...
viernes, 25 de marzo de 2016
Rosas y Pistolas Parte 5
Entonces...
Palamón
era cenizas.
Yo
solo era un muchacho con la cara manchada de hollín, mocos y pena.
Asumía
que Jaren, mi amigo, nuestro guardián, el salvador de Palamón, siempre nos
protegería, que siempre podría salvarnos...
Pero
fui un necio.
Jaren
y los demás, que solo eran unos pocos, pero aun así nuestros mejores y más
endurecidos cazadores, se habían marchado hace tres soles. Buscaban caídos,
después de que los bandidos armaran jaleo.
El
desconocido, el otro, llegó al día siguiente.
Hablaba
poco. Se alojó en una habitación. Aceptó nuestra hospitalidad.
A
mí me intrigaba, igual que Jaren la primera vez que llegó.
Pero
el desconocido era frío. Distante. Lo han dañado, pensé.
Pero
yo no tenía miedo. Todavía no.
Solo
era un niño, pero sabía que los monstruos de nuestro mundo podían mostrarse
como humanos, aunque no lo fueran. Eran algo alienígena. De cuatro brazos y
salvajes.
El
desconocido era educado, pero solemne.
Me
pareció un hombre triste y roto, y lo era. Pero por aquel entonces, no
comprendía cómo eso podía hacer a alguien peligroso.
Al
igual que con Jaren, mi padre intentó que no me acercara al desconocido.
Pero
no importaba.
Cuando
la silueta se acercó, sentí miedo.
La
oscura figura era imponente. Miraba a mi interior. A través de mí.
Él
sonrió. Mis rodillas flaquearon. Todo estaba perdido.
Entonces,
se dio la vuelta y se fue.
Dejó
a un muchacho aterrorizado y con el corazón roto, sin ni siquiera inmutarse.
He
estado persiguiendo la sombra de ese desconocido desde entonces.
Ahora...
El
sol estaba en lo alto. Nosotros de pie, en silencio.
Pasaron
segundos que parecieron horas.
Tenía
un aspecto distinto.
Ahora
parecía ingrávido, y soportaba sin esfuerzo una existencia que aplastaría a un
hombre atribulado por la conciencia.
Mi
mirada permaneció fija mientras sentía un calor alzarse en mi interior.
El
otro habló...
"Cuánto
tiempo".
Yo
no respondí.
"La
espada del pistolero... su cañón. Eso fue un regalo".
Mantuve
mi silencio mientras mi pulgar acariciaba el martillo perfectamente ajustado en
mi cadera.
"Una
ofrenda de mi parte... para ti".El calor aumentó, centrado en mi pecho.
Me
sentí cobarde el día que Jaren Ward murió, y durante muchos ciclos después.
Pero
aquí, solo sentía el fuego de mi Luz.
El
otro indagó...
"¿Nada
que decir?".
Dejó
las palabras flotando en el aire.
"He
estado esperándote. Esperando este día".
Su
intento de conversación resultaba vulgar, si tenemos en cuenta todo lo que
había pasado.
"Muchas
veces pensé que habrías flaqueado. Que te habrías rendido...".
Todo
lo que había perdido, todos los que habían sufrido, pasaron rápidamente por mi
mente, imágenes entrecortadas con una oscura silueta que caminaba hacia el
asustado, débil y cobarde muchacho.
El
fuego ardía en mí.
El
otro continuó...
"Pero
aquí estás. Este es el auténtico final...".
Justo
cuando su lengua se deslizaba entre las sílabas, la mano de mi arma se movió
como por voluntad propia.
Reflejo
y propósito mezclados con ira, claridad y una abrumadora necesidad de justo
eso... de un final.
A
la vez que mi movimiento, mi fuego interior se focalizó a través de mi hombro,
y bajó por mi brazo hasta mi dedo, que apretó el gatillo del cañón de mi tercer
padre.
Dos
disparos. Dos balas engullidas por un furioso resplandor.
El
otro cayó.
Caminé
hasta su cadáver. Nunca levantó su Espino maldito, el arma dentada con la
enfermedad purulenta.
Miré
al hombre muerto que había causado tanta muerte.
Mi
arma aún estaba envuelta en las llamas danzantes de mi Luz.
Me
embargó la tristeza.
Pensé
en mis tiempos mozos. En Palamón. En Jaren.
Apunté
el cañón a la cabeza del hombre muerto y le rendí un homenaje final a mi
mentor, mi salvador, mi padre y mi amigo...
