miércoles, 2 de mayo de 2012

Pan

パン (Pan)
Marcela Andrea Delirio Cossette...
Ese es el nombre que ha repercutido en mi cabeza por décadas, pese a que no existe.
Pero existe en mi mente, y por lo tanto puedo afirmar positivamente que existe.
Aún espero su llegada al mundo pese a los años y años que han pasado y en los que no ha llegado.
Ella será la que heredará mis mejores años, mis mejores vivencias, y quizás las peores, para que aprenda rápidamente como es el mundo, e irónicamente aprenda también cómo es su género.
Ella tendrá mi PSX, mi PS2, mi PSP, mi PS3, mi N64, mi NGC, y jugará al Resident Evil, al Assassin's Creed, o piloteará mejor que yo en Ace Combat. Y sabrá que Link es el héroe de Hyrule, y que Zelda es la Princesa (no como la mayoría que ve a Link y dice "ese es zelda"). Y no va a jugar con barbies, no señor.
Obtendrá mis cómics en papel, y mis Gb de cómics en archivos, y se deleitará con las mismas historias que me he deleitado yo por años. Leerá Crisis en las Tierras Infinitas, se adentrará en el insano y genial mundo de Batman, y me comentará si quiere ser una Green Lantern, o una Red Lantern, y probablemente me diga que los dibujos de Bleez son bastante sexys e incluso que atentan contra la mujer (y me reiré de sus palabras y seguramente le tiraré un chiste machista y se enojará). Porque claramente ella no va a leer historias hueonas románticas.
Verá películas de acción, de mitos y de leyendas, de miedo, de personajes de cómics o de ciencia ficción, y no películas de mierda como Titanic. Ella sabrá valorar lo bueno, y verá Star Wars, y se reirá diciendo que Yoda saca una nave espacial de un pantano con el poder de la Fuerza, mientras que Di Caprio sólo se hunde en el mar y muere y no salva a nadie.
Cuando vea los viejos episodios de The Big Bang Theory, se reirá sabiendo que ella misma entiende de lo que hablan, y no tiene que recurrir a un friki para que le explique quién es Stan Lee, o un nerd que le explique la Teoría de la Relatividad de Einstein. Su padre se lo habrá enseñado desde antes de que ella pudiese siquiera hablar, y será capaz de explicarlo hasta a su abuela.
Y cuando le pregunten por qué a veces le dicen "pan", ella sabrá que es por el amor que su padre le tuvo incluso desde antes de nacer, y aunque ella pocas veces sea llamada de esa forma, sabrá que en su interior su padre siempre la llamó así. Pan, como la nieta de Goku.
Y aún espero el día en que pases de ser un simple sueño, una simple idea, un simple deseo, a ser una realidad hecha y consumada. Y seguramente odiare tus llantos a media noche, y andaré cagao de sueño en el día por tu culpa, pero no me va a importar. Obviamente me va a importar tenerte entre mis brazos y verte crecer y disfrutar de la vida, con las cosas que tiene éste mundo para ofrecerte, como yo lo he hecho en esta vida, y como yo lo haré contigo.
No se si realmente termines llamándote así, ni siquiera se si te dirán "pan", pero aún así, para mi siempre serás Marcela Andrea Delirio Cossette, alias "Pan".
Te espero, y te quiero desde hace años. Ven a mi.

REK.