"El
tuyo... No el mío".
Apreté
el gatillo y dejé que el cañón de Jaren, que ahora era mío, dijera la
atronadora última palabra...
FIN...
?
jueves, 24 de marzo de 2016
Rosas y Pistolas Parte 4
Tras de sí...
[silencio]
- Su cañón? Una buena arma
- Gastado, pero limpio. Un martillo elegante
- Era su premio
- Supongo que puso demasiada fe en el acero equivocado
- En eso pones tú la fe? En el acero?
- Ya hace un tiempo que no. Mi acero es solo una extensión. Mi fe está en la sombra
- Entonces mi Luz es una afrenta a todo lo que tú eres. Soy tu mayor enemigo
- Uno de tantos
- Vas a matarme?
- A ti no. Ahora no
- La sombra conoce la piedad
- La sombra no conoce tal cosa
- Entonces, qué?
- Al otro
- Qué otro?
- El tutelado del muerto
- El muchacho? Lo matarás a él también?
- Si hay que llegar a eso ya veremos
- No te dejaré matar al niño
- Ya ha pasado bastante tiempo, creo que ya es un hombre
- No puedes matarlo
- Todavía no
- No te dejaré
- Es gracioso que creas que puedes impedírmelo
[silencio]
- Toma
[silencio]
- Cógela
- Por qué?
- Dale al aprendiz la "espada" de su maestro. Es un regalo
- No lo vas a matar
- Tienes miedo de su Luz?
- Él...
- ...es especial
- Sí...
- Lo sé
- Intentas tentarlo. Alimentar su ira
- El arma es solo un recuerdo, nada más
- Dices ser un recipiente, la cáscara vacía de lo que una vez fue un hombre, pero mientes. El hombre sigue ahí
- Yo ya no soy un hombre. Ahora solo soy, y siempre seré, Dredgen Yor
- "El abismo eterno"?
- Así que no todos los idiomas muertos están olvidados
- Escóndete tras los títulos que quieras, no deja de ser una fachada. Ninguna fuerza de la naturaleza jugaría a esos juegos
- Juegos?
- El cañón. Deseas tentar al muchacho. Incitarlo y alimentar su furia. Esa es tu intención. Son las acciones de un hombre monstruoso, demente o lo que sea. Eso es todo lo que eres
- Y qué aporta tu conclusión, por equivocada que sea?
- Que solo es posible sobrevivir a un huracán, no detenerlo. Ni redirigirlo. Una fuerza de la naturaleza carece de intención y no le importa nada, pero un hombre...
- ...Sí?
- ...Un hombre no es así
[silencio]
- Un hombre puede ser asesinado
[silencio]
- Así... que hay...
- Qué hay?
- ...Una brizna de esperanza...
-
Cuánta Oscuridad
- Te impresiona?
- En absoluto
- Cada persona es un mundo
- Su Luz palidece
- Su Luz ha desaparecido
- Eres una infección
- Yo soy el que purificará
- Eres un monstruo
- Ja Un viejo amigo mío pensaba lo mismo de mí. Tenía razón y, si nos hubiéramos conocido antes, tú también la tendrías
- Te atreves a defender todo lo que has hecho? A decir que no es otra cosa que monstruoso?
- No más que lo que hace un huracán
- Te consideras una fuerza de la naturaleza?
- Soy todo lo que es correcto. Quizá no lo veas, por ignorancia ciega o por no mirar lo suficiente, pero yo soy todo lo que es bueno
- Acabas de asesinar a un buen hombre
- Él disparó primero
- Pero tú estás de pie
- Supongo que falló
- Él nunca fallaba
- Siempre hay una primera vez
- Te impresiona?
- En absoluto
- Cada persona es un mundo
- Su Luz palidece
- Su Luz ha desaparecido
- Eres una infección
- Yo soy el que purificará
- Eres un monstruo
- Ja Un viejo amigo mío pensaba lo mismo de mí. Tenía razón y, si nos hubiéramos conocido antes, tú también la tendrías
- Te atreves a defender todo lo que has hecho? A decir que no es otra cosa que monstruoso?
- No más que lo que hace un huracán
- Te consideras una fuerza de la naturaleza?