domingo, 22 de abril de 2012

Cosas del Pasado

Bombshell,
líder de los Insecticons
Recuerdo la primera vez que una niña me gustó de verdad, en aquellos gustos de niños, y que por lo general era la niña bonita del barrio, la que además todos perseguían por el mismo hecho. Nadie se fijaba en las feas. Era una vecina del barrio, aún incluso hoy en día la veo cuando se aparece por estos lados. La verdad sea dicha nunca me dio bola, aunque debo reconocer que yo tampoco nunca le insinué nada, probablemente por miedo a quedar en ridículo a que te dijeran "no". Además eran  gustos de niños, de cabros chicos, por ende no eran muy importantes, aunque para uno en aquel tiempo si lo eran. Salíamos a andar en bicicleta a veces, y conversábamos cualquier estupidez. Recuerdo la vez que entre juegos de palabras, nos dimos cuenta de que si tuviésemos hijos en el futuro, tendrían los mismos apellidos míos, puesto que el primer apellido de ella era el mismo que yo tenía como primero. Cosas del destino, porque en una relación que tuve por 4 años, la chica con la que estaba, si hubiésemos tenido hijos, llevarían los mismos apellidos de mi padre. Lamentablemente nunca se concretó ninguno de los dos futuros.
Nunca he tenido una lesión grave, como fracturas, esguinces, o enfermedades típicas de pendejos, como paperas, o pestes de diferentes nombres, excepto la preste cristal, que ha sido lo único que me dio. No conozco las dolorosas consecuencias de una fractura por jugar a la pelota, o una herida demasiado terrible por la cual tuvieras que ir a un hospital. Lo único más grave que recuerdo, y que con los años se ha ido corrigiendo solo quizás con el mismos uso de teclado, es una torcedura fea que me hice en el meñique de una mano. Estábamos jugando a la pelota y corrí a marcar a un compañero, y me tropecé con el envión, y fui a incrustar la mano en la reja de fierro de un vecino, con la mala suerte de dejar aquel dedo fuera del rango donde estaban los otros, y atascarse en la reja mientras el resto de la mano pasaba sin problemas por el espacio entre los fierros. El dolor fue terrible, y aunque le sacá de chucha fue linda, el dolor del dedo y la mano fue lo peor. Después de unos minutos se me hinchó la mano como empanada, y así se mantuvo por varios días. Cuando se terminó la hinchazón, noté que al doblar los dedos de la mano hacia adentro, aquel dedo dejaba un pequeño espacio con el dedo anular, cosa que en la mano contraria no ocurre. Aún tengo ese, y a veces cuando hace mucho frío, rondando los -10ºC, me molesta ese dedo, la articulación más bien. Nunca dije en mi casa que aquello ocurrió, y tampoco fue para tanto la verdad.
Durante mi estadía en el colegio ocurrió el primer gran enamoramiento de mi vida, aunque aún sigo considerando que fue un amor de joven, con una mentalidad diferente y modo de ver la vida también diferente. Ella era muy linda, y con bastante buen físico, lo que era raro para esos tiempos sin pollos con hormonas, donde debías esperar hasta 3º Medio para tener una compañera medianamente rica o desarrollada. Aún recuerdo aquel día que salimos a caminar con otras parejas, y sus jeans en la etiqueta decían "parati". Yo en mi interior pensaba "y todo eso es mio??", cosas de pendejo. Y nunca supe si era la marca de los jeans o qué, ni idea. El cuento es que por ella estuve bastante baboso mucho tiempo. Y claro, como es la tónica entre los humanos, varios andaban rondando a aquella bella colegiala, pero por alguna extraña razón (y bendita razón), ella no les daba bola, pero a mi si. Jugábamos en los videojuegos en las máquinas arcades, algo no muy tradicional en las chicas de aquella época (ni hoy tampoco), y hacíamos buen equipo jugando al Air Buster, un juego de aviones. Muchos querían jugar con ella, pero no, sólo jugaba conmigo. Pero el juego más freak que jugaba, era el Wild Fang. Un juego donde los protas debian arrancar las cabezas de los enemigos, literalmente. Incluso yo me asombré de que jugara eso, y encima lo hacía bastante bien. Mucho tiempo después, la volví a ver un día de mi cumpleaños, en la micro. Conversamos y esperamos vernos de nuevo, algo que nunca más pasó.
Por regla general, cuando un hombre está solo, ninguna mujer le da pelota. Pero cuando llega a tener una relación, aparecen mil tipas detrás de él. Explicación? Imposibilidad femenina de contenerse ante un tipo comprometido, para demostrarse a si mismas que son mejores que las demás, más lindas, más bonitas, más deseables, y etc. etc. etc. Cuando tuve una relación más o menos importante, una chica un día me dijo que quería conversar conmigo pero en privado. Asentí y llegamos a una plaza y me dijo que aún ella sabiendo que yo tenía una relación, por alguna razón que no entendía, había soñado conmigo. Nada burdo ni sexual, pero un sueño al fin y al cabo. Las mujeres por lo general sueñan hueás de ese tono sólo con tipos que nunca tendrán, como actores o cantantes o qué se yo. Los hombres por lo general sueñan con sus amigas. Cosas de la genética. Posterior a esas conversaciones en aquella plaza, una amiga de ésta otra chica, me dijo que de no haber estado yo en una relación, y de no estar su amiga interesada en mi, ella también me hubiese echado los perros. Confieso que en aquel momento me sentí un actor de jolibud, pero también me preguntaba "qué chucha?". Convengamos en que no soy ni un actor ni un galán ni nada, y de que mis dones están ocultos, no a la vista. Entonces de cuando acá 2 chicas más jóvenes que yo, iban a declararme interés? La verdad nunca lo supe. El cuento es que para ser sincero, por un lado agradecía el que aquellas chicas se interesaban, y al mismo tiempo en cierta forma le pegaba a la perra por tener pareja y perderme esas dos chicuelas que estaban filete. Pero así es la vida, y ya estaba todo hecho, sólo a "sufrir".
Durante mis tiempos de estudiante superior, conocí a una chica en un curso de verano, linda, bajita, rubia, y muy simpática. Como estudiábamos juntos, y vivíamos más o menos cerca, a veces venía a mi casa a tomar once o a comer. Tenía una hija muy linda, y creo que para mi en aquel momento nunca fue un problema, pero para ella sí, ya que eso la amarraba inevitablemente con su ex, y probablemente eso le incomodaba, tanto por ella como por mi. En el lugar que estudiábamos todos sabían que nosotros teníamos onda, pero nunca llegamos a ser pareja oficial. Hacíamos muchas cosas juntos, pero aunque habían besos y abrazos, nunca formalizamos nada. Y asi como nunca tuvo nombre, nunca tuvo que dejar de tenerlo, y el tiempo se encargó de perder esa magia y esa conexión, especialmente cuando ella antes de fin de año dejó de estudiar, por razones que no recuerdo o que no supe.
Cuando más joven, casi niño aún, tuve cierta onda con una de las chicas que todos perseguían, y yo me sentía el puto amo del mundo. Qué idiotez. Creo que fue de las primeras "mujeres" a las que besé con más pasión que simples "besos de cabros chicos". Obviamente nunca fructificó nada, amores infantiles es poco lo lejos que pueden llegar, especialmente con las mujeres que en cuanto empiezan a madurar se ponen más hueonas y cambian sus gustos e ideales, y prefieren tener un séquito de giles detrás de ellas, que andar o estar con uno en específico, especialmente cuando son influenciadas por una amiga un poco mayor y que cacha más cosas.
Quién no hizo una "obra de teatro" en la escuela? Yo al menos si, y fue una experiencia bastante dispar en muchos aspectos. Claramente no eramos ningunos profesionales de la actuación, y además nos dedicábamos más a reírnos de nosotros mismos que de prepararla y ensayarla como corresponde. El tema que nos tocó, o elegimos, fue las drogas. Lo abordamos de una forma diferente, ya que lo hicimos desde la arista de la compra y la venta, más que por el consumo que era lo más simple. Aún así no salió como pensábamos. Primero porque no hubo un ensayo en serio de por medio, sino que más fue lo que tuvimos que improvisar, lo que le daba un sabor especial, al menos para nosotros, y segundo porque debíamos tener la precaución de no incurrir en los garabatos, algo muy complejo cuando intentabas reproducir el lenguaje y las costumbres de los drogos de la época. Yo al menos en lo personal cumplí con mi actuación, no para ganarme un Oscar, pero si para pasar, y los demás creo que igual, sobretodo teniendo en cuenta que no habíamos ensayado nada. El momento donde pensamos que habíamos perdido la nota, fue cuando uno de los compañeros lanzó un garabato en sus diálogos, y todos abrimos los ojos con expresión de asombro y la sensación de sacarnos mala nota. Sin embargo la profesora que nos evaluaba, nos reclamó al final de que pese a ser notoriamente una obra de improvisaciones, argumentó que no usamos casi nada del lenguaje coloquial de los drogos y su mundo. Nos emputecimos como era de esperar, y nuestro director (toda obra debe tener uno, incluso aquel circo que hicimos), le reclamó a la profe que debía ponerse de acuerdo en sus cosas, porque no quería garabatos, pero si nos jodió por no usarlos. Vieja de mierda, al final no obtuvimos mejor nota sólo por eso, pero fue un buen chiste el que montamos frente a todos.
Una de las personas femeninas más importantes durante mucho tiempo para mi, fue una prima mía. Intercambiamos muchas cosas, y siempre le he guardado un gran e incondicional cariño, pese a que los años han evitado que nos veamos o que mantuviéramos el contacto como antaño. Hace poco tiempo la vi, estuvo en mi casa, y sigue igual de linda que siempre. Fue importante porque sin saberlo fue una de las principales gestoras de mi amor por las letras, por los escritos, y por expresar os sentimientos a través de un lápiz y un papel. En aquellos tiempos de la prehistoria tecnológica, no habían emails, ni facebook, ni nada de eso, y la única manera de mantener contacto era por carta (algo que lamentablemente se ha perdido). Eso llevó a que tuviera miles y miles de letras escritas, así como acumular Kilómetros Lan Pass, lo que ayuda enormenente a la ortografía, y ha ayudado a desarrollar mi espíritu aventurero de las letras hasta el día de hoy.
Hace muchos años, para una navidad, me llegó de regalo un Transformer pero de los originales. En aquel tiempo, los originales se diferenciaban de las copias mulas porque su símbolo de bando era en una especie de papel holográfico, que cambiaba de color con la temperatura, pasando del negro al rojo o azul. Además eran hechos de metal y plástico, y eran como la serie de los 80. Hoy en día son más plásticos y son como las películas de Transformer. A mi me regalaron a Bombshell, uno de los Insecticons, el líder, de hecho. Creo que es una de las navidades que más recuerdo, porque recibí un regalo de moda, original, y bacán además. No es que en otras navidades no fuera así, pero quizás fueron otros tipos de regalos. Ese año todos querían uno, y no a todos les llegó, pero afortunadamente a mi si. Nunca fui de pedir cosas para navidad, excepto cuando era muy niño, pero después esperabas algo bacán y ya, más que pedirlo casi con exigencia. Aún tengo ese mono por alguna parte, claramente ya con partes menos, y con su holograma eternamente en negro, ya que perdió su capacidad de cambiar de color, pero existe, y es un remanente de aquellos tiempos y de aquellas navidades.
Por qué escribir sobre estas cosas? La verdad simplemente me nace, y nunca he renegado de mis vivencias y mis recuerdos, son lo que me hacen ser hoy en día.

REK.

lunes, 16 de abril de 2012

Cumulonimbus Incus


Los días nublados son geniales. Aquel aroma a humedad del aire es algo que despierta mucha sinápsis en mi cerebro, que comienza a trabajar a sobre marcha en miles de recuerdos simultáneos y asíncronos, de una vida distante y pasada hace eones.
De niño en mi casa no abundaba la plata, y tampoco es que ahora si abunde, sino que ahora hoy por hoy hay un mejor standard de vida en general. Cuando llovía, por ejemplo, había que ver la lluvia, sentirla, a través de la puerta, porque en los primeros años de aquella casa, las ventanas sólo eran un proyecto a futuro, y existían sendas planchas de madera, en lugar de vidrios. Hoy simplemente veo a través del cristal como llueve en el jardín, o simplemente no le presto importancia. Antaño era una odisea ver llover, más que sentir llover, pero le daba un toque muy especial, muy particular, que claramente hoy no tiene.
Una vez caminé por el Parque Forestal cuando comenzaba a llover, un día de otoño cualquiera. La compañía era agradable, y la conversación era interesante. Caminé mucho por aquellos caminos de gravilla rodeados de frondosos árboles, mientras las gotas de la lluvia caían en mi cabeza. No era una lluvia muy intensa, más bien era suave, pero mojaba bastante, y en caminar tanto, se notaba aún más.
Yo estaba en mi casa un día cualquiera, esperando a mi polola, con quien vivíamos, con el pan comprado y con la tetera a punto de hervir, para tomar once en aquel día nublado. Ella llegó como de costumbre, y en vez de sentarse a tomar el té conmigo, me dijo que lo nuestro se terminaba. Aún después de miles de años, no logro comprender el por qué, aunque ahora me es de lo menos importante, en aquel tiempo si me importó y nunca lo supe. C'est la vie.
Hacía muchos meses que se me había perdido un álbum de láminas de la serie Robotech. Lo había buscado en todas partes de mi pieza, inclusive fuera de ella, y todo fue inútil, no apareció por ninguna parte, por lo que lo dí perdido por meses. Lo lamenté mucho, ya que aunque no estaba completo, era mío, mi colección, y ya no estaba. Un día estando en la casa de los amigos que tenía en aquella época, los amigos que tenía hace años, encontré mi álbum, con mi nombre borrado con lápiz pasta encima, y con otro nombre escrito arriba, el nombre de mi amigo. Ese día fue de las primeras veces que aprendí que la amistad no existía, pese a que seguía fervientemente creyendo en ella. Por cierto, recuperé mi álbum.
Nada más entretenido en las épocas infantes, que dar fuertes pisotones al agua de las posas tras la lluvia, y salpicar agua para todos lados. Es una de las mayores satisfacciones de cuando éramos niños, sin duda. Ahora si lo haces con cierta técnica, poniendo el pie de lado y un poco inclinado, puedes lograr que el agua salte mayormente hacia el lado contrario y no de forma pareja, por lo que puedes causar más "daño" con el agua. Si logras mojarle los zapatos o pantalones, o piernas si es mina, a tus compañeros, eres un puto dios de las pozas invernales.
De chico fui bastante tímido, incluso hoy en día (aunque parezca inverosímil), me queda algo de aquella timidez pre-púber en la cual te ponías nervioso frente a la cabra chica que te gustaba, te sudaban las manos, y por lo general terminabas haciendo alguna estupidez esperando que la encontrara divertida. Creo que esa timidez va de la mano con la imposibilidad de entender a las mujeres, lo que lleva a que seas cauto y poco espontáneo en ciertas actitudes frente a ellas, ya que no tienes la más remota idea de cómo van a reaccionar ante lo que digas o hagas. De hecho, es bastante probable que reaccionen mal ante lo que hagas, sea lo que sea. Y no intentes probar otra cosa para ver otras reacciones, pues será la misma. Ya verás.
Era el final de la época colegial, y las posibilidades de seguir amistades después del final de clases eran bastante remotas en aquella época. En el último tiempo, había nacido una amistad y camaradería especial con una compañera, algo que en el último día de clases se manifestó como otra cosa, mucho más íntima y personal. Qué designios tenebrosos y malditos hicieron que pasara aquello? La verdad no lo se, y tampoco se qué hubiese pasado si aquel sentimiento se hubiese desarrollado más. Aún guardo mucho cariño por aquella compañera a quien he visto sólo un par de veces en mi vida fuera de aquellos tiempos escolares, pero aún me pregunto "qué hubiese pasado si...".
Cuando leo o escucho gente que quisiera cambiar cosas en sus pasados, recuerdo las veces en las que yo mismo me planteaba esas ideas, o esas inquietudes o deseos, y al mismo tiempo me doy cuenta del gran error que eso significa. El tema es simple, no puedes cambiar nada, porque lo que cambies cambiará tu presente actual, y probablemente no serás el mismo. Es complejo analizar que incluso mínimos cambios pueden generar enormes cambios en las líneas temporales de las personas, y no sólo grandes o importantes eventos, como pudiésemos llegar a pensar. Sea lo que sea que hayas hecho, es lo que te hace ser hoy quien eres, y es lo que a fin de cuentas vale. Igual quizás cambiaría algunas mínimas cosas, pero quizás sea mejor que no, y dejar todo como está. Soy quien soy, gracias a eso.
Contemplando las estrellas de noche en el cielo, y pensando en la vastedad del universo e el que estamos inmersos, me pregunté algo tan simple y a la vez inútil desde cierto punto de vista, si las personas comunes de éste planeta sabían que lo que ellas llaman las estrellas "las Tres Marías", en realidad se llaman Alnilam, Alnitak y Mintaka, y que corresponden al Cinturón de Orión, en la constelación del mismo nombre. Probablemente poca gente sabría. Y sería importante? Cuánta gente hay en el mundo, que nombra las cosas sin siquiera saber realmente si se llaman así, o por qué se llaman así? No todos tienen las ganas de andar averiguando, claramente, o no les interesa en lo absoluto. Pero yo se, y eso debería significar algo, supongo. Qué? No se. Pero algo es.
Un fin de año en el colegio, pagué una apuesta realizada a principios del mismo. No es que perdiera, fue más bien un empate, y ambos con mi compañero debíamos pagar. Sin embargo, sólo lo hice yo, probablemente el miedo invadió a mi compañero y no cumplió con lo pactado. O yo no tuve reparo en medir las consecuencias que podrían haber conllevado ese pago de la apuesta? Sea como sea, lo hice. No recuerdo muy bien el contenido de la apuesta en si, y menos el motivo por el cual la apuesta fue decretada empate, pero si recuerdo lo que hice. En un momento en que había mucho alboroto en la sala, y en general en todas las salas, lancé una de las sillas en contra de las ventanas con mucha fuerza. Creo que no hubiese pasado nada, si el vidrio hubiese estado justo en la trayectoria de la silla volando hacia el patio o "inter-patio" de la sala. El tema es que el vidrio se hizo mierda con un estruendo del que todos enmudecieron y me miraron con cara de extrañados o sorprendidos. Pero esa era la apuesta, romper un vidrio con la silla. Y apuestas son apuestas.
Una mujer una vez me sorprendió. Nos juntamos después de habernos conocido en extrañas circunstancias y tras las cuales nos aborrecíamos y odiábamos. Ya habíamos aclarado algunos puntos de nuestro primer y fatal encuentro en aquel local con los demás amigos, donde ambos nos caímos como patá en la guata, e incluso había más que onda entre nosotros. Aquella vez nos juntamos, asumiendo yo que íbamos a conversar o a caminar por algún parque desconocido como siempre hacíamos, pero cuando nos vimos, después de los saludos, hizo parar un taxi y le dijo al chofer: "llévenos a un motel bueno pero no tan caro". Yo quedé con cara de sorprendido, obviamente. Pero después quedé con cara de felicidad.
Esa vez la pelota cayó irremediablemente en la frondosa copa de aquel árbol, y no pudimos recuperarla. Eso nos hizo recordar un capítulo de Charlie Brown donde existía un árbol que se "comía" los volantines (cometas en el dibujo animado), por lo que decidimos muy acertadamente llamar a aquel árbol, el Árbol Come Pelotas. No podíamos evitarlo, estaba plantado justo en medio de lo que nosotros siempre ocupábamos de cancha, lo que era un inconveniente extra en todo sentido durante el juego, además de un problema insoluble para nosotros. Muchas pelotas se comió aquel árbol, aunque ahora que yo crecí, no lo veo tan grande como en aquellos tiempos
Me encantan los días nublados, hacen que mi cerebro trabaje mejor, aunque den ganas de tirarse en la cama a pensar y recordar.

REK.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Juegos de Ayer y Hoy


Una manera sencilla de darte cuenta de que estás viejo, es cuando hablas con argumentos sólidos, sobre que los juegos de video de hoy en día, son mucho más simples o fáciles de lo que eran antaño.
En aquellos tiempos del ayer, los juegos tenían gracia, tenían argumento, y tenían una dificultad incluso extrema en algunos casos, llegando a ser verdaderos dolores de cabeza resolver uno que otro puzzle o historia paralela. Hubo juegos emblemáticos donde ni siquiera tenías opción de terminarlos, porque eran demasiado difíciles, demasiado duros los enemigos finales, o simplemente tu nivel de pelea era tan ínfimo que aunque mataras a todos, al jefe final no le hacías ni cosquillas. Juegos como Chrono Trigger donde matar a Lavos era casi un acto de heroísmo greco-romano, o Final Fantasy V donde por más que quisieras nunca podrías ganar la pelea final porque era demasiado difícil, son sólo un par de ejemplos de que antes las cosas no eran tan simples como hoy en día. Antes los juegos eran verdaders desafíos a la mente, a la astucia, a la inteligencia y a la paciencia. Hoy son un desafío al bolsillo y a la paciencia, porque muchos en vez de ser difíciles, son latosos y aburridos en algunos aspectos.
Claro, hoy tienen gráficas de ensueño, gracias a las tecnologías que usan las consolas modernas, pero ni las historias ni la adictividad son las de antaño. No todo es la gráfica, la gracia real es una historia envolvente y entretenida, con personajes queribles sustentados por vidas realmente atrayentes, y que además sea divertido jugarlo.
Un claro ejemplo de lo que digo, es Final Fantasy, la mítica saga de juegos de Square creada por Hironobu Sakaguchi. Su creación fue para la prehistórica NES de Nintendo, en 1987. Una historia genial y un gran desarrollo de la misma y de los personajes, lo que llevaron a esta fantasía final, a realmente no ser la última, sino el inicio de una saga de las más grandes que existen en los juegos de video. Los gráficos y la música, enmarcados dentro de lo que la NES podía ofrecer y rendir, cumplían cabalmente complementando la historia, aunque para los estándares modernos aquella gráfica nos parece casi burda, pero en aquellos años fue genial. Y ahora tenemos Final Fantasy XIII y su secuela XIII-2, las últimas entregas de Square-Enix, con unos gráficos excelentes, geniales, pero con una jugabilidad reducida en tiempo pero al extremo, lineal y complejo no en dificultad, sino en lo tedioso que se vuelve buscar fragmentos o desarrollar las mejores armas.
Recuerdo que Final Fantasy VII de PSX fue un juegazo descomunal en todo sentido. Excelentes gráficos, excelente historia, envolvente, atrayente, muchas historias paralelas que desarrollar, un mundo completo para recorrer y no aburrirse, y la obvia y clásica sesión de entrenamiento para subir de niveles y poder derrotar enemigos complejos, y terminabas jugando horas y horas y horas, y costaba mucho tiempo terminarlo al 100%, incluído derrotar a los enemigos más duros del juego.
Los últimos dos juegos actuales tienen historias lineales, no hay naves con las cual recorrer ningún mundo, ni siquiera hay mundo que recorrer. Los personajes desarrollan su historia dentro del juego lineal y principal, y en unas cuantas horas puedes terminarlo sin mayores problemas. El único problema, es la enorme paciencia que debes tener para resolver cosas. No es una dificultad relacionada con lo complejo o con la astucia, sino con la paciencia. Algo de lo que no todos disponemos, especialmente quienes comparamos el ayer y hoy en éstos modernos juegos.
Son fáciles, son simples, los puedes terminar en un par de días... Alguien puede hacer eso con The Legend Of Zelda: Ocarina Of Time? O con Chrono Cross? O con Final Fantasy VII? No creo. En los buenos juegos de la buena época, había que invertir tiempo y sesos, hoy sólo paciencia y dinero, ya que con la llegada de la masificación de las consolas con internet, ahora todo lo puedes comprar y te lo venden como DLC o contenidos descargables que se añaden al juego.
La verdad estos DLC de la PlayStation3 y como quiera que se llamen en Xbox360, sólo han cagado los juegos más de lo que ya estaban cagando. Tomemos como ejemplo a Ace Combat, clásica serie de combates aéreos de Namco. En Ace Combat 04 tenías que pasar todas las misiones del juego en Rango S (el más alto), es decir matar a cuanto enemigo saliera, para tener opción de comprarte (carísimo) el mejor avión disponible, el X-02 Wyvern. Ahora en Ace Combat Assault Horizon sólo debes pagar X cantidad de dinero, y descargarte aviones buenos en DLC. Es decir, una mierda.
Con la llegada de estos contenidos descargables, han terminado de cagar los ya de por sí alicaídos juegos, al menos siguiendo mi punto de vista, ya que no sólo te sacan más plata de la que te sacan por comprar el juego, sino que además te cagan la historia y el desarrollo para después vendértelo por internet. De mal en peor.
Eso sumado a la gran facilidad y rapidez con la que puedes terminar los juegos de hoy en día. Y claro, es algo obvio, la idea es que el tipo lo termine luego, asi se quede con ganas de jugar y se compre los contenidos descargables. Una mierda en realidad.
La gran saga de Ace Combat, se fue a la mierda con la última entrega. Se pasaron quizás por donde toda la historia del mundo ficticio donde siempre se había desarrollado, para poner los aviones al servicio de Estados Unidos y combatir a los "malos", es decir, a los terroristas en Afganistán. Call Of Duty? Si, pero en aviones. Puaj!
Final Fantasy si bien conserva la gracia en los personajes y en la historia, es tan corto que no se si valen la pena como los de antaño. Es más, en el XIII-2 ni siquiera tienes las invocaciones, míticas y clásicas de casi todos los títulos, y nadie siquiera te explica por qué. Y aunque vuelven los chocobos y sus carreras divertidas, prefiero las de FFVII porque tener al mejor de todos, el Chocobo Dorado, era complicadísimo, sin embargo ahora vas y lanzas a Mogu en una pelota verde y te dan el Chocobo Plateado, y ganas las carreras fácilmente, o en un cofre a la vista de todo el mundo te dan el Chocobo Dorado... Cero complejidad.
Lo lamento por los jóvenes de hoy en día, que aunque alucinan con la gráfica, se terminan jugando algo simple y casi sin gracia. Ni comparado con los de nuestra época, con grandes historias y unos verdaderos desafíos. Yo por mi parte, desempolvaré mi PS2 para jugar Ace Combat 04 y tratar de matar lo más posible, para sacarme de la idea el Assault Horizon que valió hongo.