- Soy todo lo que es correcto. Quizá no lo veas, por ignorancia ciega o por no mirar lo suficiente, pero yo soy todo lo que es bueno
- Acabas de asesinar a un buen hombre
- Él disparó primero
- Pero tú estás de pie
- Supongo que falló
- Él nunca fallaba
- Siempre hay una primera vez
[silencio]
- Su cañón? Una buena arma
- Gastado, pero limpio. Un martillo elegante
- Era su premio
- Supongo que puso demasiada fe en el acero equivocado
- En eso pones tú la fe? En el acero?
- Ya hace un tiempo que no. Mi acero es solo una extensión. Mi fe está en la sombra
- Entonces mi Luz es una afrenta a todo lo que tú eres. Soy tu mayor enemigo
- Uno de tantos
- Vas a matarme?
- A ti no. Ahora no
- La sombra conoce la piedad
- La sombra no conoce tal cosa
- Entonces, qué?
- Al otro
- Qué otro?
- El tutelado del muerto
- El muchacho? Lo matarás a él también?
- Si hay que llegar a eso ya veremos
- No te dejaré matar al niño
- Ya ha pasado bastante tiempo, creo que ya es un hombre
- No puedes matarlo
- Todavía no
- No te dejaré
- Es gracioso que creas que puedes impedírmelo
[silencio]
- Toma
[silencio]
- Cógela
- Por qué?
- Dale al aprendiz la "espada" de su maestro. Es un regalo
- No lo vas a matar
- Tienes miedo de su Luz?
- Él...
- ...es especial
- Sí...
- Lo sé
- Intentas tentarlo. Alimentar su ira
- El arma es solo un recuerdo, nada más
- Dices ser un recipiente, la cáscara vacía de lo que una vez fue un hombre, pero mientes. El hombre sigue ahí
- Yo ya no soy un hombre. Ahora solo soy, y siempre seré, Dredgen Yor
- "El abismo eterno"?
- Así que no todos los idiomas muertos están olvidados
- Escóndete tras los títulos que quieras, no deja de ser una fachada. Ninguna fuerza de la naturaleza jugaría a esos juegos
- Juegos?
- El cañón. Deseas tentar al muchacho. Incitarlo y alimentar su furia. Esa es tu intención. Son las acciones de un hombre monstruoso, demente o lo que sea. Eso es todo lo que eres
- Y qué aporta tu conclusión, por equivocada que sea?
- Que solo es posible sobrevivir a un huracán, no detenerlo. Ni redirigirlo. Una fuerza de la naturaleza carece de intención y no le importa nada, pero un hombre...
- ...Sí?
- ...Un hombre no es así
[silencio]
- Un hombre puede ser asesinado
[silencio]
- Así... que hay...
- Qué hay?
- ...Una brizna de esperanza...
miércoles, 23 de marzo de 2016
Rosas y Pistolas Parte 3
La muerte que siguió...
Era la cuarta noche de la séptima luna.
Nueve ascensos desde la última señal.
No habíamos perdido del todo el rastro, pero casi.
Nos habíamos refugiado en un barranco por orden de Jaren.
La densa espesura al borde del precipicio nos protegía del
viento y del frío, y la corriente de agua amortiguaba nuestras conversaciones.
Habíamos visto dos esquifes volando bajo sobre el valle.
Que nosotros supiéramos, no era territorio de los caídos,
pero tales suposiciones eran peligrosas.
Por entonces quedábamos seis.
Tres menos que hace dos lunas, pero aun así uno más que
cuando les dimos la espalda por primera vez a las cenizas de Palamón.
Durante la noche nos turnamos para hacer guardia.
Tratábamos de movernos lo mínimo y nos comunicábamos
mediante sencillos gestos con las manos.
Podíamos defendernos en combate, pero solo los muertos
ansiaban luchar. Esta dolorosa verdad se oponía bruscamente a nuestras razones
para estar tan lejos de cualquier cosa parecida a la civilización, así como a
nuestra propia seguridad.
Los esquifes habían asustado a Kressler y Nada, y a decir
verdad, también a mí. Pero echando la vista atrás, creo que solo
buscábamos una excusa para volver por donde habíamos venido.
No porque quisiéramos regresar, sino porque parecía nuestra
única esperanza real, y creo que todos éramos conscientes de ello.
Más adelante nos aguardaba lo desconocido. Seguíamos un
rastro, pero después de un tiempo, sentíamos que nos topábamos una y otra vez
con un callejón sin salida.
Jaren jamás titubeó. Ni una sola vez.
O al menos no nos dimos cuenta.
Su empuje y su convicción nos animaban a seguir adelante.
Y, por muy duro que parezca, fue su muerte lo que avivó mi
llama. Una llama que casi se había extinguido en esa fría noche.