REK.

jueves, 23 de febrero de 2012

En los Pantanos de la Realidad


IV
Reencuentro

Había vuelto a casa con las compras, y ordenaba las cosas en las estanterías dedicadas a ellas, escuchando algo de música mientras esperaba el regreso de ella.
Sin embargo, mucho antes de lo que esperaba sonó la puerta de la calle. Le extrañó, no era momento en que regresara ella aún, asi que teniendo claro que era otra persona, se decidió a mirar primero por la orilla de la ventana, tratando de no ser descubierto. Afuera habían dos hombres bastante arreglados, con cara de pocos amigos, pero vio en sus chaquetas los emblemas de la Policía Civil, lo que al menos de momento lo alivió, pero también lo preocupó en otro sentido. Qué iba a hacer? Técnicamente era un indocumentado que no podría ni siquiera justificar su existencia, cómo explicar a la policía tal cosa? Debatió unos segundos consigo mismo, y prefirió no salir a ver qué pasaba. Los policías insistieron reiteradas veces, y al no obtener respuesta se marcharon en un vehículo negro con balizas de colores azul y roja. Se quedó meditando varios minutos sobre el propósito que había llevado a la policía hasta la casa de ella. Sabrían que él estaba allí, sabiendo que en realidad él estaba bajo tierra? Y si... Y sí le había pasado algo a ella? En ese momento se sobresaltó, y se arrepintió de no haber salido a abrir la puerta, pero en realidad hubiese tenido que dar explicaciones imposibles de entender. Entonces cómo saber que ella estaba bien? Sólo quedaba ir al lugar donde ella iba a encontrarse con su amigo, a ver si estaba bien. Cogió una gabardina negra y cerró la puerta, corriendo raudo por las mojadas veredas, mientras se ponía la gabardina bajo la lluvia.
Corrió lo más rápido que pudo, a ver si podía llegar antes de que se fueran a otro lado, ya que había pasado bastante rato desde que ella había salido. De pronto llegando a una de las esquinas vio un pequeño grupo de gente, y las luces de las balizas indicaban la presencia policial o de los vehículos de emergencia. Se le hizo un nudo en la boca del estómago, pero trató de conservar la calma y se acercó a la poca gente que había. Sea lo que sea que había pasado, ya era noticia vieja, pues sólo estaban los policías tomando medidas y anotando cosas, aunque claramente todo había sido muy reciente. Vio un vehículo estrellado en un árbol y al fin respiró más tranquilo. Sólo se trataba de eso, nada que ver con ella en realidad. Lamentó de igual forma el accidente, por la persona que iba conduciendo que fuera quien fuera ojalá se encontrara bien. Se apartó de la gente para seguir su camino cuando escuchó un comentario de una de las tantas viejas copuchentas allí apostadas aún mirando:

- Pobre chica, ojalá esté bien, pero iba tan mal, fíjate.
- Sí, yo vi cuando pasó, estaba esperando la luz. Fue terrible, no quiero ni recordarlo – respondió otra.

En ese momento volvió el pánico a su mente y a su estómago. Se acercó y preguntó qué había pasado. Lo que le dijeron lo dejó estupefacto, y peor cuando pidió que le describieran a la joven. Era ella, sin duda, y había tenido un grave accidente. Evitó a la policía con preguntas, y siguió rápidamente hacia el centro médico de donde era el vehículo de emergencia. Por el camino pensó miles de cosas, y se le vinieron a la mente todos los recuerdos de las cosas que hasta ahora había vivido con ella.
Ni bien llegó al centro médico, entró inmediatamente a preguntar por ella, y aunque le preguntaron muchas veces el tipo de parentesco y lo evitó siempre, al final le dijeron la verdad sólo en vista de las insistencias. Fue como si una bomba le explotara en el pecho, una angustia extrema se apoderó de su ser, y las lágrimas le salieron casi sin quererlo. Qué tipo de broma macabra estaba jugando el destino con él? Por qué moría la única persona con la cual podía vivir aquella miserable vida en otro mundo u otra realidad o lo que mierda fuera? Sin ser familiar o sin poder comprobar quién era, le fue imposible entrar siquiera a verla ni nada, por lo que se tuvo que alejar llorando bajo la lluvia con un sentimiento de pena y odio por la injusticia que el mundo había hecho. Su pena sólo era comparable al gran vacío que sentía en su corazón y en su alma, el que claramente no podía ser llenado con nada y menos en aquellos momentos donde una inmensa y pesada soledad se le estaba poniendo encima de los hombros. La mujer que amaba ya no estaba, no existía, y ahora qué iba a ser de él? Su realidad y su vida tampoco existían, y ciertamente la vida con ella ya tampoco existía, y aunque le apenaba y se garabateaba solo por pensar esas cosas en aquel momento de dolor, tenía claro que ni siquiera podría seguir en aquella casa que era de ella, y que su vida en ese mundo miserable y dañino, no podría ser nunca igual.
Por la noche hizo una simbólica cena para dos, con la mesa con mantel negro y velas del mismo color, y comió en soledad en una especie de homenaje a aquella maravillosa mujer que lo apoyó y amó sin preguntar más de lo debido y sin reparar en el hecho de que él no era él, si aquello podía entenderse. Silenciosamente alzó su copa al cielo, y diciendo “te amo”, bebió de aquel vino que pese a ser de una buena cepa, sólo sabía a amargura. Sería su última noche en aquella casa, no podía quedarse más, e incluso el quedarse esa noche era un riesgo que estaba corriendo. Pero no le importaba nada, sólo disfrutar aquella última noche con sus recuerdos y con las cosas que eran de ella, la casa que los acogió durante mucho tiempo, y donde él aprendió a amarla y a conocerla, y también acostumbrarse a su nueva vida. Ordenó las cosas luego de comer, guardó todo y se fue a dormir solo por primera vez desde hacía meses, y aquella soledad sólo le traía recuerdos que ahora eran dolorosos por no tener a su lado a quien amaba.
A la mañana siguiente sacó las pocas cosas que tenía en aquella casa, y se fue rápidamente de ahí, temiendo que llegara alguien de los familiares de ella o de sus amistades. Se fue a un hotel, dónde se quedaría por mientras encontraba un sitio donde arrendar para después buscar trabajo. Después salió de allí e hizo unas averiguaciones tratando de no dar muchos datos, para no levantar sospechas. Consiguió el nombre de quien había sido el responsable de la muerte de su amor, de su compañía, literalmente de su todo, y sabía en qué centro hospitalario estaba, y pretendía hacerle una visita, ya que sabía que las lesiones de aquel no habían sido como las heridas mortales de ella, y se recuperaba satisfactoriamente.
Permaneció en aquel hotel hasta el día del funeral de ella, información que se consiguió haciéndolas de espía nuevamente, y siguiendo secretamente a gente que podría tener los datos, especialmente familiares de ella. Así obtuvo el día y la hora, y el lugar. Sintió algo extraño cuando supo que ella quedaría junto a su tumba, es decir la de él.
El día del funeral fue un día lluvioso y bastante frío. Después de las emociones y de las palabras, la gente se retiró y él se acercó a decir unas últimas palabras, luego de lo cual abandonó el lugar llorando bajo la copiosa lluvia de aquel horrible invierno. Por la noche llegó al hotel y se acostó, cansado y apesadumbrado. Se durmió con los ojos con lágrimas, con recuerdos en su mente, pero sintiendo de pronto una quietud que no sentía ya no recordaba desde cuando.
Por la mañana despertó tarde, el sol entraba por la ventana a raudales, y sintió incluso algo de calor. No alcanzó a abrir ni los ojos cuando una voz femenina le gritó desde la puerta:

- Y a qué hora piensa levantarse el rey de los flojos?

Aquella voz no la escuchaba hacía mucho, mucho tiempo, incluso apenas la reconoció. Abrió los ojos refregándolos aún de sueño, y su impacto fue mayúsculo al ver la delgada figura de su madre en la puerta de su pieza, sí, SU pieza!

- Mamá?? – fue lo único que le salió de la boca, sin siquiera haberlo pensado o analizado.
- Quién más? Un muerto, un fantasma? - replicó ella entre sonrisas
- Qué pasó? Qué hago aquí?
- Acá vives hace mucho, o ya lo olvidaste? Seguro te fuiste de farra anoche con Hee y tus amigos y has olvidado hasta quien eres, mira la hora que es! – y diciendo esto cerró la puerta y se fue a otro lado de la casa.

Aún medio dormido, no paraba de estar emocionado pero a la vez extrañado. Realmente estaba en su casa? Al parecer sí, y aquella claramente había sido su madre despertándolo a gritos como casi todos los fines de semana que dormía hasta tarde. Miró a su alrededor y en efecto aquella pieza lucía como la suya, como su tan añorada cama con su cuerpo marcado en el colchón, con su cojín con diseño de automóvil, sus paredes tapizadas con imágenes de diversa índole, sus muebles y sus adornos, incluso los vehículos de colección a escala encima de su escritorio. Qué había pasado? Había vuelto a su mundo, a su vida? Era aquello siquiera posible? Pero si había estado viviendo una vida diferente, era perfectamente posible que volviera, de alguna forma misteriosa tal como se fue, a su vida normal. Excepto de que todo se tratara de un mal sueño y simplemente despertó de él. Cómo diferenciar entonces ahora las cosas? Le era imposible, y se quedó varios minutos intentando buscar una respuesta a aquel enigma. Revisó su reloj que estaba encima de su escritorio, era domingo, más de las 11 de la mañana. Hizo memoria y su última noche donde recuerda que estuvo en su casa, había sido el sábado, por ende cuadraba todo, lo que le daba la idea de que había sido solamente un mal sueño, aunque extrañamente demasiado real. Terminó por decidirse y se levantó, transitó por su casa antes de ir a ducharse, vio a su familia, y aunque no les dijo nada, su emoción fue muy grande, y antes de soltar unas lágrimas acusadoras, se fue al baño para ducharse. Después de ordenarse y abrazar a su familia, lo que descolocó a cada uno de los miembros y asumieron que estaba ebrio o loco, salió raudo para encontrar a la única persona que quería ver en aquel momento, y que por aquel extraño sueño (estaba asumiendo que era un sueño), extrañaba como a nadie más en la vida.
Ella se había levantado temprano, y estaba afuera de su casa ordenando un poco las flores del jardín en aquel soleado día primaveral. Estaba afanada en ello cuando a lo lejos por entre las plantas y la reja vio la silueta de él, y le extrañó que viniera en aquella mañana de domingo, pues sabía que los domingos él se dedicaba a otras cosas y no a hacerle visitas a ella. Se puso de pie, limpió un poco sus ropas que tenían ramitas y hojas encima, y fue a abrir la puerta de la reja que aún permanecía con llave. Al hacerlo, esperó con una sonrisa a que él llegara, y le hizo señas con la mano saludándolo a la distancia. Él echó a correr y llegó donde ella, y la abrazó de una forma muy inusual, pero su sorpresa fue mayor cuando él la tomó de la cintura y la besó en los labios. Ella quedó petrificada, sin saber qué hacer, no tanto por la sorpresa del hecho, sino porque parte de ella no quería que aquello terminara.

- Hee, mi amor!! – Exclamó él.
- Y... Yll, qué te pasa? – dijo ella aun perpleja.
- Lo siento, no me alejaré más de ti, te lo prometo.
- De qué hablas, Yll? Ya me estás asustando.
- Disculpa – dijo él separándose de ella-, me dejé llevar por un impulso loco... No debí.
- No, tranquilo. Sólo que no entiendo a qué vino todo eso.
- Después te lo explicaré, ahora vamos, quiero salir de acá – dijo él, tomándola de la mano.
- Bien, pero deja cerrar la casa. Espérame acá – dijo ella.

Ella se fue a cerrar las puertas y ventanas de su casa, extrañada por la actitud de su amigo. Sin embargo, en su interior estaba comenzando un debate entre sus propios sentimientos y su razón, ya que no le desagradaba el tema del beso, y de hecho sentía cosas por él desde hacía mucho tiempo, pero la realidad es que hasta ahora nunca habían sido más que amigos, y no entendía el porqué de aquella reacción. Pero le agradaba la idea de salir, en especial un domingo en la mañana con él, pero mayoritariamente para ver qué iba a explicarle él por lo que había hecho. Terminó de cerrar y salió a la reja, donde él ,a esperaba claramente impaciente. Cerró la puerta y comenzaron a caminar en silencio.
Él sólo sentía alegría de estar con ella, y mientras caminaban le tomó cariñosamente la mano. Ella lo miró y sonrió, y no le apartó la mano. No conversaron mucho por el camino, pero qué más daba? Ya habría tiempo de conversar. Además él debía primero ordenar las cosas en su cabeza, como para contar aquel sueño, o aventura increíble en sueños, que no se iba de su mente. Sin embargo, estaba disfrutando de su compañía, de la compañía de quien amaba o soñó amar, y eso bastaba.
Se alejaron caminando tomados de las manos, por aquella calle de frondosos árboles que proporcionaban sombra y frescura a aquel ya caluroso domingo de primavera, hacia un incierto pero diferente futuro.

Epílogo

Dos hombres estaban en un bar restaurant en una noche cualquiera, sentados frente a frente. Uno de ellos, llevándose el vaso a la boca antes de beber dijo:

- Y por qué me has contado todas éstas cosas? Qué tengo yo que ver? Y por cierto, por qué me buscaste?
- Tienes mucho que ver, aunque de forma indirecta. Te lo conté porque necesitaba que entendieras – respondió el otro, agitando un poco su vaso revolviendo su contenido.
- Entender qué? Sólo he escuchado una historia estúpida de un tipo que soñó no se qué mierdas.
- No pusiste atención.
- Claro, puse bastante atención. Aparte de mirarle el culo a la camarera, escuché tu falsa historia de un tipo que probablemente se drogó y soñó que tenía una mujer y que esa mujer moría en un accidente y que...
- Tú conducías – interrumpió el otro.
- Qué? Yo qué?... Por favor, que tu o tu historia sean cosas dignas de un psicólogo no significa que me metas a mi en esto.
- Tú conducías, tú la mataste. Tus datos de dónde crees que los saqué para ubicarte?
- Estás demente! – dijo y se puso de pie para retirarse.
- Tranquilo, siéntate. Siendo honesto, te busqué para de alguna forma ajusticiarte, no sé. Pero mientras te contaba la historia, me daba cuenta de lo estúpida que era la idea, pues técnicamente no has hecho nada. Aunque en algún lugar de mi ser siento odio por ti.
- Realmente estás loco, hazte ver.
- Ve en paz, sólo quería que supieras una historia, y el motivo por el cual aunque quisiera anteriormente, no hice nada en tu contra. Y una cosas más, maneja con cuidado bajo la lluvia.
- Ni se quién eres, no me des consejos, estás enfermo! – dijo el hombre y se puso de pie, retirándose del local.

El otro personaje se quedó en silencio unos momentos, y se bebió lo que quedaba de su vaso con tranquilidad. Pagó la cuenta y se puso de pie para salir. De pronto miró hacia un extremo de aquel local, y se encontró con la mirada de una chica de negras vestimentas y alborotado cabello negro, de piel algo pálida, en una de las mesas. Extrañamente le pareció familiar, como si antes la hubiese visto, pero estaba seguro que no la conocía. Ella le hizo un guiño con el ojo, como si aprobara lo que había hecho, más que si le estuviera coqueteando, al tiempo que bebía del contenido de su taza. Él sólo le correspondió la sonrisa y abandonó aquel lugar, sientiendo un tremendo alivio en su interior.

FIN.

REK.

lunes, 20 de febrero de 2012

En los Pantanos de la Realidad

III
Reestructuración

Por algún tiempo las cosas estuvieron tranquilas entre ambos. Sin embargo, su auto impuesto alejamiento de contacto humano externo comenzó a poner los ánimos un poco irritables. No bastaba con quererse o amarse y sólo compartir con la persona que quieres, sino que de una u otra forma también había que convivir con el resto de la humanidad.
Eran los finales del otoño, la estación preferida de ambos, donde salían a caminar pisoteando las hojas secas que habían caído de aquellos añosos árboles gigantescos de los parques, y aunque los parques los esperaban, no salían mucho como quisieran. Eso la tenía bastante inquieta a ella, sobretodo por ser una persona muy sociable y extrañaba a sus amigos, a quienes rara vez veía y siempre en tiempos cortos, y con el peso de esconderlo a él, ya que nadie debía saber que existía, si es que esa era la palabra. Él por su parte, aunque amaba los momentos junto a ella, en su fuero interno extrañaba también compartir con sus amigos, pero los de su mundo, no los que ahora existían, y también su familia que en éste mundo eran unos completos extraños, y a quienes no iba a asustar apareciendo de la nada como si su hijo hubiese vuelto a la vida milagrosamente.
Estaban cenando una noche de aquel otoño, cuando ella rompió el silencio mirándolo a los ojos:

- Necesitamos relacionarnos, Yll. Soy feliz contigo, no lo dudes, pero esta soledad me está matando. Se que veo a mi familia cuando voy a casa, que a veces veo a mis amigos, pero siempre debo hacerlo sola, me entiendes?

Él guardó silencio unos segundos, comprendía lo que ella decía, pero no quería responder cosas a la rápida.

- Sí, te comprendo, Hee. Y de hecho yo también quisiera compartir con más gente, no porque no quiera estar contigo, sino porque es verdad que somos individuos de una sociedad y cuesta mucho aislarse de ella. Hemos hecho a un lado realidades o verdades por estar juntos, y aunque me encanta tu compañía y lo que tenemos juntos, esas verdades nos afectan interiormente, supongo que más a mi que a ti, ya que si tu extrañas a tus amigos, puedes imaginar como yo extraño a mi familia.

Ella lo entendía perfectamente, pero no quiso responder para que él no lo tomara como reproche o como inicio de una discusión. Comió un poco más, bebió jugo, y entonces respondió.

- Lo se, Yll. Comprendo lo que me dices. Pero qué hacemos? No podemos volver las cosas a su normalidad, y francamente es algo que no quiero que pase.
- Quizás ya no pasó, quizás ésta es la realidad que debemos vivir, que yo debo vivir, y punto.
- Ojalá fuera así.
- Ahora es así, hoy es así.
- Tienes razón, disculpa mis tonteras.
- No son tonteras - dijo él tomándole la mano -. Comprendo tu preocupación, pero ten en cuenta que eres tu misma la que ha evitado encuentros, porque habría que dar explicaciones que ni siquiera tenemos.
- Sí, lo se. Y aún creo que así es mejor. Lo siento...
- Tranquila, no te angusties. Comamos, y saldremos un rato, te parece?

Ella asintió con una sonrisa, y siguieron comiendo, aunque seguía pensando en que aquella "soledad" tarde o temprano iba a pasarles la cuenta.
Por la noche salieron a caminar como lo habían acordado. Corría algo de viento, lo que ayudaba a que el clima fuera agradable y a que más hojas cayeran de los árboles, llenando los caminos de los parques de aquellas hojas color marrón, convirtiéndolas en improvisados caminos alfombrados y sonoros a las pisadas. Iban silenciosos, no tenían muchos ánimos de conversar, aunque hubieran miles de temas para hacerlo. Caminaron lentamente tomados de la mano como gesto de cariño y también de comunicación en aquella noche silenciosa, hasta que volvieron a casa, para dormir abrazados sin decirse nada excepto el buenas noches. Pese a no conversar, el silencio y el viento los hicieron sentirse mucho mejor, analizando las cosas cada uno en su cabeza, y sintiendo también la compañía del otro, que apaciguaba siempre cualquier problema.
Un día, decidieron confiar en alguien y revelar el secreto. Ella había siempre contado que tenía pareja, que incluso vivía con él, pero nunca lo presentó a nadie, ni dejó que alguien fuera a su casa desde que él estaba allí. Sus amigos, especialmente sus amigas, como buenas mujeres, querían conocerlo, ver qué tal era, incluso dar su opinión sobre aquel misterioso hombre que le había devuelto la sonrisa perdida hacía muchos años.
No sería un proceso fácil, y debían seleccionar con mucho cuidado a la persona digna de aquel secreto. Él propuso que sólo fuera una persona amiga de ella, no de él antes de su muerte, a lo que ella estaba de acuerdo, puesto que habría mucho más que explicar aún. Ella decidió contárselo a un hombre, pues las mujeres por su naturaleza son más propensas a contarlo todo y están imposibilitadas mentalmente de guardar un secreto. Además había un hombre a quien había conocido hacía unos dos años, mucho después de la muerte de él, hacía cinco. Preparó el camino por semanas, intentando tener todos los detalles de las posibles reacciones que pudiera llegar a tener, puesto que pese a ser amigo relativamente nuevo, todos conocían que su tristeza estaba íntimamente ligada a aquel hombre bajo tierra. Él la ayudó a buscar la mejor estrategia y la mejor opción, ya que tampoco quería provocar un colapso universal intentando explicar algo que no podía, no sólo a una, sino quizás a muchas personas, y que probablemente nunca le iban a creer nada.
Finalmente se decidieron por éste amigo de ella, quien sería el receptor de un secreto que guardaron por mucho tiempo, y que ellos mismos muchas veces ni siquiera recordaban, o preferían pasar por alto. Esperaban que la estrategia funcionara, y al menos por un tiempo siguiera siendo algo privado, ya que posteriormente, especialmente después de los resultados de ésta especie de experimento, pensaban extenderlo a más gente, para por fin terminar de relacionarse con más gente.
Corrían las primeras semanas del invierno, el frío se apoderaba de la ciudad y la gente se incomodaba con tanta ropa encima, cuando decidieron poner en marcha su plan. Ella iba a juntarse con éste amigo en particular, mientras él iba a comprar algunas cosas al negocio cercano. Comenzó a chispear cuando ella salió, y mientras él la miraba alejarse por la calle en dirección contraria, tuvo una sensación extraña en su interior, pero no supo definirla ni explicarla, pero prefirió olvidarla y proseguir caminando a comprar. Ella miró al cielo encapotado e hizo un mohín de desaprobación. La lluvia que se avecinaba no era una buena señal como para el delicado y complicado paso que estaban dando. Apresuró el paso y se perdió entre las calles y la gente que por aquellas horas andaba por allí.
Él pese a estar de acuerdo con la idea que iban a llevar a cabo, la verdad en su interior no le preocupaba mucho. Su mundo y su vida no los podría recuperar, no los tenía en ese momento, por lo que ahora hoy por hoy era una especie de vida prestada, entonces no le importaba conocer o compartir con más personas, excepto con ella. En su vida real, si así podía llamarla, su relación con ella había sido más ambigua, nunca se había convertido en una relación de pareja quizás por falta de tiempo o por falta de decisión. Los sentimientos estaban, eso lo sabía, pero nunca pasaron más allá. Eso nunca se lo había dicho a ella, la ella actual, y tampoco nunca le había preguntado si con él, él de éste mundo, había pasado algo más. Sabía que ella siempre recordaba con gran cariño lo que habían vivido, que durante cinco años lo recordó y lloró su muerte, pero nunca preguntó si era como amigos o como algo más. Ahora vivía en un mundo extraño en el cual se estaba acostumbrando, y sin duda su mayor ancla y su mayor apoyo, especialmente para su mente perturbada por los recuerdos de una vida lejana y sin existencia real en este momento, era ella.
Ella por su parte deseaba seguir con él, seguir esa relación truncada hacía cinco años, pero también quería recuperar la vida que llevaba antes de que él apareciera y volviera a brillar en su vida. Extrañaba las fiestas con sus amigas, compartir con los amigos, y también la soledad de una noche de luna, o la compañía placentera de su familia, como cuando era niña. Amaba su vida junto a él, pero quería recuperar también en parte su vida de soltera, y no por querer estar sola, sino más bien por compartir con el resto del mundo. Ella sabía que su vida actual era un milagro inexplicable, un sueño del que en cualquier mañana podría despertar y ya no tenerlo, cuando él recuperara su vida normal, y ella volviera a llorarlo por segunda vez. Pero prefería eso, prefería tenerlo al menos ahora, que no tenerlo nunca más. Y mientras ese milagro siguiera, quería que fuera lo más normal dentro de lo que se podía. Por eso se había decidido a poner en ejecución el primer paso del plan, y por ello se dirigía por las calles caminando con prisa, evitando mojarse con el chispeo incesante que anunciaba que la lluvia se dejaría caer con fuerza en unos minutos más.
Faltaban pocas cuadras para llegar al lugar del encuentro, la lluvia comenzaba a caer más fuerte, e incluso corría algo de viento. Llegó a una esquina, y esperó el turno para cruzar la mojada calle. Los vehículos pasaban raudos dejando estelas de agua que llegaban a las orillas de las veredas, incluso algunos pasaban cerca de las aceras levantando agua de las posas que se formaban, mojando a más de algún transeúnte desprevenido. Llegó el momento de cruzar la calle, y ella avanzó unos pasos, pero en ese instante todo cambió para siempre. Sólo sintió el chirrido de los neumáticos arrastrándose por el pavimento mojado, sin tener agarre para frenar, y miró hacia su derecha cuando el vehículo ya estaba casi encima sin posibilidades de esquivarlo de ninguna manera. El golpe fue brutal y tremendo, debido a la velocidad con la que venía el vehículo y con la imposibilidad de frenar con la calle mojada. Ella fue lanzada a varios metros del lugar del impacto, cayendo secamente al duro pavimento, quedando en extremo mal herida. Sólo el impacto con el vehículo le había roto varios huesos, y la caída a la calle sólo agravó el problema dándose de lleno en la cabeza, y rompiendo uno de sus brazos con una terrible fractura expuesta. El vehículo siguió su loca travesía y sin control terminó estrellándose en uno de los árboles cercanos, destrozando todo el frente del motor, y dejando a su inexperto conductor enterrado en el volante, con varias lesiones. Las personas que caminaban por allí soltaron gritos de angustia y de asombro, y unos pocos corrieron a ver a la joven que yacía en el suelo, sangrando y con claras muestras de contusiones externas e internas. Otros tantos fueron a ver al conductor aún encerrado en su vehículo. Se llamaron a los servicios de emergencia, mientras se acumulaba la muchedumbre a ver qué había pasado. Uno de los cercanos la cubrió a ella con su chaqueta, hablándole de vez en cuando para que reaccionara, pero no había respuesta. Temiendo lo peor, se decidió a acercar su oído al pecho de la joven, sintiendo aún unos leves latidos y una dificultosa respiración entrecortada. Se asombró, estaba aún con vida!
Llegaron los servicios de rescate y emergencias, y después de mucho examinar y de conversar, subieron delicadamente a la joven al vehículo de emergencia para trasladarla a un centro médico cercano. Estaba viva, pero probablemente no duraría mucho en esas condiciones, pues realmente estaba muy mal herida. Otros asistentes habían sacado al conductor del vehículo accidentado, y también lo llevaron a un centro asistencial, aunque iba en muchas mejores condiciones que ella.
Por el camino al centro médico, ella cobró la conciencia unos minutos, y preguntó qué pasaba en un balbuceo que sólo los médicos son capaces de entender. Le respondieron que tuvo un accidente, pero que ya se dirigía para ser atendida, más de lo que ya era en el vehículo de emergencia.