Parecía confiado de estar cerca.
Más que confiado, parecía seguro.
Nadie más sentía lo mismo. Nuestra confianza y cualquier
dosis de entusiasmo que hubiéramos podido tener habían desaparecido en el
momento en que Brevin, Trenn y Mel fueron abatidos a tiros.
El Espectro de Jaren jamás nos dirigía la palabra.
Simplemente se quedaba allí, alerta, analizando. No a nosotros, sino más bien
el momento. Cualquier momento.
Nunca tuve la sensación de que nos considerara inferiores.
Simplemente era cauteloso, precavido.
Sabíamos que podía hablar. Los habíamos oído en algunas
ocasiones. Tan solo unas pocas palabras. Ninguno hablábamos de ello.
De vez en cuando, lo sorprendía mirándome fijamente, pero
siempre supuse que me prestaba atención debido al vínculo que yo tenía con
Jaren. Para mí, Jaren era como un padre. Por entonces no sabía por qué me había
elegido como su protegido. Pero después de tantas pérdidas, agradecía su
actitud protectora. Sin embargo, al echar la vista atrás y recordar cómo
mantenía las distancias con el resto, debería haberme dado cuenta o al menos
haber sospechado que había algo más.
Esa noche todos nos despertamos más tarde que la noche
anterior.
El estallido de un disparo resonó en la espesura. Y después
más.
Los disparos sonaban lejos, pero lo bastante cerca como para
acelerarnos el pulso.
Un sonido familiar. "La Última Palabra", el arma
de Jaren. Su mejor amiga.
Después otro. Un único disparo, un eco inconfundible restallando
en la noche. Bajo, cortante.
Un disparo, oscuro y diabólico, seguido de silencio.
Nos agazapamos silenciosamente. Escuchando. Esperando.
Jaren se había ido solo.
Quizá estábamos más cerca de lo que habíamos imaginado.
Demasiado cerca.
Había partido para enfrentarse a solas a la muerte.
No podía admitirlo —al menos no en ese momento— pero creía
que nos estaba
protegiendo.
Después de llegar tan lejos, después de años recorriendo un
camino plagado de sufrimientos y fuego, quizá no soportara la idea de ver morir
a más "críos", como solía llamarnos.
Los ecos se apagaron y permanecimos inmóviles. No tenía
sentido ir en esa dirección ni apresurarse a ciegas.
Lo hecho, hecho está.
La cadencia de los disparos contaba una historia que ninguno
queríamos oír.
No había sido la "Última Palabra". En alguna parte
del mundo, lo bastante cerca como para ignorarlo pero al mismo tiempo lo
bastante lejos para que pareciera un sueño, Jaren Ward yacía muerto o
agonizante, y no había nada que pudiéramos hacer al respecto.
Las horas transcurrieron como una eternidad.
Seguimos en nuestra posición, pero a medida que el sol se
elevaba, los demás comenzaron a irse. Sin Jaren, no había nada que nos
mantuviera juntos. Ninguna fuerza impulsora. La venganza había dejado de ser
una motivación. El miedo y el anhelo de ver un nuevo amanecer abrieron una
brecha entre el deber y el deseo.
A mediodía me encontraba a solas. No podía irme. Jamás lo
haría.
O encontraba a Jaren y lo ponía a salvo, o los otros me
encontraban a mí y ponían fin a mi existencia.
La muerte acechaba.
De pronto noté un movimiento veloz. Mis músculos se tensaron
y me aferré a la empuñadura de mi arma.
Después llegó la confirmación de la terrible verdad que ya
había aceptado. El Espectro de Jaren permanecía de pie a pocos pasos de mí.
Exhalé y me desplomé hacia delante. Aún en pie, pero
descompuesto.
La diminuta Luz me observó con una curiosa inclinación de su eje y
después proyectó un haz de luz sobre mi cuerpo, escaneándome como ya hiciera la
primera vez que nos conocimos.
Alcé la vista y miré directamente a su único ojo brillante.
Entonces habló...
martes, 22 de marzo de 2016
Rosas y Pistolas Parte 2
El noble hombre se puso de pie. Y la gente lo admiraba. Era un faro de esperanza, si bien seguía siendo sólo un hombre. Y era en aquella verdad donde se hallaba la mayor promesa: si un hombre podía enfrentarse a la noche, también podían hacerlo otros, o todos, inclusive.