- Yll... Yll... Dígan.. Díganle que lo amo... Que me .... perdone..
- No hable, señorita – le replicó uno de los asistentes.
- Lo.. Lo siento...

Pese a las infructuosos intentos de mantenerla con vida, los médicos no pudieron conseguir que se mantuviera consciente durante el trayecto, y al mencionar a su amor, se le extinguió la vida como se extingue una flama bajo aquella lluvia.
Días después, en el mismo cementerio donde él estaba enterrado, fue el funeral de ella. Una ceremonia triste y silenciosa, con una copiosa lluvia cayendo desde el cielo, como lágrimas eternas por aquella injusta muerte. Su familia había hecho todos los trámites para que su última morada quedara junto a la de la persona que ella tanto amó y tanto extrañó, por lo que al lado del foso donde se realizaba el funeral, estaba la lápida de aquel hombre, como muda testigo de las tristes circunstancias de la vida.
La gente ya se retiraba, cabizbaja y en silencio, cuando él se acercó al lugar donde ella había sido dejada para su descanso eterno. Se había mantenido aislado de los demás, nadie lo conocía, y no iba a aparecerse justo en aquel momento con frases que no tendrían sentido para los demás. Prefirió hacerlo en solitario, y en silencio lloró a la persona que lo había ayudado tanto, con quien había tenido una vida, dentro de lo falsa que era esta vida que ahora tenía. Sentía mucho dolor, y un inmenso vacío. Miró al lado y vio la tumba con su nombre, y al menos le reconfortó que ella estuviera junto a quien siempre amó, aunque fuera en la muerte.
Se alejó del lugar, cayéndole la lluvia por el pelo y el rostro, confundiéndose las gotas con sus lágrimas, y emprendió el regreso a la casa de ella, sin saber bien qué iba a hacer de ahora en adelante. Aunque en su corazón, aparte de dolor, había odio y resentimiento, por aquel individuo irresponsable que había causado tal pérdida, pero se guardaba ese odio para después, porque como había sobrevivido al accidente, iba posteriormente a buscarlo y ajustar cuentas él mismo si era necesario.
Saliendo del camino donde estaba su tumba, y ahora su amada, miró por última vez a lo lejos aquel sector, y entre la lluvia y la bruma le pareció ver a alguien, una delgada figura sombría, pero seguramente se trataba de alguien del campo sepulcral que iba a realizar detalles posteriores para el cierre del foso y la instalación de la lápida. Se volteó y caminó bajo la lluvia, hundido en sus recuerdos y culpando al destino de tan cruel jugada.

REK.

jueves, 16 de febrero de 2012

En los Pantanos de la Realidad

II
Reconexión

Durante el regreso a casa de ella, ninguno de los dos habló nada. Ella se sentía triste porque no sabía cómo ayudarlo, y él se sentía apesadumbrado por lo que había visto. Fueron a aquella plaza a tomar un descanso, mientras él ordenaba sus ideas en la cabeza.
Estuvieron así por mucho rato, ella ya comenzaba a inquietarse al verlo mirar hacia un punto fijo aunque realmente no viera nada en específico. Tenía tantas preguntas, tantas cosas que quería saber, pero comprendía que el silencio quizás era la mejor ayuda para él.
Él mientras tanto, se daba cuenta de que era imposible obtener ayuda de ella, ya que técnicamente y literalmente no era la misma "ella" que conoció y compartió, ya que por aquella jugada casi macabra del destino o el tiempo o vaya a saber quién, no era su mismo mundo ni nada era igual.
Era compleja la situación, aparte de extraña sin duda, por lo que requería tiempo y paciencia, algo que justamente ambos estaban a punto de terminar, ya que ansiaban entender bien las cosas y los porqués.
Finalmente cuando ya había pasado casi una hora, ella sonrió y lo tomó de la mano y le dijo que lo invitaba un helado, a lo que él respondió sonriendo que si. Caminaron hasta la gelatería cercana a la plaza, y pidieron sus helados y comenzaron a caminar lentamente por el rededor de la plaza, mientras conversaban.

- Ordené los hechos tal cual me ocurrieron, pero no logro obtener ningún indicio de lo que pasa.
- Quizás falte un detalle - dijo ella
- Hee, pese a que claramente no eres la misma Hee que yo conocí, agradezco tu ayuda, y agradezco que de la nada me recibas en tu casa.
- Oh vamos, Yll. No digas esas bobadas. No seré yo la misma para ti, pero para mi es un sueño hermoso el poder compartir con alguien que enterré hace 5 años atrás.
- Ese "alguien" sigue enterrado en esa tumba - dijo él, con pesar.
- Sí, lo sé. Lo acabamos de ver. Pero también te veo a ti, caminando a mi lado, compartiendo un helado, y me dice que los milagros si existen - dijo sonriendo.