En su diestra, el hombre portaba una rosa y su aura brillaba resplandeciente.
Cuando el hombre reanudaba su camino, la gente no le olvidaba. Por donde pasara, la esperanza se extendía. Pero el hombre escondía un temor secreto. Sus pensamientos eran oscuros. Una tristeza amenazaba con salir de las entrañas de su ser. Había sido un héroe durante tanto tiempo que el orgullo le había llevado al sendero del pesar.
Poco a poco, el susurro de las sombras se convirtió en una voz, una lóbrega llamada que ofreció la suficiente gloria como para hacer divagar a la Luz más ardiente. Él sabía que se estaba apagando, pero anhelaba gloria, por sobre muchas otras cosas.
En su último día, se sentó a ver la puesta de sol. Sus últimos pensamientos, todavía puro de cuerpo y mente, se aferraron a la fugaz esperanza de que el mundo le recordaría por quien había sido, y no por el sufrimiento que les iba a causar.
Así, el hombre honorable se ocultó tras una oscuridad que ninguna carne jamás debería tocar, y abandonó su parte mortal para reclamar su derecho natural. Si fue por elección propia o un capricho de la fortuna es una verdad que solo conoce el destino.
En el cálido aire de aquel anochecer, mientras la noche devoraba al crepúsculo, el noble hombre dejó de existir. En su lugar se alzó otro hombre. La misma carne. El mismo hueso. Pero un hombre muy diferente.
El primero y último de su linaje. El único ancestro y descendiente del nombre de Yor.
En sus primeros instantes como individuo nuevo, el hombre contempló su rosa y por primera vez se dio cuenta de que no tenía pétalos: solo el punzante propósito de las espinas rabiosas.
Una despedida a la Luz
- No siempre fuiste este hombre
- Cierto
- Entonces, los cálculos nos dicen que no tienes por qué seguir siendo así. Puedes ser otro
- Soy otro
- Puedes ser mejor
- Esto es mejor
- Eso es relativo, por lo menos
- Entonces qué? Inferior
- Algunos lo llamarían así
- Y cómo lo llamarías tú?
- Cierto
- Entonces, los cálculos nos dicen que no tienes por qué seguir siendo así. Puedes ser otro
- Soy otro
- Puedes ser mejor
- Esto es mejor
- Eso es relativo, por lo menos
- Entonces qué? Inferior
- Algunos lo llamarían así
- Y cómo lo llamarías tú?
[silencio]
- Con todo lo que hemos visto y ahora, aquí conmigo, no tienes ni una palabra que decir
- Tengo palabras
- Pero?
- Pero no te gustarán
- Hay muchas cosas que no me gustan
- Ahora más que nunca, pareciera
- Ja
- No creo que haya nada gracioso en tu camino
- Solo en el trayecto
- Lo que te trajo aquí fue nobleza
- Y mi premio
- Eso no es un premio
- Una maldición, tal vez?
- Diría que sí
- Y yo no estaría de acuerdo
- Tú ya no eres tú mismo
- Yo soy yo mismo. Es lo que yo fui lo que ya no existe
- Quien fuiste tenía mucho valor
- Para tí
- Para la Luz
- La Luz
- Lo es todo
- No es más que un apoyo
- Uno que te ha mantenido erguido
- Solo lo suficiente Nada más
- Nada más? Fuiste un héroe
- Y aún así la gente sigue muriendo. La corrupción sigue existiendo. La Luz se marchita. Y la Oscuridad avanza
- Y así será siempre, eso no significa que debas ceder ante...
- Ante qué? La esperanza
- No llamaría esperanza a esto
- Esto es paz
- Hay sangre en tus manos
- Y por qué es diferente de la sangre de antes?
- Es sangre inocente
- Cuestión de perspectiva
- Es la sombra la que habla
- Y yo no
- La sombra?
- Ya sabes. En estos últimos ciclos, has hecho un gran esfuerzo. Lo has hecho lo mejor que has sabido para corregir mi camino. Pero no sé si necesito ser corregido
- Y si lo necesitas?
- Podría ser demasiado tarde
- «Podría ser» es un camino sinuoso
- Un largo camino desde donde estaba hacia donde me dirijo
- Esa es mi ilusión. Que aún hay tiempo
- Para?
- Medidas correctivas. El enderezamiento de nuestro camino. La depuración de tu sombra y una vuelta a la Luz
[silencio]
- Por qué me escogiste a mí?
- No es así como funciona
- Era yo especial?
- Lo eras
- Pero solo tan especial como cualquier otro
- Todos son especiales
- Esto parece contradictorio con la palabra «especial», ¿no crees?
- No en mi opinión
- Si todos somos especiales, hay realmente alguien que sea especial?
- Es eso lo que quieres? Ser especial?
- Je
- Tratas de no darle importancia, pero es un asunto muy serio. Es eso lo único que persigues? Toda esa muerte vale una placa?
- No soy ya más que los demás?
- Mirándote aquí y ahora. El humo, la ceniza y los huesos a tus pies te definen como alguien mucho más inferior
- Tal vez. Pero aquí sigues
- Y?
- Has estado a mi lado a cada paso de este camino
- Y dónde si no iba a estar?
- Y sin embrago estás firmemente en desacuerdo con mi cambio de opinión
- Si solo se tratara de un cambio de perspectiva. Tu «evolución» no ha sido una elección. Esto no ha pasado porque te has tomado tiempo estudiando el tema y has cambiado de opinión. Esto es corrupción
- Las sombras?
- La Oscuridad
- Puede ser
- No hay «puede ser» que valga
- Y tú crees que puedes salvarme?
- Yo reavivo tu Luz, primero llega a mí para pedir ayuda y para sobrevivir
[silencio]
- Estoy cansado de ella
- Debes intentar
- Estoy cansado de ti
- [CENSURADO]
- Ese ya no es mi nombre
- No voy a pronunciar el otro
- No importa. Aquí es donde nos separamos
- No te voy a dejar
- Te dejo
- Sin mí, el camino que te espera será más de lo que ningún guardián puede manejar
- Esa es la cuestión. Ha pasado algún tiempo desde que me creías digno de caminar entre aquellos que una vez llamé hermano y hermana. Sin embargo ahora, me siento como si fuera digno de mucho más
- Sin mí Morirás
- Algún día. No será la primera vez.
[silencio]
- Considera esta mi última buena acción. Te estoy liberando de la carga de mis actos, los hechos y los que están por venir
- No te abandonaré
- Lo harás. O esculpiré la Luz de tu cáscara y dejaré el cadáver de mi primer y último amigo en la suciedad de este mundo aburrido y rojo, para que nadie te encuentre
- Entonces te he fallado, completamente
- A mí no. Tal vez al hombre que fui
- Él está completamente muerto
- Eso creo
- Creer no son hechos
- No tengo más paciencia para tu semántica
[silencio]
- Cuando hables sobre mí, usa mi nombre de verdad. Háblales del hombre que tienes frente a ti, no sobre el fantasma del héroe que una vez fui
- Siempre serás [CENSURADO] para mí
- Si no puedes olvidarte de ese hombre, mancillarás su legado para siempre. Todo lo bueno que haya hecho desaparecerá en el fuego del hombre en el que me he convertido
- Si te importa, puede que todavía haya posibilidades
- Si te digo la verdad, solo me preocupa dar esperanza a los asustados, a las masas hacinadas, para que, cuando caiga sobre ellos tengan más que perder. Su dolor será más grande. Sus gritos más puros
- Tú
- Nada se muere como la esperanza. Me conmueve
- Eres un monstruo
- Por fin ves la verdad
- [CENSURADO] ha muerto de verdad
- Eso he dicho. Larga vida a Dredgen Yor
- Esta es una despedida, pero no te puedes alejar por completo de tus pecados. Al final, morirás solo
- Es posible. Pero déjame que te diga me suelen gustar mis opciones
- Tu «rosa» impura no siempre podrá salvarte
- Viejo amigo. Lo acaba de hacer
lunes, 21 de marzo de 2016
Rosas y Pistolas Parte 1

La Última Palabra
Lo que escribo son recuerdos.
Algunos míos, pero no todos. Puede que los hechos no se correspondan con la
realidad, pero se aproximan bastante, que supongo que es suficiente. Como, de
todas formas, no queda nadie que pueda contradecirlos, esta será la historia
del asentamiento al cual llamamos simplemente Palamón (da escalofríos siquiera
escribir su nombre), y los horrores que sucedieron tras un breve período de
calma.
Recuerdo mi hogar y las historias
sobre ese paraíso que quizá algún día llegaríamos a ver... una ciudad que
«brilla incluso de noche». Palamón no brillaba, pero era un refugio, o algo
parecido. Era algo, al menos.