Él se quedó parado, mirando como ella caminaba casi saltando. Y si ella tenía razón? Y si de verdad el milagro era ese, ser la oportunidad de ser él mismo, en un mundo donde debía estar muerto, para darle alegría a ella? Si llegaba a ser así, sólo importaba eso y nada más. Aún así, quería entender qué pasaba, y quizás también recuperar su vida.
Pasaron los días, y ambos ya tomaban con cierta naturalidad las cosas, sin complicarse tanto y sin quebrarse la cabeza buscando pistas o soluciones. Incluso habían días donde ni siquiera se acordaban del problema, y convivían diariamente como si así lo hubiesen hecho toda la vida. Sin embargo, estaban siempre solos, nunca se hacían acompañar, ya que tendrían que dar muchas explicaciones a quienes quizás recordaran cómo era él y cómo podría ser hoy en día. Y lo peor, es que eran explicaciones que no tenían, por lo que decidieron vivir aquellos días en solitario, dándose compañía y compartiendo. Por las noches, cada uno en una habitación abrazando a la soledad, volvían los recuerdos, las memorias, las vivencias, no sólo de las vidas "pasadas", sino de la actual, en la compañía del otro. Esto los reconfortaba y los alegraba, sin duda, pero aunque le restaran importancia, siempre estaba la incertidumbre de parte de ambos, con un sentimiento de vivir vidas prestadas por un corto tiempo, y que quizás a la mañana siguiente despertarían cada cual en su casa después de un sueño extraño pero con un gran matiz de felicidad.
Una mañana, él despertó sobresaltado. Había tenido un sueño diferente a los de siempre, un sueño que lo había sentido muy real, aunque siguiera siendo un sueño. Se enderezó en la cama tratando de agarrar de su memoria los máximos detalles de aquel sueño, pero con el sobresalto con que despertó, se le iban rápidamente los recuerdos a la tierra de los sueños olvidados. Ella lo había sentido despertar abruptamente desde su habitación, y fue a ver qué le pasaba, pese a que él no emitió ningún grito ni nada parecido, sino que era como que su subconsciente le indicó que algo pasaba. Llegó a la habitación contigua, y allí lo encontró sentado en la cama con las manos en la cabeza, con actitud pensativa.

- Qué pasa, Yll? Pesadillas?
- Eh? No - respondió él, sorprendido de verla ahí, ya que ni siquiera la sintió entrar.
- Entonces? Te sientes mal?
- No. No fue una pesadilla. Fue un sueño, nada más. Pero tenía algo diferente.
- Diferente? - preguntó ella
- Si, Hee. Real, se sentía real. Sé que era un sueño, lo tengo claro, estoy despierto. Pero no puedo recordar qué era.
- Bueno, sólo fue un sueño, no te preocupes.
- Había algo importante en aquel sueño, Hee. Pero no puedo recordar qué.
- Uhm, quizás lo recuerdes con el día. No tortures más tu mente. No más de lo que ya lo haces siempre, al menos - le dijo sonriendo un poco.
- "Los símbolos tienen poder. Es lo más importante de todo el universo"
- Qué?
- Eso recuerdo. Lo único que he podido recordar.
- Era un sueño, Yll. Vamos - dijo poniéndose de pie. - Vamos a desayunar, luego te bañas y despejas tu mente, olvídate de tu sueño por ahora.
- Pero y si es algo importante? - replicó él.
- Lo sabrás después, no ahora. Menos sin comer.

Ella se puso de pie y fue a la cocina a preparar algo para desayunar. Él se quedó un rato pensando, y luego tomó un lápiz y un papel y escribió aquellas palabras que había recordado, antes que el correr del día se las llevara de su mente. Se puso más ropa, y fue a la cocina a ayudarla con el desayuno, aún dando vueltas a aquellas palabras. "Los símbolos tienen poder. Es lo más importante de todo el universo", qué podía significar eso? Sabía que habían más palabras en ese sueño, más hechos, más cosas, pero sólo pudo recordar esas, y no le daban muchas espectativas de entender qué significaban.
Mientras desayunaban, intentó pensar en otra cosa, más por ella que por él, ya que no quería que se preocupara de más. Además estaba pensando en que ella quizás no quería que él descubriera nada importante, quizás con la idea de no terminar ésta "vida" que estaban llevando juntos. Mal que mal, "él" había estado muerto por 5 años, y ella ya había declarado como un milagro que pudiera estar junto a él, aunque no fuera él en realidad. Pensó en preguntarle mientras comían, pero prefirió no hacerlo. Total, era mejor disfrutar las cosas como estaban, no?
Por la tarde salieron a pasear a un jardín botánico que estaba cerca de donde vivían. Un lugar donde se respiraba tranquilidad y el silencio sólo era roto por el silbido de las aves que lo visitaban y que vivían ahí, y el leve murmullo de las personas que caminaban por sus sinuosos senderos de gravilla. Las piedrecillas crujían bajo sus pisadas, y el sol iluminaba y calentaba sus rostros juveniles. Conversaban de sus historias, de sus vidas, de lo que habían hecho, de lo que no hicieron, de sus nuevas historias en aquellos días que llevaban juntos, de lo que compartían, etc. Llegaron a una laguna dentro del jardín, con puentecitos de madera que la comunicaban con otros extremos del jardín. Ella se acercó a la orilla y se recostó en el pasto mirando hacia el cielo. Él se quedó de pie, mirando el agua moverse suavemente por el efecto del viento. Ella lo miró y le hizo señas con la mano de que se recostara junto a ella, a lo que él accedió sonriendo y juntó su cuerpo con el de ella mirando hacia el cielo. Se quedaron en silencio bastante rato, disfrutando de aquellos sonidos de los pájaros, del susurro del viento, y de la sensación de estar solos en el universo.

- No quiero que se termine - dijo ella de pronto.
- Mmm? - se limitó a murmurar él, tomado por sorpresa y fingiendo no saber a qué se refería.
- Yll, hemos vivido días maravillosos. Sé que no eres "él", pese a que si lo eres. Hemos obviado esas cosas, yo misma he pasado por alto el gran detalle de que sé las cosas como son, para que tengamos éstos días maravillosos, porque así lo he querido, y por ende no quiero que terminen. Te dije que para mi es un milagro poder compartir contigo, es como una segunda oportunidad que la vida nunca da, y fui tan afortunada en recibirlo, que aunque me pregunte "por qué yo?", prefiero no saberlo con la condición de seguir contigo.

Él se quedó callado, la verdad no sabía qué decir. Aunque lo hubiera pensado así en estos días, no tuvo las palabras para interrumpirla en algo o para decirle algo específico. Prefirió entonces guardar silencio por un rato, hasta que por fin habló.

- Hee, no voy a dejarte. La situación sabemos que es extraña, nos hemos hecho los tontos es cierto, pero sabemos que no es "natural" y que quizás en cualquier momento se revierta. Aún así, estoy feliz de compartir contigo, de tu apoyo y de tu ayuda.
- No es un favor.
- No lo tomo como tal, sólo hacía el alcance. Dije que estaba feliz de estar contigo.
- Me besas?

Y sin pensarlo, él la besó.
Se abrazaron tiernamente ahí en el pasto, y se tomaron de las manos y siguieron viendo al cielo, sin decir más palabras. Al rato se levantaron y siguieron caminando y conversando por aquel jardín, tomados de las manos alegremente.
En la noche, luego de haber comido algo y de haber visto televisión, se dispusieron a ir a dormir. Él se dirigió a su habitación como todas las noches, pero ella lo interrumpió. Lo miró a los ojos, y le susurró que la acompañara, que después de tanto tiempo, no quería dormir sola. Y no lo hizo, ya que él la besó y fue a dormir con ella. Y después de hacer el amor por primera vez, se durmieron abrazados como nunca lo habían hecho, reconfortándose uno al otro hasta la mañana siguiente, sin importarles ninguna historia de fantasía ni de ciencia ficción ni religiosa.
La mañana siguiente él despertó primero. Se sobresaltó y miró a su lado, y respiró tranquilo por primera vez en mucho tiempo. Ella aún estaba ahí a su lado. No se había acabado el "sueño" o "milagro" que lo había llevado a ese instante sublime. Le besó tiernamente la espalda, a lo que ella correspondió una coqueta sonrisa, luego la abrazó y siguieron así un buen rato durante aquella brillante mañana.
Los días siguieron pasado rápidamente, y su relación se fue consolidando con ellos. Y aunque ambos hacían la vista gorda de la realidad (aunque quebrantada), intentaban ser felices con lo que la vida les daba. Disfrutaban de las mañanas silenciosas, de las tardes bulliciosas, salían a caminar por los parques, iban al cine a ver películas, compartían un helado o un café, o simplemente se paraban en el jardín de la casa de ella a contemplar el cielo, o las estrellas cuando era de noche. Si su vida era esa, por qué preocuparse de una que ya no era?
A pesar de todo, él extrañaba su vida real (difícil le era llamarla así, ya que su actual condición era bastante real también), pero no se lo decía a ella ni lo hacía notar. De vez en cuando, especialmente en los pocos momentos de soledad que se permitía, recordaba su familia, sus amigos, hasta al viejo cascarrabias del negocio de la esquina. Nunca fue muy apegado a la familia, pero de igual forma extrañaba un poco eso, la compañía de más personas que no fueran solamente ella, y se sentía mal por pensar así, ya que hoy por hoy, ella lo era todo para él, y de una forma bastante literal.
A veces, en aquellos minutos en que observaba las estrellas por la noche, recordaba aquellas palabras que siempre traía en sus documentos, aquel papel que escribió luego de ese sueño tan real, y pensaba tratando de sacarles algún significado, pero nunca lo lograba. No necesitaba el papel, su cerebro ya las había memorizado: "Los símbolos tienen poder. Es lo más importante de todo el universo".

REK.