Nos habíamos asentado en el corazón
de una cordillera que se extendía hasta el horizonte. Sus montañas boscosas se
erigían como queriendo alcanzar el cielo. Los inviernos eran duros, pero los
árboles y los picos nos protegían del resto del mundo. A veces hablábamos de
mudarnos y de buscar la Ciudad. Pero solo eran ilusiones.
De vez en cuando se veían
transeúntes. Y en ocasiones se quedaban, aunque no era lo común.
No existía una autoridad definida,
pero sí había leyes, unos principios básicos con los que todos estábamos de
acuerdo y que más tarde fueron supervisados por el juez Loken.
Y así es como sucedió: no había
autoridad hasta que la hubo. Yo era muy joven y no lo entendí del todo.
Recuerdo a Loken como un hombre muy trabajador que degeneró con el tiempo.
Sobre todo yo creo que estaba triste. Triste y asustado. A medida que su poder
crecía en Palamón, la gente se iba marchando. Los que se quedaron veían como
los días se tornaban grises. La protección de Loken —contra los caídos, contra
nosotros mismos— se transformó con el tiempo en una dictadura.
Cuando lo analizo, yo creo que
Loken había perdido demasiado: su familia, a sí mismo... Pero todo el mundo ha
perdido algo. Y algunos directamente no teníamos nada desde el principio. La
única memoria que tengo de mis padres es borrosa como un sueño y lejana como la
luz de sus almas. No suelo pensar mucho en ellos. Los perdí a una edad
temprana, secuestrados por los caídos. Con los años decidí que era mejor ni
pensar en ellos.
A partir de ese instante, Palamón
me crio. Esos a los que llamo familia, o solía llamar familia, me cuidaron como
a uno de sus hijos. Era una buena vida. "Vida" en aquellas
circunstancias, claro. Mi perspectiva estaba distorsionada al ser la única vida
que conocía, y no fue fácil lidiar con la pérdida, pero yo diría que era una
buena vida.
Hasta que dejó de serlo, claro.
Hasta que dos hombres entraron en
mi mundo. Uno una luz. El otro la sombra más oscura que jamás he conocido
El hombre al que acabaría
conociendo como Jaren Ward, mi tercer padre y probablemente mi mejor amigo,
llegó a Palamón por el sur.
Yo solo era un niño, pero nunca
olvidaré el lento caminar de su silueta por la senda de entrada a nuestro
poblado.
Nunca había visto a nadie como él.
Quizá ninguno de nosotros lo había hecho. Él dijo que solo estaba de paso, y yo
le creí... aún le creo, pero a veces la vida se entromete en las intenciones de
uno.
Recuerdo ese día con perfecta
claridad. Pero, de todos los detalles —matices y momentos— lo que más resalta
en mi mente es la pistola que Jaren llevaba a la cadera. Un cañón inmaculado
pero aguerrido. Como una reliquia, colgada por debajo de la cintura, de todas
las batallas en las que había luchado. A la vez un trofeo y una advertencia.
Este era un hombre peligroso pero
con un cierto resplandor, una pureza en su aplomo que parecía indicar que su
ira era algo que había que ganarse, no algo que él repartía por descuido.
Fui el primero que lo vio venir,
aunque en seguida todo Palamón acudió a recibirlo. Mi padre me sujetaba
mientras todo el mundo permanecía en silencio.
Jaren no emitió sonido alguno tras
su elegante casco de piloto. Se parecía a uno de esos héroes de las historias,
y a día de hoy no tengo muy claro si el silencio entre la gente del pueblo y el
aventurero fue fruto del miedo o del respeto. Me gusta pensar que fue lo
segundo, pero cualquier verdad que atribuya a aquel momento sería mi propia
interpretación.
Mientras esperábamos a que viniese
el juez Loken para dar la bienvenida oficial, la impaciencia me ganó. Me solté
del agarre de la pesada mano de mi padre y corrí, cruzando el patio, hasta
parar a tan solo unos pasos del intrigante sujeto, este hombre tan distinto a
todos los demás.
Me quedé mirando perplejo y él fijó
su atención en mí, con la mirada escondida tras el grueso visor tintado de su
casco. Rápidamente bajé la vista hacia la pistola. Me tenía fascinado. Imaginé
los lugares donde esa arma había estado. Todas las maravillas que había
contemplado. Los horrores que había soportado. Mi imaginación saltaba de un
acto heroico al siguiente.
Casi ni me di cuenta cuando él
comenzó a arrodillarse, sujetando el arma como si me la estuviese ofreciendo.
Mis ojos solo se fijaban en el revólver, hipnotizados.
Recuerdo que me giré hacia mi
padre, viendo la cara de todos aquellos a los que conocía. Encontré
preocupación en sus ojos y a mi padre negando con la cabeza como rogándome que
no aceptase el regalo.
Volví mi atención hacia el hombre
al que más adelante conocería como Jaren Ward, el mejor cazador que este
sistema haya conocido y uno de los más grandes guardianes que jamás hayan
defendido la Luz del Viajero...
Y así el arma con la mano.
Cuidadosamente. Con suavidad. No para usarla, sino para observarla, para soñar.
Para sentir su peso y averiguar su verdad.
Esa fue la primera vez que sostuve
la «Última Palabra», pero por desgracia no fue la última.
El tiempo pasó desde aquellos
días...
Los hombres de Loken encontraron a Jaren
Ward en el patio donde todo esto había comenzado.
Había nueve cañones apuntándolo. Nueve
desalmados esperando la orden. El juez Loken, que esperaba detrás de ellos,
parecía satisfecho de sí mismo.
Jaren Ward permanecía en silencio. Su
Espectro asomaba por encima de su hombro.
Loken contempló a la multitud antes de dar
un paso al frente, como reclamando el territorio... su territorio.
— Dudas de mí? — Había veneno en sus palabras. — Esta
no es tu casa.
Recuerdo los gestos de Loken en ese momento. Hacía que pareciera un espectáculo. Nadie se movía. Silencio.
Recuerdo los gestos de Loken en ese momento. Hacía que pareciera un espectáculo. Nadie se movía. Silencio.
Empecé a tirar de la manga de mi padre,
pero él solo sujetó mi hombro con más fuerza, hasta que dolía. Era su manera de
darme a entender que ese no era el momento.
Había estado observando el comportamiento de Jaren durante los últimos meses, conociendo su naturalidad y sus maneras ligeras y seguras. Nunca había visto a nadie como él. Era alguien al que no lograba comprender, pero en cuanto lo vi entendí lo que yo necesitaba. Él era más que nosotros. No mejor. Ni superior. Solo más.
Yo quería que mi padre detuviese lo que estaba sucediendo. En retrospectiva, ahora me doy cuenta de que mi padre no quería pararlo. Nadie podría.
Había estado observando el comportamiento de Jaren durante los últimos meses, conociendo su naturalidad y sus maneras ligeras y seguras. Nunca había visto a nadie como él. Era alguien al que no lograba comprender, pero en cuanto lo vi entendí lo que yo necesitaba. Él era más que nosotros. No mejor. Ni superior. Solo más.
Yo quería que mi padre detuviese lo que estaba sucediendo. En retrospectiva, ahora me doy cuenta de que mi padre no quería pararlo. Nadie podría.
Mientras Loken menospreciaba a Jaren Ward,
se mofaba de él y enumeraba sus crímenes y pecados, mis ojos no se apartaban de
la pistola que Jaren llevaba a la cintura. Su firme mano descansaba con calma
sobre el cinturón.
Recordé el peso de la pistola. Su
comodidad. Y mis preocupaciones se disiparon. Lo entendí.
— Esta es nuestra ciudad! Mi ciudad! — Loken gritó. Quería hacer un ejemplo de Jaren y dar a la gente de Palamón una lección de obediencia.
Jaren habló. Calmado. Con claridad.
— Esta es nuestra ciudad! Mi ciudad! — Loken gritó. Quería hacer un ejemplo de Jaren y dar a la gente de Palamón una lección de obediencia.
Jaren habló. Calmado. Con claridad.
— Ya no.
Loken se carcajeó burlonamente. Tenía nueve cañones de su parte.
Loken se carcajeó burlonamente. Tenía nueve cañones de su parte.
— Esa va a ser tu última palabra,
muchacho?
Se movió de un modo repentino, rápido como un rayo. Jaren Ward dijo mientras disparaba:
Se movió de un modo repentino, rápido como un rayo. Jaren Ward dijo mientras disparaba:
— La tuya... no la mía.
El revolver de Jaren humeaba.
El revolver de Jaren humeaba.
Loken se desplomó. Tenía un agujero oscuro
en la frente. Su mirada vacía contemplaba el infinito.
Jaren se quedó mirando a los nueve matones
que lo apuntaban. Uno a uno bajaron el arma. Y el resto de mi vida comenzó ahí,
donde dentro de unos años muchas otras terminarían...
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